De memoria: hace más de 15 años Jesús Ramírez Cuevas criticó a AMLO por menospreciar la Marcha del silencio

Un texto de Jesús Ramírez Cuevas, recuperado de La Jornada

OYE, EL PALACIO DE GOBIERNO ES ACA, ¿no? y la señora, de mediana edad, vecina de Las Lomas, señala hacia el Palacio Nacional. Entonces, ¿por qué gritan allá? y señala al edificio del antiguo ayuntamiento, donde despacha Andrés Manuel López Obrador.

Quizá esta capitalina que asistía por primera vez en su vida a una marcha y lo hizo el pasado domingo como cientos de miles, movida por la indignación ante la inseguridad pública no sabía bien a bien por qué los gritos de algunos pequeños grupos se concentraban frente a la oficina del tabasqueño. Pero muchos de los promotores y de quienes quisieron utilizar la marcha políticamente sí que lo tenían bien claro.

López Obrador, por su lado, les dio un empujoncito. En lo que respecta a la marcha, cometió un error tras otro.

Días antes de la movilización, Alejandro Encinas, secretario de Gobierno capitalino, la calificó como una maniobra de la ultraderecha contra la administración perredista y cuestionó la campaña” de algunas televisoras. El jefe de Gobierno del DF se sumó a la descalificación al insistir en que detrás de la manifestación estaban integrantes del PAN y grupos como El Yunque (grupo de ultraderecha).

Los funcionarios del DF se equivocaron al no seguir con el tono que Encinas Rodríguez tuvo hasta el mismo domingo: Hay demandas totalmente legítimas que tendremos que atender.

Pero tras la marcha, López Obrador guardó silencio. El lunes, presionado por los medios, reconoció la participación de las víctimas de la delincuencia y su derecho a manifestarse. Sin embargo, también dijo que en la movilización hubo manipulación de las derechas, oportunismo del gobierno federal y amarillismo de algunos medios. Vino la andanada en su contra.

Al respecto, el escritor Carlos Monsiváis consideró un error la descalificación: La importancia de la marcha desborda con amplitud los propósitos necesariamente lamentables de El Yunque y la ultraderecha. Si alguien no lo ha dicho debía decirlo: Se hace el mensaje al marchar, y el mensaje del domingo en la mañana es de respuesta colectiva, de exigencia a las autoridades y de solidaridad con las víctimas.

A la izquierda siguió el cronista le toca analizar con cuidado y rapidez el mensaje múltiple de la marcha, pero sin confundir la intención de unos con la elocuencia del acto mismo. De antemano, creo posible afirmar que fue una marcha muy significativa de esa zona que no pertenece a la izquierda o a la derecha, sino a la angustia de la ciudadanía y a la urgencia del estado de derecho.

Si frente a la inseguridad no aplazamos nuestras diferencias, concluyó, nunca construiremos los espacios mínimos para el diálogo.

Pero esto no ocurrió y el ruido de la propuesta de pena de muerte a secuestradores y violadores lo confirma.

En este contexto, López Obrador, el martes 29, insistió en sus argumentos de la conspiración. Sin embargo, precisó (o se retractó como dijo un comentarista) que es sensible al reclamo contra la inseguridad y que la responsabilidad para combatir el delito no es de la sociedad sino de la autoridad.

Ante el desaire del mandatario capitalino, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), José Luis Barraza, pidió la renuncia de López Obrador a nombre de los empresarios. Al día siguiente, Alberto Núñez, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, lo contradijo: La Coparmex nunca pidió la destitución o renuncia de López Obrador. Lo que es necesario es avanzar en cuanto a la seguridad pública y que se tomen en cuenta las demandas que planteó la sociedad durante la marcha.

López Obrador optó, a partir del miércoles 30, por ya no hablar del tema.

¿Habrá rectificación? Desde diversos flancos, los críticos señalan que el gobierno perredista no puede seguir minimizando o adjetivando el tema de la inseguridad.

En cambio, la Presidencia de la República se subió a la ola: Bienvenida la fuerza y la participación de la ciudadanía. La República celebra el ejemplo de unidad y solidaridad. A pesar de estos guiños, Vicente Fox no pudo evitar las críticas a su gobierno por los manifestantes.

Aunque el mismo Fox ha rechazado la propuesta, el procurador Rafael Macedo y el secretario de Seguridad Pública federal, Alejandro Gertz, se subieron a su manera la ola y desataron el debate sobre la pena de muerte, propuesta rechazada por la mayoría de partidos, incluido el PAN, y hasta por los promotores de la marcha.

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Esto apenas comienza, aseguran tanto promotores como críticos de la manifestación, que fue, más allá de las interpretaciones, una expresión de indignación ciudadana, alimentada por la experiencia personal y colectiva del miedo y el hartazgo por la inseguridad pública y la incapacidad de las autoridades para combatirla.

Las organizaciones que convocaron la marcha reconocieron que la respuesta los rebasó y que trascendió siglas e intenciones políticas. Pocos ven en esta marcha el nacimiento de un gran movimiento por los derechos civiles. Lo que sí es perceptible es que fue una demostración clara de desilusión hacia el gobierno del cambio y de rechazo a las posiciones “insensibles” del jefe de Gobierno capitalino.

Al insistir en la conspiración de la derecha, López Obrador pagó el costo de no reconocer abiertamente el legítimo reclamo ciudadano. Y Fox actuó como si los reclamos no lo incluyeran: La sociedad tiene razón… tenemos que hacer mucho más.”

Pero si muchos de los marchistas eran de las clases medias, ¿no estamos también frente al desencanto del voto útil?

Más información en: La Jornada

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