Interrupción a Trump, el debate en el periodismo mexicano

La decisión de tres cadenas televisivas norteamericanas de interrumpir la transmisión del primer discurso de Donald Trump tras las elecciones presidenciales, en las que reclamaba fraude y tras ser considerado plagado de mentiras, encendió la polémica al respecto en México sobre su conveniencia.

Este jueves Trump pronunciaba un discurso en el que denunciaba fraude electoral, y hablaba de votos legales e “ilegales” (especialmente los recibidos vía postal) cuando las cadenas ABC, CBS y NBC interrumpieron su transmisión por considerar peligrosas sus palabras sin respaldo de evidencias. Incluso llegaron a calificar los dichos de Trump como “mentiras”.

Esto generó entre los mexicanos una intensa discusión en las redes sociales sobre la posibilidad de que lo hecho por las televisoras estadounidenses haya sido censura o libertad editorial, e incluso si es aplicable en México. De antemano: ninguno manifestó simpatía por Trump.

Uno de los primeros en comentar el asunto fue León Krauze, quien se mostró orgulloso de la decisión de Uninoticias, donde trabaja, y felicitó al equipo, encabezado por Jorge Ramos, “por este momento de valentía periodística y moral”. Ramos había dicho lo siguiente: “Vamos a dejar la conferencia de prensa del presidente Donald Trump y la razón es muy sencilla, y esto es muy importante: parte de las cosas que ha dicho el presidente Donald Trump son mentira. No es cierto lo que ha dicho Donald Trump respecto a que votos ilegales están evitando su victoria. No ha presentado ningún tipo de evidencia de que eso está ocurriendo”.

A ello siguió un intercambio acerca de la censura: la politóloga Viridiana Ríos, articulista de El País y The New York Times, escribió que antes que lo que calificó como “bloqueo”, prefiere que las cadenas “transmitan a Trump con un letrero rojo y grande que diga ‘falso’”. Remató: “Educación cívica y no paternalismo”.

Por su parte Salvador Camarena, responsable de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y columnista de El Financiero, tuiteó que fue un gran ejercicio de las televisoras que cortaran el discurso de Trump por las falsedades que decía, y remató: “Interrumpirlo y corregirlo”.

Por su parte el matemático Arturo Erdely, quien ha publicado en Nexos, consideró que tras cuatro años de vapuleo de Trump, los medios de comunicación, “en lugar de seguir informando hasta el final, prefirieron apagar la cámara”. Explicó que era de interés público conocer el posicionamiento del presidente Trump, y añadió: “Si un medio de comunicación me trata como menor de edad y decide que no debo de ver algo, ya no me sirve para informarme, dejó de comunicar y se convirtió en censor”.

Añadió que por eso los medios de comunicación han perdido audiencia, y reivindicó a la “benditas redes sociales que han democratizado el acceso a la información, a pesar de que también tienen sus perversiones”.

Eso fue respondido por Raúl Trejo Delarbre, investigador de la UNAM y colaborador de La Crónica de Hoy, quien explicó que los medios decide qué es lo que publican, y recordó que también contribuyen a la agenda de los asuntos públicos: “Así expresan sus políticas editoriales. Nunca son democráticos (las redes sociodigitales tampoco, por cierto)”.

La réplica de Erdely fue que los medios viven de sus audiencias y que Trump es presidente y candidato en una elección no decidida, por lo que era “de interés público conocer su posicionamiento, aunque no guste, y luego complementar con las valiosas críticas periodísticas, no censurar”.

Trejo Delarbre volvió a la carga: “Exactamente. Viven de sus audiencias y tienen responsabilidades con ellas. Cada medio decide cómo entiende ese interés público. A partir de esas decisiones su audiencia los reconoce o deja de seguirlos. La que usted sugiere era una opción. Había otras”.

También Fernando Belaunzarán, articulista de Excélsior, consideró que hubo censura: “Que el presidente mienta de manera irresponsable en tema tan delicado es un hecho político de suma gravedad y, por tanto, de interés público. Vomito a Trump, pero pienso que cortar la transmisión fue un acto de censura en contra del derecho a la información”.

Eso tampoco fue compartido por Trejo Delarbre, quien cuestionó a Belaunzarán: “¿Deben los medios difundir todas las mentiras, todos los dicursos de odio? Los medios no son simples mensajeros de todos los despropósitos de los personajes públicos”.

Álvaro Delgado, reportero de Proceso y locutor de La Octava, entró en la liza y dijo que se trató de un acto de censura, que “es cercenar la libertad de expresión y el derecho a la información con las que en una democracia se combaten, precisamente, las mentiras”, a lo que Trejo Delarbre reviró: “El derecho a la información no incluye la propagación de mentiras. La libertad de expresión nunca es absoluta y no ampara falsedades como las de Trump. Los medios tienen la responsabilidad de ofrecer contexto a lo que dicen los personajes públicos. No se confunda”.

En su programa de La Octava, Delgado y Alejandro Páez convocaron a comentar el tema a Rafael Rodríguez Castañeda, exdirector de Proceso, y a Jorge Zepeda Patterson, exdirector editorial de El Universal y articulista de Milenio.

