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Foto: Gobierno de México

Hacía mucho tiempo que el presidente de la República no dejaba sus oficinas para reunirse con los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios.

López Obrador recibió en diversas ocasiones a representantes empresariales en Palacio Nacional, pero simbólicamente, no acudía a reuniones con la cúpula empresarial en otras sedes.

El último registro público de ese encuentro fue del 5 de diciembre de 2019, aproximadamente un año después de haber tomado posesión.

Ayer, año y medio después, se desplazó algunas cuadras y acudió al Museo Kaluz, en la Avenida Hidalgo, para dialogar con este grupo de importantes empresarios del país.

No es casualidad que este encuentro haya ocurrido apenas cuatro días después de las elecciones y un día después de haber anunciado cambios en la Secretaría de Hacienda y en el Banco de México.

Todas las piezas encajan. López Obrador parece –por lo pronto– dispuesto a dar un giro a su gobierno. No sabemos si será solamente de estilo y forma o tendrá profundidad, pero de que hay un cambio, no hay duda.

En ello influyeron varios factores. De entrada, el resultado electoral.

Aunque hubo costos para Morena, no fueron tan altos como los que se temían si se perdía la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Pero, con el balance político actual, el resultado de la próxima elección presidencial es incierto.

Sin embargo, el presidente sabe que, en la perspectiva de 2024, tiene la oportunidad de que la economía mexicana tenga un mejor desempeño y poder llegar a la próxima elección en condiciones muy diferentes respecto a las que tuvimos en mayo pasado.

El cambio en la Secretaría de Hacienda es parte de ese paquete.

Rogelio Ramírez de la O tiene entrada con muchos empresarios mexicanos y extranjeros. Y por lo pronto va a tener credibilidad.

Su rol en Hacienda, como aquí le hemos comentado, no va a ser simplemente administrar el movimiento inercial de las finanzas públicas y la economía.

De lo que se está hablando con más frecuencia cada vez en los círculos oficiales y algunos del sector privado es cómo convertir el “rebote” de la economía que estamos teniendo en estos meses en un mayor crecimiento permanente.

Y, se sabe perfectamente que eso no podrá ocurrir sin inversión, la cual proviene principalmente del sector privado.

Se ha detectado que la fuerte demanda proveniente de la economía norteamericana tiene a muchas plantas vinculadas con la exportación, produciendo a niveles muy altos de ocupación de capacidad, por lo que simplemente por demanda, es probable que tengan que lanzar proyectos de inversión.

Claro que el clima de las relaciones entre el gobierno y la IP, en absoluto favorece a la confianza.

Lo que, a partir del resultado electoral se está empezando a tratar de construir, es un clima de certeza que permita detonar proyectos que están ya casi listos para realizarse.

Aunque el presidente señaló ayer en su conferencia mañanera que seguirá, por ejemplo, con el propósito de fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad, y para ello propondrá reformas constitucionales, sabe que es probable que no pasen.

Quiere tener el capital político que da el haber intentado los cambios, pero parece que ya no habrá una obstinación en realizarlos.

Los escépticos dirán, con toda la razón, que esta película ya la vimos. Que, en 2018 y 2019, el presidente hizo creer a los empresarios que habría certidumbre y oportunidades de crecimiento en su administración.

Y luego, sus impulsos políticos le ganaron y se distanció de la comunidad empresarial.

Es posible que ahora suceda nuevamente lo mismo.

Pero también lo es que por puro interés político/electoral, acomode las cosas para volver a crear un clima de mayor certidumbre.

Es muy temprano para llegar a conclusiones.

Pero, hoy existe al menos una posibilidad que no se tenía hace apenas unas cuantas semanas.

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