Sin aviso, hay nueva versión de la guía bioética para atención de Covid-19

Después de diversos señalamientos sobre la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, presentada el sábado por el Consejo de Salubridad General (CSG), el documento original fue modificado y hoy es presentada una nueva versión, pero ahora como “proyecto”. No se avisó de ello.

Ahora se han añadido aspectos importantes como las comorbilidades y el tiempo de uso de recursos escasos para definir la atención, además de que se agrega un argumento sobre la preferencia de jóvenes sobre viejos.

El sábado pasado el CSG anunció la publicación del documento original con el siguiente mensaje en su cuenta de Twitter: “El CSG comparte la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, coordinada por los doctores María de Jesús Medina y Cesar Palacios González del Comité de Ética del Consejo, para hacer frente a la pandemia de COVID-19”.

Hoy el enlace original al que dirigía ese tuit ya está roto. Lo que aparece ahora en la página del CSG es una nueva versión del documento, que también cambia su título: ahora es “Proyecto Guía de Triaje para la Asignación de Recursos de Medicina Crítica”.

Además la nueva versión es acompañada por la siguiente leyenda en el sitio de la CSG: “Este documento es un borrador que se está actualizando constantemente, dado que se trata de una guía orientadora y dinámica que debe ser evaluada por el CSG”.

En la nueva versión ya se aclara que la “guía no es un documento definitivo, sino dinámica y únicamente sería discutida y acordada como disposición general por parte del CSG”.

Entre los cambios más importantes está el que ahora se agrega otro punto importante en la definición de la asignación de recursos: las comorbilidades. Así, por ejemplo, hay dos aspectos a tomar en cuenta para la evaluación: que el paciente pueda mejorar y sobrevivir, y el tiempo que utilizará los recursos escasos que puedan ser reutilizados. Esto lo distingue del documento original, en donde apenas se enunciaba este aspecto; es explicado con el siguiente ejemplo en la nueva versión: “Si dos pacientes requieren de ventilación mecánica y uno de ellos, dada una comorbilidad, se tardaría el doble de tiempo en recuperarse (dos semanas en lugar de una semana) entonces el ventilador se le debe de asignar a aquel que no tiene la comorbilidad y se tardaría la mitad del tiempo en recuperarse. Ello es así pues el recurso escaso (i. e. el ventilador mecánico) se puede volver a utilizar de manera más pronta para salvar otra vida”.

Ahora también se añade una reflexión ética sobre el principio de vida por completarse (elegir a los jóvenes sobre los mayores) para argumentar que no es discriminatorio, y que incluye a la muerte.

La nueva versión dice lo siguiente: “Utilizar el principio de vidas-por-completarse podría parecer injustamente discriminatorio hacia los adultos mayores, pero esto no es así. Y para entender por qué, se tendrá que remontar a la pregunta: por qué la muerte es mala para nosotros. La respuesta a esta pregunta es que la muerte es mala para nosotros porque nos priva de oportunidades valiosas futuras. Ello quiere decir que por lo general la muerte priva a los jóvenes de un número mayor de bienes que a aquellas personas que ya han pasado por dicha etapa vital. Por lo tanto, un sistema de asignación de recursos escasos que favorece salvar la mayor cantidad vidas-por-completarse es un sistema que prioriza a aquellos que por lo general perderían más si murieran”.

Por lo que se refiere a empates en la evaluación para la asignación de los recursos escasos se mantiene como última instancia la selección al azar, aunque ya no se ejemplifica con el lanzamiento de una moneda.

Entre otros cambios también se elimina el preámbulo y se enuncia el objetivo como punto de partida: “Ser una guía bioética para la toma de decisiones de triaje cuando una emergencia de salud pública genera una demanda en los recursos de medicina critica que no es posible satisfacer”.

En la parte del documento dedicada a la explicación de la justicia social, ahora se añade una frase del filósofo inglés Jeremy Bentham y se agrega el principio de no exclusión. Y se suma otra definición: “El objetivo de la salud pública durante una emergencia de salud pública es doble: tratar el mayor número de pacientes y salvar la mayor cantidad de vidas”.

Hay algunos cambios de forma, como la introducción de algunas notas al cuerpo del texto, y correcciones ortográficas (aunque varias permanecen y hasta hay otras) y de estilo respecto al original.

EL DESLINDE DE LA UNAM

La aparición de la nueva versión de la guía ocurre después de que la UNAM se deslindó de la original, ya que ni esa institución ni su rector, Enrique Graue, han sido convocados por el Consejo de Salubridad General (CSG) para discutirla. Por ello la institución educativa se deslindó del documento.

Ante la difusión y las inconformidades que ha levantado esa guía, la UNAM explicó que la Ley General de Salud y el Reglamento Interno del CSG establecen que uno de los cargos de vocal titular corresponde al rector de la institución.

En ese sentido remarca que ni la UNAM ni el rector Enrique Graue fueron convocados a ninguna sesión para “el análisis, discusión y eventual aprobación de dicha Guía”.

Por ello, manifiesta la institución, “se deslinda de los términos y del contenido del referido documento”.

El documento original de 11 cuartillas tuvo dos redactores: César Palacios González y María de Jesús Medina Arellano, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Entre los 12 colaboradores para el documento se encuentran Asunción Álvarez del Río, Pauline Capdevielle, Juan Antonio Cruz Parcero, Arnoldo Kraus y Gustavo Ortiz Millán, quienes son profesores o investigadores de la UNAM.

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