El populismo liga al líder con el pueblo en desdoro de la democracia: Krauze

Popuilismo liga al líder con el pueblo en desdoro de la democracia: Krauze
NYTimes

El populismo no se caracteriza por tener una ideología: populista es el presidente Donald Trump y el líder húngaro Viktor Orbán, y también lo fue Hugo Chávez, de izquierda radical; lo que caracteriza básicamente a ese sistema es el fuerte vínculo “entre el líder carismático y el pueblo, por encima de las instituciones, las leyes y las libertades”, aseguró el historiador Enrique Krauze.

Entrevistado por El Universal en relación con la presentación de su libro ‘El pueblo soy yo’, dijo que el populismo es como el liderazgo carismático del que hablaba Max Weber, pero puesto al día; además de que polariza y divide a la sociedad, al buscar enemigos internos y externos; moviliza a la parte de la sociedad con la que se funde e identifica; y “tiene por designio la disolución, muy lenta a veces, de la democracia”.

De ahí el título de su opúsculo; “yo no quise poner la palabra populismo en el libro, es una palabra muy gastada. Se me ocurrió esa frase que además repiten muchos populistas: Una de las características principales de este tipo de liderazgo es que entienden, muchas veces de manera genuina, que encarnan al pueblo y éste a su vez siente que esos líderes lo encarnan a él“.

A pregunta expresa, señaló que un eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 1 de julio, presagiaría un “futuro difícil para nuestra aún imperfecta, pero indispensable democracia. El intelectual admite que en López Obrador hay una “genuina vocación social y oposición a la corrupción”, pero también ve “impulsos religiosos y rasgos autoritarios altamente preocupantes; la tolerancia no es su fuerte”.

Explicó que el populista suele servirse de la democracia, que “es un arreglo político de naturaleza inestable, muy difícil, latoso, rijoso, imperfecto; entonces, la gente no entiende que esa imperfección es lo normal. Si no se le entiende bien, lo natural es que las sociedades digan: ‘Esto es tan complejo que mejor elegimos a una persona que arregle todo’. Puede llegar el líder democráticamente, pero su designio es acabar con ella”, detalló.

Destacó que el citado régimen no se caracteriza por tener una bandera ideológica: “Lo estamos viendo en nuestro tiempo; populista es el presidente Donald Trump y el líder húngaro Viktor Orbán; populista fue Hugo Chávez, de izquierda radical. El populismo es básicamente la liga entre el líder carismático y el pueblo por encima de las instituciones, las leyes y las libertades. Eso es lo que es. El liderazgo carismático del que hablaba Max Weber, puesto al día”.

De Cuba y Venezuela, a los que dedica capítulos de su libro, Krauze señaló que ve a la isla como un sitio de pesadumbre e inmovilidad; “no veo voluntad de cambio con la llegada de Miguel Díaz-Canel. Venezuela está ligada a Cuba. He estudiado el caso venezolano desde 2007. Estoy convencido que haber entregado todo el poder a Hugo Chávez en una especie como de euforia histórica, una fiesta infinita, todo eso terminó en ruinas”.

Los mexicanos no tenemos ni idea de la tragedia, refirió: Venezuela está en ruinas y el responsable tiene nombre y apellido, Hugo Chávez; Nicolás Maduro sólo es el sepulturero. La moraleja es clara. Una cosa es llegar a la Presidencia y otra entregar el poder absoluto a una sola persona. Es algo que hay que prevenir siempre”.

¿Es un mensaje para México? Preguntan al historiador, y él contesta enfático: “Este es justamente el mensaje central de ‘Pueblo soy yo’; cuidado con entregar el poder a un hombre que dice representar él solo al pueblo, que pronuncia tácitamente la fórmula ‘el pueblo soy yo’“.

Asegura que de ganar la elección, “si es que las tendencias se sostienen, como creo que se sostendrán”, López Obrador tendrá todo el derecho para gobernar, pero “debe hacerlo dentro del marco de las instituciones republicanas y las autónomas, las leyes y las libertades”.

Sobre el presidente de Estados Unidos, recordó que “yo advertí lo de Trump desde 2015, artículo tras artículo; me pareció deplorable y un error histórico del presidente Enrique Peña invitarlo a México. Le regaló la imagen de ser presidencial y eso es algo que la historia no le perdonará. Trump es un enemigo de México. Espero que el próximo gobierno entienda que esa idea de ‘lo vamos a hacer entrar en razón’ (…) no la tiene ni el Papa”.

De su ensayo ‘El Mesías tropical’ sobre López Obrador, dijo: “No le cambio ni en los elogios ni con las críticas; algunos lectores han preferido quedarse con el título que consideran denigratorio, cuando no lo es, es un título descriptivo (pero) olvidan los varios puntos a favor que señalé, y que vengo señalando siempre, como su permanente protesta ante la llaga de la corrupción, su indudable y genuina vocación social y preocupación por los más pobres”.

Al mismo tiempo, advierte, “como liberal y demócrata que soy, señalo que el impulso religioso que mueve sus declaraciones y sus actos, así como ciertos rasgos de autoritarismo, son altamente preocupantes. Pueden presagiar un futuro difícil para nuestra democracia. No creo mucho que con los antecedentes políticos a lo largo de muchas décadas de este luchador social, admirable por varios motivos, podamos estar tranquilos los demócratas mexicanos”.

Destacó que entre esos riesgos y falencias, “el respeto a las opiniones de los demás, la capacidad de escuchar, de aceptar errores, de aceptar la crítica; en una palabra, la tolerancia no es su fuerte”.

¿Pero y de su eslogan de amor y paz, su república amorosa? Le preguntan: “Yo preferiría que López Obrador hablara de respeto y de tolerancia, no de amor y paz. La política, y sobre todo la democracia, no es el territorio del amor y la paz. No me gusta ese mensaje transferido a la política. Como dijo Max Weber, quien quiera su salvación que no la busque en la política, sus caminos son mucho menos sublimes”.

Recordó que “tampoco lo consideré un peligro para México, nunca usé esa palabra (…) Espero que el Poder Judicial siga siendo independiente, que en el Congreso se sigan peleando entre sí. Eso es lo mejor porque al poder hay que dividirlo, no hay que integrarlo. Del poder hay que desconfiar siempre y del poder absoluto, absolutamente”.

Agregó que “espero que el Presidente tenga muchas acotaciones y que si López Obrador llega a la Presidencia tenga genuinos diques de contención. ¿México tiene la suficiente solidez institucional para que estemos tranquilos con eso? Por supuesto que no“. Advirtió del riesgo de “una concentración de poder, si no absoluto, sí muy considerable en la figura del Presidente, y que esta concentración del poder sea una regresión al siglo XX, además con un tinte muy marcado redentorista y religioso”.

Sobre la posbilidad de perpetuarse en el poder, dijo que “la veo muy difícil, porque está en el ADN mexicano la no reelección; un hombre que invoca a Francisco I. Madero, quien luchó contra la no reelección, ¿intentará reelegirse él o por interposita persona? Lo veo muy difícil. Espero que las instituciones se vayan perfeccionando y creciendo (…) que sigamos siendo una democracia aún con todas sus imperfecciones e incomodidades. La unanimidad es indeseable, opresiva e imposible. Ojalá no lleguemos al país de la unanimidad.

aml

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