Joyeria de plata mexicana para cautivar

García Luna, el ocaso del “superpolicía mexicano”

Cuartoscuro

Nacido en julio de 1968 en la Ciudad de México, y de formación profesional ingeniero mecánico, Genaro García Luna se convirtió en el “superpolicía mexicano” gracias a una intensa carrera en los cuerpos de seguridad mexicanos. En los años noventa trabajó en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN, desaparecido en el nuevo gobierno), donde fue subdirector de Asuntos Extranjeros y coordinador de la Unidad de Investigación de Terrorismo, labor por la que incluso fue galardonado con la Medalla al Valor. De allí pasó, en 1999, a la Policía Federal Preventiva. En esta se hizo cargo de la Coordinación General de Inteligencia para la Prevención.

Posteriormente, durante los gobiernos panistas su carrera policial iría en franco ascenso. Así, en diciembre de 2000, ya bajo el gobierno de Vicente Fox, fue designado director de Planeación y Operación de la Policía Judicial Federal. Apenas un año después se dispuso la creación de la Agencia Federal de Investigación (AFI), de la cual se hizo cargo García Luna.

Después, en 2006 el entonces presidente Felipe Calderón lo nombró titular de la Secretaría de Seguridad Pública. Desde allí se encargaría de operar la ofensiva contra el narcotráfico que emprendió el gobierno y que inició en Michoacán. Esa guerra costó decenas de miles de muertos y desaparecidos.

Durante mucho tiempo estuvo en el ojo del huracán. En 2005 García Luna fue el responsable del caso de Florence Cassez e Israel Vallarta, a quienes se acusó de formar parte de una banda de secuestradores denominada Los Zodiaco. Debido al montaje televisivo que se realizó para simular la detención de esas personas y por no respetar el debido proceso, en 2013 la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó la liberación de ciudadana francesa. Sin embargo, Vallarta y varios de sus parientes, presuntos miembros de la banda, permanecen en prisión. Este caso llegó a ocasionar conflictos con Francia.

En 2009, como parte de la implementación del llamado Nuevo Modelo Policial (iniciativa de García Luna), fue creada la Policía Federal (también recientemente desaparecida por el actual gobierno para integrar a sus miembros en la Guardia Nacional), que llegó a tener más de 36 mil miembros.

También fue responsable de la Plataforma México, un sistema que integraba avanzados equipos tecnológicos para la persecución de la delincuencia, la que fue desmanteleda en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Muchas veces se habló de que los pilares de la ejecución de la estrategia de la guerra contra el narcotráfico eran, básicamente, dos: el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y el titular de la Procuraduría General de la República, Eduardo Medina Mora. Sin embargo, las pugnas entre ambos condujeron a la salida de Medina Mora en 2009, quien se hizo cargo de la Embajada de México en Reino Unido, y después, con apoyo de Enrique Peña Nieto, llegó a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cargo al que renunció apenas en octubre pasado.

Después de 2012 García Luna se retiró del servicio público y pasó a la iniciativa privada. Pasó a formar parte de la empresa GLAC Security Consulting Technology Risk Management, de la que es director general.

En el directorio de GLAC aparecen como miembros del consejo José A. Rodríguez Jr., que es presentado como veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con 31 años de servicio, en donde desempeñó cargos como jefe de Operaciones, director del Centro de Contraterrorismo y director adjunto del Centro contra el Narcotráfico, y Raúl Roldán, miembro del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su siglas en inglés) con 20 años de servicio, en el que ha sido responsable de los programas de investigación en lavado de dinero, además de que tiene amplia experiencia en investigaciones antisoborno.

Una investigación de Peniley Ramírez para Reporte Índigo permitió conocer la incursión de García Luna en negocios inmobiliarios e incluso un restaurante, con gran cercanía a Mauricio Samuel Weinberg, en la empresa Delta Integrator LLC, de la que él y su esposa han querido desligar sus nombres.

En diciembre de 2013, fue incluido entre los mencionados en “Los diez más corruptos en México en 2013”, artículo de la periodista mexicana Dolia Estévez publicado en la revista Forbes en su edición norteamericana. Allí se destacaba que su trabajo en el gobierno de Calderón “estuvo marcado por un exceso de gasto para la autopromoción y el abuso de escándalos de poder expuestos por la prensa mexicana”.

Entonces García Luna escribió una carta en la que afirmó que se trataba de mentiras que “carecen del rigor periodístico” y que los argumentos de la fuente “son falsos”. También destacó que durante su desempeño como funcionario “afecté los intereses de las estructuras del narcotráfico y secuestro, motivo por el cual de manera reiterada he sido objeto de campañas de desinformación y desprestigio”.

Cuando menos tres reconocidos narcotraficantes han acusado a García Luna de recibir sobornos. El primero de ellos fue Édgar Valdez Villarreal, la Barbie, quien en 2012, en una carta a Reforma, manifestó que le constaba que García Luna había recibido dinero de él, del narcotráfico y de la delincuencia organizada.

Asimismo, el periodista J. Jesús Lemus recuerda en su libro El último infierno (2016) cómo en la prisión de Puente Grande Sergio Enrique Villarreal Barragán, el Grande, relataba la corrupción que estaba detrás de la guerra contra el narco, entre la que estaban, por ejemplo, los recursos que los hermanos Beltrán Leyva daban a García Luna.

La también periodista Anabel Hernández publicó en 2010 su libro Los señores del narco, en el que señalaba las redes de complicidad de García Luna y su equipo con el crimen organizado, trabajo por el que la reportera denunció que el funcionario pretendía asesinarla, tarea para lo cual reclutaba a elementos de la AFI.

Más recientemente, durante el juicio contra Joaquín el Chapo Guzmán, Jesús el Rey Zambada declaró que desde 2005, cuando el funcionario encabezaba la Agencia Federal de Investigación (AFI), le entregó sobornos de entre tres y cinco millones de dólares en portafolios.

Por supuesto, García Luna ha negado esos señalamientos. En una entrevista que concedió a Carlos Loret de Mola el año pasado, comentó lo siguiente: “Es falso que el narcotráfico me haya sobornado. Yo nunca lo conocí (a Zambada) ni tuve contacto con él. Todo es mentira, es parte de una estrategia del crimen organizado”. Y recordó que por su labor anticrimen fue reconocido por la DEA.

Y, en efecto, cuando menos en un par de ocasiones fue distinguido por instituciones estadounidenses: en 2004 el FBI le dio un reconocimiento por investigación y arresto de fugitivos, mientras que en 2005 la DEA le dio otro por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico.

Asimismo, en 2005 fue premiado por la Interpol.

Hoy, Genaro García Luna se encuentra arrestado por los cargos de conspiración por tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y por declaraciones falsas. Enfrentará el proceso en la misma Corte que juzgó a Joaquín el Chapo Guzmán; si el superpolicía mexicano es declarado culpable, su condena puede ir desde 10 años de prisión hasta la cadena perpetua.

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