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Foto: Reuters

Desde el primer día de la pandemia un problema de México fue la mala información.

El gobierno decidió no hacer pruebas masivas de contagios, lo cual estableció un déficit de origen en el conocimiento del tamaño de la enfermedad, pues se registraban como infectados solo a quienes tenían contacto hospitalario o médico, con síntomas avanzados.

Por otra parte, el gobierno reportó siempre una cantidad de muertes menor a la que había en las cuentas de la Secretaría de Salud.

Los registros de la secretaría hablan hoy de más de 600 mil “muertes excedentes” desde que empezó la pandemia. Pero los muertos por covid que el gobierno reporta cada día son poco más de 300 mil.

Otra bolsa de malas cifras es la cantidad de vacunas aplicadas y el tamaño de la población vacunada.

La variante ómicron ha puesto estas últimas cifras en el centro de la discusión, porque la variante del virus actual ataca mucho más a los no vacunados que a los vacunados.

Ómicron no es muy letal entre vacunados. Contagia y hospitaliza sobre todo a no vacunados. No sabemos cuál será al final su índice de letalidad. Sabemos por lo pronto que satura los hospitales de los países por donde pasa.

La cantidad de no vacunados en México está distorsionada en las cifras oficiales. Fundamentalmente, porque estas cifras no incluyen a toda la población, sino solo a los mayores de 15 años.

Si tomamos como referencia a todos los mexicanos, que son 129 millones, en México se ha vacunado solo a 64 por ciento de la población. 36 por ciento de los mexicanos no tiene siquiera una vacuna.

De modo que, en México, la población preferida del ómicron, los no vacunados, son algo más de 46 millones de personas.

Ómicron infectó ya al presidente López Obrador. Pero el Presidente está vacunado. Hay 46 millones de sus compatriotas que no. Esos 46 millones son la gran población de riesgo.

No quiere decir que la variante ómicron arrasará con ellos. Quiere decir solo que no están protegidos contra esa variante por, al menos, una vacuna.

Ahora sí que como dice el dicho: por el bien de todos, primero los no vacunados. Pero nadie los atiende.

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