Premio Nacional de Protección Nacional

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Foto: Twitter

Pasada la primera cuarta parte del sexenio, el atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, cerró una semana que también mostró las dificultades del movimiento político llamado Morena para contender con la inevitable frustración que genera el ejercicio del poder.

El tuit de John Ackerman condenando el hecho resumió el extravío que un sector del partido gobernante padece ante las limitaciones de la realidad.

“Este video demuestra que el ataque contra @OHarfuch fue una acción coordinada del crimen organizado en contra del gobierno de @Claudiashein y la #4T. Los sicarios del narco son la contracara del sicariato mediático. Buscan desestabilizar a toda costa”, escribió el académico, esposo de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, y uno de los principales intelectuales del movimiento morenista.

De esa manera, Ackerman hizo referencia a su pleito contra el periodista Carlos Loret de Mola por la investigación de las propiedades de la pareja y que, en señal de solidaridad, hace una semana fue rechazada por varios funcionarios e integrantes del gabinete.

Esa errática cargada para impugnar la tarea de un medio que osó revisar los bienes de una secretaria de Estado mostró la frustración de una clase política que ha decidido buscar culpables antes de aprender que la sociedad que gobierna es plural, crítica y demandante.

Porque aun cuando desde el discurso oficial se declare que el dominio de la pandemia ha sido un éxito, ésta desnudó la vulnerabilidad estructural e histórica del Estado.

Se trata de una debilidad presupuestal, económica y del sistema de salud que la emergencia sanitaria vino a subrayar, confirmando que los cambios políticos no dependen únicamente de la voluntad del Presidente de la República, así sea el más votado y querido del México moderno.

Es la dura realidad del ejercicio de gobernar que siempre desgasta y que los protagonistas de la llamada Cuarta Transformación deberán asimilar, en la antesala de las elecciones intermedias que en 2021 renovarán 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados.

Una realidad que profundizó la pelea interna de Morena entre quienes aceptan la complejidad de la vida democrática y aquellos que pretenden ignorarla bajo la retórica de la polarización y que John Ackerman decidió recrear, enfrentando públicamente a Ricardo Monreal, jefe de la bancada de ese partido en el Senado, luego de la difusión de su entrevista con Carlos Loret.

En Twitter, el esposo de la secretaria Sandoval criticó que el legislador tuviera interlocución con el balconeador periodista y llamó a los senadores morenistas a destituirlo.

El grito de guerra de Ackerman fue entendido en la Cámara alta como un precoz y desesperado arranque de la competencia electoral hacia 2024, ignorando que nada está garantizado para el 2021 ni para un eventual pase automático sexenal.

Y a juzgar por la crónica que en estas páginas nos compartió Leticia Robles de la Rosa, el desafío de Ackerman le salió caro al sector radical de la autoproclamada Cuarta Transformación porque públicamente nadie le hizo segunda en la intentona golpista. Ni siquiera el grupo liderado por Martí Batres que suma a los senadores Citlalli Hernández, Jesusa Rodríguez y Napoleón Gómez Urrutia, entre una decena.

Por el contrario, hasta ayer, 46 de los 60 integrantes de la bancada morenista habían cerrado filas con Monreal mediante diversas manifestaciones de apoyo, evidenciado la desventajosa correlación de fuerzas para los radicales que aún no digieren los límites de la democracia constitucional, esa en la que el zacatecano ha logrado una relación constructiva con la oposición, no exenta de penosos episodios como el relevo de la CNDH.

“Qué le debe López Obrador a Monreal”, suelen preguntarse con la ingenuidad del voluntarismo quienes tenían la ilusión de prescindir de la política y de los políticos después del avasallante triunfo del Presidente con 30 millones de votos.

Es cierto que el discurso cotidiano de Palacio Nacional es más afín a los tuits de Ackerman que a las declaraciones del coordinador parlamentario en defensa de su interlocución con periodistas y opositores de todos los signos.

Por eso el reclamo del académico –integrante del Comité Técnico de Evaluación de los cuatro futuros consejeros del INE en la Cámara de Diputados– en contra del principal operador del gobierno en el Congreso resume el conflicto de fondo que carga la autoproclamada Cuarta Transformación: por ahora, y quizá cada vez más, el Presidente va necesitar de la política y de los políticos.

Porque en medio de bots, propaganda y tuitazos golpistas, la democracia constitucional respira.

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