Recomendamos: Qué manera de legislar…., por Leticia Robles de la Rosa

Foto: Cuartoscuro

Desde hace un par de semanas, entre algunos senadores y diputados federales circula un sticker de un libro abierto con el título: “cómo hacer todo mal”, y se ven las manos y un poco de cabello de quien lo lee.

La imagen se utiliza para describir lo que ocurre en las entrañas del trabajo legislativo del último periodo ordinario de sesiones de la LXIV Legislatura, por la prisa que tiene Morena para sacar rápido las reformas que le interesan al Ejecutivo federal, antes de un posible cambio en la correlación de fuerzas de la Cámara de Diputados que lo lleve a perder la mayoría absoluta.

La inexperiencia legislativa de la mayoría de los integrantes de Morena y de sus aliados políticos ha provocado diversas situaciones inéditas en la forma de legislar, que van desde votaciones en comisiones a mano alzada, que deben ser nominales, hasta introducir en la exposición de motivos de un dictamen la confesión pública de avalar una ley que, se sabe, es inconstitucional.

A mí no me espanta que Morena, fuerza política del Presidente de la República, aplique su mayoría para sacar las reformas que necesita el Ejecutivo federal. Sólo las personas que no conocen el mundo legislativo pueden llamarse a sorpresa. Es natural que el partido del que emanó un Presidente de la República busque concretar las reformas que le permitirán a su gobierno cumplir con sus objetivos.

Me consta que eso hizo el PAN cuando fue primera fuerza política, entre los años 2006 y 2012 y acompañó al presidente Felipe Calderón. Y lo mismo hizo el PRI cuando fue primera fuerza entre los años 2012 y 2018 y fue de la mano del presidente Enrique Peña Nieto.

La diferencia es que ni el PAN ni el PRI tuvieron la mayoría absoluta y eso los obligó a buscar el respaldo de la oposición para concretar sus planes. Tuvieron que ceder, acotar el congelamiento de algunas propuestas o recurrir al Pacto por México, para que el compromiso fuera desde las cúpulas partidistas.

Por lo tanto, no tiene nada de extraño que Morena haga lo mismo, pero como tiene la mayoría absoluta, no sólo ha aplastado a la oposición en la Cámara de Diputados, sino que ha hecho del galimatías una forma constante de legislar ya no sólo en San Lázaro, sino ya también en el Senado.

En la última semana de marzo, en la sesión de las comisiones unidas de Comunicaciones y Transportes y Estudios Legislativos del Senado, Morena inventó que, al existir empate en una votación, el presidente de la comisión empatada tiene “voto de calidad”.

No existe ni en la Constitución ni en la Ley Orgánica ni en el Reglamento del Senado ese “voto de calidad”. Las reglas legislativas son claras: nueva votación y, de prevalecer el empate, se va a Mesa Directiva del pleno.

También hemos atestiguado que se cierran las votaciones, se canta el número de votos y se vuelven a aceptar más votaciones. Hace unos días, también en comisiones, cuando le tocaba votar a una senadora de Morena, la voz de un hombre contestaba: “No puede contestar ella, pero su voto es en favor”. Insólito.

Advertidos por expertos y por los propios legisladores de oposición de la inconstitucionalidad de algunas reformas, los integrantes de Morena ni los ven ni los oyen.

Por eso, la reforma de la industria eléctrica fue frenada judicialmente. Lo mismo le ocurrirá a la de hidrocarburos. Son inconstitucionales.

Además, la reforma para condicionar el uso de la telefonía celular a cambio de entregar los datos biométricos tendrá el mismo camino judicial, pero las y los senadores y diputados federales de Morena y sus aliados políticos se niegan a ver la realidad jurídica. Confunden las alertas de reformas mal hechas con afanes de obstaculizar la Cuarta Transformación.

Y la joya de la corona de los afanes morenistas por apurar reformas, sin importar su solidez jurídica, es la fallida ley de mariguana. La mayoría de Morena en la Cámara la cambió tanto que hizo un Frankenstein legislativo.

A los yerros de Diputados se sumó la decisión del Senado de introducir en el dictamen de esa minuta la confesión expresa de que se trata de una ley inconstitucional y que viola los derechos humanos. Inaudito.

En fin, como lo anticipó Porfirio Muñoz Ledo: “… qué manera de legislar”.

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