Recomendamos: Nadie cree nada, por Gil Gamés

La bandera en llamas ondeaba en la laringe de Gil. Los perros huían cuando escuchaban la tos seca de raspones cavernosos. En ésas estaba Gilga mientras leía la noticia: el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera, y su esposa, Elena Ávila, fueron acusados de enriquecimiento ilícito (ah, una voz pasiva). Agentes ministeriales de Morelos encabezados por el titular de la Fiscalía Especializada en el Combate a la Corrupción entraron al fraccionamiento Paraíso Country Club, donde los académicos han puesto su casa, para aprehender al rector y a su pareja. Alguien le dio el pitazo a Vera y éste se hizo de humo.

El descrédito de la justicia es una de las pocas cosas ciertas en el México de hoy, mañana y pasado mañana. De inmediato, las organizaciones civiles pusieron el grito en el cielo: acoso, persecución, venganza contra la universidad. Estas almas buenas defienden a Vera con tanta convicción que Gil está a punto, cuidado, a punto, de sumarse a la protesta.

El activista y poeta, aquí el orden de los factores sí altera el producto, Javier Sicilia, montó en cólera (la imagen de montar a la cólera le fascina a Gilga: he llegado hasta aquí cabalgando a la ira): “A sus hijas también las están hostigando, el gobernador enloqueció, procede como un cacique a la vieja usanza, nadie lo detiene (…) hace uso de las leyes para violentar los derechos humanos, para eliminar adversarios políticos (…) los ciudadanos somos víctimas de los caprichos de un loco, un Javier Duarte de Morelos”.

La capa y la espada

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: algo muy raro ocurre en Morelos, y algo más raro en su universidad. Del otro lado, en la otra orilla se sabe que desde 2015, la Auditoría Superior de la Federación denunció ante la PGR el uso irregular de recursos públicos: 697 millones de pesos para abastecer de equipo a los promotores de la ruta “Sin hambre”. La universidad subcontrató e hizo un mugrero con los dineros. Llamémosle mugrero. ¿Quién tiene razón? Leyó usted bien: 2015.

Las irregularidades se detectaron, informa su periódico El Universal, en la cuenta pública de 2013 y 2014, cuando Vera Jiménez estaba ya al frente de la universidad, pues fue electo rector para el periodo 2012-2018. Salazar Núñez, fiscal contra la corrupción, ha dicho que la denuncia y orden de arresto del rector no tiene que ver con asuntos políticos, sino de hechos “de corrupción, una parte de lo que se ha llamado ‘la gran estafa’”. La universidad subcontrató a cinco empresas, decía Gilga, “a pesar de que el convenio lo prohibía expresamente (ah, qué largos son los adverbios, añade Gamés) y los contratos resultaron fraudulentos”. Como lo oyen ustedes. Dios quiera y Javier Sicilia, con su sombrero de Indiana Jones, logre evadir el fango: el que defiende a capa y espada puede resultar herido y perder su capa.

Más información: http://bit.ly/2zG6kGr

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