El primero se escandalizó: “El medio de comunicación se arroga el derecho de calificar de cierto o falso algo que alguien dice. Pero bueno, eso puede o no ser cierto; en todo caso se debate. El haber acallado, haber apagado los micrófonos al presidente de los Estados Unidos que, de una manera o de otra, llegó a la Casa Blanca por vía del voto, creo que resulta absolutamente antiético porque, finalmente, todas las mentiras que pudo haber dicho o que ha dicho a lo largo de cuatro años de Trump han sido descalificadas por los medios al día siguiente, en sus editoriales, etcétera, pero le dan la oportunidad al público de escuchar de viva voz lo que su presidente dice. Pero resulta que los medios tratan al público estadounidense como menores de edad, como párvulos. Para mí es un escándalo”.

Para Zepeda Patterson “lo que determina es la fuente. Hay informaciones, seudoinformación que ostensiblemente son amarillistas, escandalosas e incluso falsas, y el editor tiene que evitarlas allá donde pueden dañar a la opinión pública. Pero el hecho de que lo dé una institución con las responsabilidades que tiene un presidente, eso se convierte en una información en sí misma. Es decir, el hecho de que está dando información falsa se convierte en una información”. Así, “la información es la fuente de información”.

A su vez, Francisco Báez Rodríguez, director editorial de La Crónica de Hoy, tuiteó: “Los medios en EU, haciendo su trabajo al señalar como infundados los reclamos de Trump sobre el fraude electoral”.

Según Víctor Trujillo, de Latinus, la censura sólo puede venir del poder: “Algunos defenderán el derecho a mentir como inalienable, pero la investidura presidencial no puede darse ese lujo. El periodismo señala, denuncia, evidencia o calla. La censura es tentación exclusiva del gobierno en turno”.

Marco Levario Turcott, director de etcétera, intervino en la discusión también con un señalamiento sobre la ética: “La libertad de prensa permite que los medios decidan qué difundir y cómo difundirlo. Unos se hacen eco de la difusión de mentiras y otros no. La diferencia está en la ética. Coincido con los medios que no difunden dichos sin pruebas que ponen en riesgo la estabilidad de un país”.

También llevó al ámbito mexicano el tema: “En México la afirmación de AMLO: ‘Se acabaron las masacres’ y otras falsedades como la rifa del avión que no se rifó, tuvieron amplio relieve en La Jornada y el noticiero de Aristegui, y no hubo textos u opiniones relevantes que pusieran en evidencia esas mentiras”.

Enfatizó en el derecho de las televisoras: “Los medios tienen la libertad de elegir sus coberturas y, por ello, están en su derecho de no difundir el discurso de Donald Trump. Por eso los medios, en mi opinión, deberían dejar de cubrir la mañanera de López por ser puro choro y desplantes de propaganda”.

Y remató al afirmar que “los populistas generan odio, no ideas. Eso es lo que hace AMLO en México”.

Al respecto, Carlos Loret de Mola, de Latinus, comentó: “Si la televisión cortara al presidente de México cada que dijera una mentira, la mañanera duraría menos que la sección del clima”.

AP

ENTRE EL TUFO Y EL FUEGO

Uno de los que más tiempo y espacio dedicó al tema fue Julio Hernández López, director de La Jornada San Luis, para quien es peligroso que los grandes medios de comunicación definan en tiempo real “lo que debe ser conocido o no por el público”, decisión que “debe corresponder a una audiencia o una ciudadanía bien informada y con capacidad plena de decisión”.

E hizo una pregunta: si antes las empresas mediáticas “han censurado o cancelado transmisiones en vivo de presidentes funcionarios y políticos mentirosos”, como en la época de los atentados contra las Torres Gemelas y de la invasión de Irak.

Y escribió que “a ningún periodista o medio le asiste facultad alguna para predeterminar, es decir, prejuzgar, y por ello castigar con el retiro de una transmisión en vivo, si lo que está diciendo una fuente válida de información, en este caso un candidato presidencial, es verdad o mentira. Un medio puede cubrir o no una conferencia en vivo y puede luego recabar y presentar la información en la plana o segmento electrónico que desee. Pero la valoración y juicio de lo que diga esa fuente corresponden al público, a la ciudadanía, a los votantes. A menos que esos medios pretendan convertirse en un suprapoder, o, dicho de otra manera, en una manera de hacer un falso periodismo”.

Sobre el caso mexicano denunció que algunos de quienes defienden la interrupción de la transmisión de Trump tienen “un tufo de conveniencia política al querer trasladar lo ocurrido en Estados Unidos al escenario mexicano”.

También sobre el tema mexicano opinó Trejo Delarbre, quien escribió: “La lección es insoslayable. ¿Qué pasaría si durante las conferencias mañaneras de YSQ los medios aclarasen mentiras y ofrecieran una versión más amplia de cada asunto? Por lo pronto se puede recordar que no se puede mentira todos, todo el tiempo, sin que haya consecuencias”.

