Recomendamos: ¿“Nuevos derechos”? Ni tan nuevos, por Pascal Beltrán del Río

Foto: Gobierno de México

El viernes pasado, en Campeche, el presidente Andrés Manuel López Obrador acusó al neoliberalismo de haber promovido a nivel mundial los “nuevos derechos”, como el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos y la protección de los animales para “poder saquear a sus anchas”.

El mandatario no presentó prueba alguna de sus dichos, aunque es relativamente sencillo rastrear el origen y contexto de la discusión y defensa de esos “nuevos derechos” y concluir que son anteriores a la existencia del llamado neoliberalismo.

En diversas ocasiones, el mandatario ha señalado 1982 como el año en que se inició el periodo neoliberal en nuestro país, haciendo suya la interpretación de José López Portillo de que él fue “el último Presidente de la Revolución”.

Incluso suponiendo que la difusión de esas ideas a nivel mundial comenzó con el otorgamiento del Premio Nobel de Economía al estadunidense Milton Friedman —quien defendió la teoría de la eficiencia del libre mercado—, uno no puede ir más allá de mediados de los años 70. En realidad, los puntos de arranque fueron los triunfos electorales de Margaret Thatcher, en 1979, y Ronald Reagan, en 1980.

El más antiguo de esos “nuevos derechos” mencionados por López Obrador son los derechos humanos. Hay razones para encontrar su origen en Platón y Aristóteles, quienes concibieron la existencia de un derecho natural por encima de la justicia legal o convencional. Esas ideas fueron retomadas en tiempos más modernos por pensadores como Thomas Hobbes, John Locke y Juan Jacobo Rousseau.

Influida por dicha doctrina, la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, que estableció que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Esa Declaración inspiró gran número de textos similares en Europa y América, todos los cuales anteceden al surgimiento del neoliberalismo.

En cuanto al feminismo, es imposible no considerar en sus inicios los movimientos que dieron lugar al voto de las mujeres en Australia y Nueva Zelanda a fines del siglo XIX, mismos que se extendieron al Reino Unido y Estados Unidos, a principios del siglo XX. El libro El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir, dio un impulso definitivo a la lucha de las mujeres por la defensa de sus derechos más allá del sufragio y puso el acento en acabar con la discriminación de género.

Antes de que las ideas de Friedman fueran adoptadas por los gobiernos de diversos países, el movimiento feminista había logrado gran cantidad de conquistas en ámbitos como el laboral y el reproductivo, aunque esa lucha no haya concluido.

El ecologismo tampoco es posterior al surgimiento del llamado neoliberalismo. En plena Revolución Industrial, el Parlamento británico aprobó las Leyes Alkali (entre 1863 y 1906) para prohibir la liberación de gases contaminantes. En 1956, como resultado del Great Smog de 1952 —que mató a unas seis mil personas en Londres—, se aprobó la Ley de Aire Limpio.

Fundamental para el impulso del movimiento ecologista fue el trabajo de la bióloga estadunidense Rachel Carson —y en especial su libro Primavera silenciosa (1962)—, que denunció los efectos devastadores de los pesticidas, como el DDT. Sus investigaciones dieron lugar a la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Friedman ni siquiera había nacido cuando comenzó el movimiento para la protección de los animales. Uno de sus puntos de arranque fue la publicación de la novela La Jungla (1906), del novelista Upton Sinclair, en la que se denunciaban las condiciones laborales en Chicago, pero también el maltrato a las reses en los rastros.

Como se ve, esos “nuevos derechos” no son tan nuevos y no puede decirse que hayan sido inventados por el neoliberalismo para saquear. En México hay luchadores sociales que han muerto por defender muchos de ellos, como la activista sinaloense Norma Corona, cuyo asesinato, en 1990, dio origen a la CNDH.

En todo caso, si el Presidente piensa eso, ¿para qué tiene un área de Derechos Humanos, a cargo de Alejandro Encinas, y acepta una alianza legislativa y electoral con un partido, el Verde, que, al menos en el nombre, se considera ecologista?

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