Recomendamos: ¿Querrán a Monreal como adversario?, por Pascal Beltrán del Río

FOTO: CUARTOSCURO.COM

El 24 de agosto de 2017, Morena informó que había realizado su encuesta para escoger a su aspirante a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y que la ganadora había sido Claudia Sheinbaum.

Ricardo Monreal, quien entonces era jefe delegacional en Cuauhtémoc, se inconformó con el resultado y, luego de algunos días de discusión sobre la metodología del ejercicio, el zacatecano tomó distancia de las actividades políticas de Morena.

Guardó silencio durante varias semanas, convencido de que le habían hecho trampa, mientras corrían las especulaciones sobre si aceptaría ser candidato de otro partido.

A principios de noviembre, recibió una invitación de Andrés Manuel López Obrador para alcanzarlo en una gira que el entonces aspirante presidencial realizaba en el estado de Querétaro. Dos días antes, desde Villanueva, Zacatecas, López Obrador había dicho que buscaría al exgobernador.

“Si llamamos a la gente a venir a Morena, con mayor razón no queremos que se vayan los que ya están. Ese es el caso de Ricardo y por eso voy a hablar con él”, afirmó.

—No me necesitas, Andrés –le habría dicho Monreal cuando platicaron en Querétaro. –He visto las encuestas, vas muy adelante. Ganarás sin problema.

—No me puedo arriesgar –le habría respondido el tabasqueño. –Necesito que sigas con nosotros.

Y allí surgió el acuerdo para que Monreal fuera candidato al Senado y se convirtiera, a partir de septiembre de 2018, en el coordinador de la bancada y presidente de la Junta de Coordinación Política.

Durante los siguientes dos años y medio, la relación entre el líder senatorial y el Presidente fluyó sin contratiempos. No era raro que desayunaran juntos en Palacio Nacional. El zacatecano se convirtió en un operador eficaz para sacar adelante las iniciativas presidenciales, pese a que el oficialismo no ha tenido mayoría calificada en la Cámara alta.

Hoy Monreal está de nuevo lejos de López Obrador, como en septiembre y octubre de 2017. Pero esta vez no parece ser por voluntad propia, sino por decisión del Presidente. Hace un año que no se ven y, aunque las razones no están claras, quizá tengan que ver con las acusaciones que se han lanzado contra el senador en el sentido de que ayudó a la oposición a obtener buenos resultados en las elecciones de 2021 en la Ciudad de México. Acusaciones que él ha rechazado.

Claramente, López Obrador ha enviado cualquier cantidad de señales de su disgusto. Entre ellas, evitar mencionarlo como aspirante a la candidatura presidencial del oficialismo para 2024.

El domingo, Monreal no estuvo en el encuentro de las corcholatas presidenciales en Toluca. Él sostiene que no lo invitaron, aunque Mario Delgado, presidente de Morena, me dijo el lunes en Imagen Radio que él sí lo había hecho. En declaraciones posteriores, el senador dijo que lo ocurrido en la capital del Estado de México había constituido actos de promoción personal que rompen con la legalidad y con los estatutos del partido.

Reiteró que la candidatura no debe resolverse por medio de encuestas y que, si así se decide, él no participará porque el resultado es previsible, dando a entender que se haría ganar a Sheinbaum a como diera lugar. Y se extrañó de que el canciller Marcelo Ebrard se preste al juego, pues lo considera “un hombre inteligente en el que no cabe la ingenuidad”.

El lunes, Delgado me reveló que el domingo 26 Morena realizará en Coahuila un acto similar al que se llevó a cabo en el Estado de México. Hay tiempo para invitar debidamente a Monreal y, si es el caso, para que él decida si quiere estar o no.

Si no lo invitan, se entenderá que el zacatecano ya está en la acera opuesta, hacia donde lo han ido empujando de forma cada vez más obvia. Si es así, lo habrán vuelto su adversario. Porque para este gobierno y su partido no existen medias tintas. O se está con ellos –lo cual implica seguir a pie juntillas la línea que se dicta desde Palacio Nacional– o se está en su contra.

Yo me pregunto si eso quieren en el oficialismo: tener a Monreal como adversario, con las cosas que él les sabe y con el daño electoral que les puede ocasionar.

Más información en: Excelsior

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