Por su parte Carlos Bravo Regidor, articulista de Reforma y de Expansión Política, quien además ha sido coordinador de la maestría de Periodismo en Políticas Públicas del CIDE, consideró que “si lo que haces es periodismo, tu responsabilidad es darle información veraz al público. Si una fuente informativa está diciendo mentiras deliberadas y evidentes, haces eso. Si lo que haces es nomás ser un altavoz de cualquier fuente, diga lo que diga, lo sigues transmitiendo”.

Añadió que ello es una decisión polémica y debatible, como “todas las decisiones editoriales de cierta envergadura”, y que no hay un solo camino: “Hay distintos argumentos, distintos criterios y sentidos de la responsabilidad. Es periodismo, no aritmética”.

Además, le pareció rara la idea “de que la decisión editorial de un medio de no transmitir el discurso de un presidente que está mintiendo es censura. Piénsenlo dos segundos. Los medios. CENSURANDO AL PODER. Porque miente. No tiene ningún sentido. Se puede cuestionar, pero no es censura”.

Álvaro Delgado insistió en la vertiente de los medios como tutores: “(…) Como periodista no estoy de acuerdo en escamotearle a la población información, aunque no esté de acuerdo con ella o la considere que le afecta. Los periodistas no somos tutores de la sociedad”.

Incluso periodistas deportivos intervinieron en el debate: Martín del Palacio Langer, que trabaja para la FIFA y la NFL, escribió: “Leo a mucha gente quejándose de que ayer las televisoras hayan ‘censurado’ a Trump. No lo hicieron. Simplemente decidieron no difundir más mentiras. Ellos mismos fueron parte fundamental de este desastre dándole espacios enormes por años a las locuras del tipo. Ayer dijeron basta”.

Y habló del trabajo editorial: “El trabajo de los medios de comunicación (y sus editores) ha sido siempre filtrar. No todo lo que sucede merece ser difundido. Un medio serio debe dar prioridad a la evidencia. Es así. Los medios serios no deberían difundir avistamientos de ovnis o teorías conspiranóicas. Es la responsabilidad de los medios con su público”

Y también hizo referencia al pasado: “Trump hizo lo que quiso con la agenda por 5 años. Mintió sin control y fomentó con ello la violencia y el odio. Que se lo consintieran es increíble”.

Explicó lo ocurrido porque se trata de “un momento delicadísimo y con sus mentiras en su discurso Trump puso en entredicho la base de la democracia gringa. Y para ellos, con eso no se juega. Por eso hicieron bien. Había que pararlo”.

Concluyó: “Y si les ofende entonces que también les ofenda que en CNN o NBC no pongan discursos de neonazis y creacionistas, o que Fox no pase los discursos de Maduro. Ese es realmente el nivel de Trump. Si no lo vemos así es por esos mismos medios que ayer trataron de corregir su error”.

Su compañero Luis Herrera tuiteó sobre los errores anteriores y lo ocurrido ahora: “Por años a Trump las cadenas de EEUU -en particular CNN- le dieron horas de TV en vivo porque es lo que más rating da, a costa de dejar que su discurso llegara a millones que no se quedaban a ver matices o desmentidos posteriores. Cortar fue una decisión correcta editorialmente”.

Para Denise Dresser, articulista de Reforma y de Proceso, tras manifestar su acuerdo con el corte de las televisoras, tuiteó: “Ojo: defiendo la libertad de expresión y no apoyo la censura pero sí entiendo peligro real de que Trump incitara a la violencia en un país armado/polarizado. Y regresaré a la mañanera cuando la coyuntura lo amerite, a hacer la tarea que a todos nos corresponde”.

Epigmenio Ibarra, productor de televisión y articulista de Milenio, publicó el siguiente mensaje: “No me gustan Trump ni la Dresser. Se parecen más de lo que ambos pudieran llegar a pensar. Menos me gusta la censura. Aunque al primero por loco se la apliquen. Aunque la segunda por fanática la exija. La democracia, el fanatismo y el silencio no se llevan”.

Dolia Estévez, quien ha trabajado para Noticias MVS, Forbes y El Financiero, también colocó en términos legales el asunto, y citó a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos: “‘Las estaciones radiales y televisivas con licencia son responsables de seleccionar todo el contenido de su programación al aire y de determinar cómo sus estaciones pueden mejor servir a sus comunidades’. @FCC, órgano regulador de la radio, TV, cables, satélitales en #EEUU”.

Y añadió: “Trump fue interrumpido después de que acusó falsamente a los ciudadanos de intentar robarse las elecciones, después de descalificar las elecciones, pilar de la democracia, con una sarta de mentiras, una mentira tras otra tras otra. Bien por las televisoras”.

En la discusión Peniley Ramírez, colaboradora de El Universal y Univisión, tuiteó: “Personas que aplauden mentiras diarias de los políticos y se molestan de que los periodistas digan que los políticos están mintiendo. No podía saberse”.

Javier Garza Ramos, quien colabora en Así las cosas con Loret y es consejero de Article 19, escribió: “Interesante debate sobre la decisión de cadenas de TV en EU de cortar la conferencia de Trump. Me quedo con la frase de un ministro de la Suprema Corte de EU: ‘La más estricta protección de la libertad de expresión no protege al que grita falsamente ‘fuego’ en un teatro lleno’”.

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