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Foto: Getty Images

Al presidente Andrés Manuel López Obrador le gusta presumir el incremento del dinero que los trabajadores migrantes envían a sus familias.

Efectivamente, las remesas han tenido un crecimiento espectacular, pese a la pandemia. Ésta provocó una ralentización en la economía estadunidense y mayores restricciones para cruzar la frontera, lo cual hizo prever que el flujo de recursos disminuiría, aunque sucedió todo lo contrario. En marzo y abril, las remesas se incrementaron en 35.1 y 39.1 por ciento, respectivamente, en comparación con el mismo mes del año anterior, rebasando, en ambos casos, los cuatro mil millones de dólares. Sin embargo, dicho crecimiento —no visto desde 2003— debiera ser tomado con cautela. Y no solamente porque las remesas son un reflejo de la debilidad de la economía mexicana, incapaz de crear suficientes empleos bien pagados en México, sino porque el dinero que ganan los migrantes se usa, de manera creciente, para pagar los servicios de los polleros que los ayudan a llegar a Estados Unidos.

Juan José Li, economista sénior de BBVA México, reveló que las condiciones creadas por la pandemia han provocado que el costo por cruzar la frontera sin documentos se haya elevado hasta 130% en poco más de dos años, lo cual hace que un migrante deba pagar hasta 10 mil dólares por el servicio. En un reportaje recientemente publicado en el diario Los Angeles Times, se informó que los polleros se han descarado en la búsqueda de su clientela, utilizando para ello anuncios en redes sociales y mensajes de WhatsApp.

De acuerdo con el documento Migración y remesas México 2019, elaborado por Banxico y el Conapo y que se dio a conocer un trimestre antes de la aparición de la pandemia, las tarifas promedio de los polleros por realizar un cruce había subido de 3 mil 267 pesos en 1994, a 86 mil 907 pesos en 2017. De acuerdo con Juan José Li, ese costo llegó hasta los 200 mil pesos por persona, lo cual podría implicar que los migrantes tengan que trabajar hasta dos años sólo para cumplir con el pago. En declaraciones a Forbes y La Jornada, el especialista resaltó que el incremento de las tarifas ha obligado a los trabajadores indocumentados a endeudarse con los polleros, pues, evidentemente, si tuviesen esa cantidad de dinero se quedarían en sus lugares de origen. Al revisar el caso de los migrantes guatemaltecos de Comitancillo, quienes fueron ejecutados el 22 de enero en Tamaulipas, quedó claro que las familias tuvieron que vender propiedades a fin de poder reunir el dinero para pagar el traslado.

Eso seguramente quiere decir que una parte del dinero que está llegando no sirve para proveer de un bienestar inmediato a las familias de los migrantes, sino para cubrir deudas. En el primer trimestre de este año, el número de mexicanos detenidos al intentar cruzar la frontera se incrementó en 125% respecto del mismo periodo de 2020 y 159% en comparación con 2019, al pasar de 56 mil a 83 mil y luego a 147 mil en ese lapso.

Quienes sin duda están festejando más son las cerca de 120 bandas de traficantes de personas que, con las condiciones económicas más difíciles creadas por la pandemia y ante la incapacidad de la autoridad de hacerles frente, están llenándose aún más los bolsillos gracias a la desgracia de quienes no consiguen sustento en sus comunidades y se ven obligadas a perseguir el difuso “sueño americano”.

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