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Escapularios, pobreza y hasta clima, productos milagro de políticos contra Covid-19

En la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 muchos políticos, tanto mexicanos como extranjeros, han mostrado su desdén y sus remedios para prevenir y curar esa enfermedad, por supuesto sin ningún respaldo científico. Aquí un recuento de ellos.

Entre los políticos que han brillado por su superchería ha destacado el hoy lamentablemente enfermo presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha aprovechado la emergencia sanitaria para hacer propaganda de sus creencias religiosas y de sus políticas.

Así, al inicio de la epidemia, el 18 de marzo, dio muestras de fe popular y devoción anticientífica: “El escudo protector es como el detente. ¿Saben lo que es el detente, verdad? Miren este es el detente. Esto me lo da la gente. Son mi guardaespalda. Igual, esto es muy común. Tengo otras cosas porque no sólo es catolicismo también religión evangélica y libres pensadores que me entregan de todo. Y todo lo guardo porque no está demás. Miren, aquí hay otro detente: ‘Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo’. Pero no hay ni siquiera enemigos, son adversarios”.

Entonces también mostró un billete de dos dólares y también mencionó un trébol. Y no sólo ello, sino que mencionó que “el escudo protector es la honestidad. Eso lo que protege: el no permitir la corrupción”.

Apenas un par de días antes el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, había afirmado que “la fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”. Desde entonces y hasta la fecha el epidemiólogo no ha mostrado ni remotamente una sola evidencia científica de su dicho. Pero, por el contrario, el supuesto especialista sí ha sido muy escéptico, por ejemplo, con el uso del cubrebocas y de las pruebas masivas de detección de la Covid-19.

El 4 de junio López Obrador recomendó una de sus consignas políticas como medida de prevención contra la Covid-19: además de comer sano, “estar bien con nuestra conciencia: no mentir, no robar, no traicionar. Eso ayuda mucho para que no dé el coronavirus”. Ahora está enfermo de Covid-19.

Quien quedó al frente de las conferencias de prensa presidenciales, Olga Sánchez Cordero, titular de la secretaria de Gobernación, también entró en la competencia de absurdos anticientíficos. El 4 de junio, durante una entrevista radiofónica, la funcionaria justificó que no usaba el cubrebocas con la argucia de que consumía un producto milagro para protegerse de la infección de Sars-Cov-2.

En aquella ocasión la también senadora dijo lo siguiente: “Yo estoy blindada con mis gotas, las gotas de nanomoléculas de nanocítricos. Yo las vi en varias entrevistas a esta chica inteligentísima ingeniera bioquímica, que sacó esta maravilla de productos que van directo a destruir los virus”.

Al día siguiente continuó su explicación sobre el presunto medicamento: las nanopartículas, según ella, “penetran en los virus, deshacen la capa de grasa que tiene el virus y al deshacer la capa penetran en el virus y lo matan”.

Añadió que eso le parece muy lógico porque su madre se curaba los resfriados con limón y miel, además de que cortaba la grasa con limón. Afirmó sentirse “blindada preventivamente”, aunque remató: “No sé si sirvan o no sirvan”.

Pero esta última incertidumbre no obstó para que la ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación recomendara y hasta se diera esas nanopartículas a  colaboradores y políticos. Incluso afirmó que “al señor secretario de Hacienda le voy a mandar mis gotas mágicas. Así que hoy se las mando”. Apenas antes Arturo Herrera había anunciado que estaba contagiado de Covid-19.

Entre quienes presumieron también las nanopartículas utilizadas por Sánchez Cordero estuvieron el senador Martí Batres y el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad.

Para hacerle campaña al presunto blindaje sanitario de Sánchez Cordero el senador Batres le dio vuelo en su cuenta de Twitter con una anotación patriótica el 30 de junio: “Estas son las gotas de nanopartículas de cítricos de las que habló hace unos días la secretaria de Gobernación @M_OlgaSCordero. Son una creación de científicos mexicanos”.

Y mostró la imagen de un frasco de un suplemento alimenticio de cítricos llamado Gasdem B.

También en Twitter el gobernador de Hidalgo acusó recibo del producto milagro que le regaló “mi maestra”, y aclaró: “Para todos los que me preguntaron son nanoparticulados en gotas con extractos cítricos, terpenos, flavonoides, naranjina y vitamina C. ¡Saludos!”.

De más está decir que varios medios indagaron en universidades, centros de investigación y hospitales sobre las nanopartículas que hacen sentir blindada a Sánchez Cordero, y ninguno las indicó, recomendó o avaló.

Mireya Novo/Cuartoscuro

Otro que destacó en aconsejar remedios contra la Covid-19 fue Miguel Barbosa, gobernador de Puebla. Desde el inicio de la epidemia hizo un diagnóstico social del coronavirus y sus huéspedes. ¿La mejor prevención contra la Covid-19? La pobreza.

El 25 de marzo Barbosa declaró en una conferencia de prensa donde se presentó un reporte de infectados de Covid-19: “¿Quiénes están contagiados ahorita? Bueno, seguramente ahorita hay mucha gente de las 40 personas, algunos son padres de familia, si, la mayoría son gente acomodada. Si ustedes son ricos tienen el riesgo; si ustedes son pobres, no. Los pobres estamos inmunes, ¿sale?”.

También en marzo, mientras los laboratorios farmacéuticos más importantes del mundo buscaban la vacuna y la cura de la Covid-19, el gobernador de Puebla les dio madruguete desde su tierra: “Yo vengo a vacunarme a Ajalpan en contra de este organismo. Me dijeron que la vacuna que ya se descubrió en contra del coronavirus es un plato de mole de guajolote. Vamos nosotros a echarnos un plato de vacuna contra ese virus que atenta contra el mundo”.

Días después, entre burlas y veras, Barbosa enunció otra receta para evitar recaídas de Covid-19: el caldo de pollo y chile picao.

Mientras tanto, en México este lunes la Secretaría de Salud reportó que ha habido un millón 771 mil 740 contagiados por Covid-19 y 150 mil 273 fallecimientos por esa enfermedad.

DESINFECTANTES, HOMOFOBIA, MARCHAS

En el mundo los gobernantes de otros países también han hecho gala de estulticia al abordar el asunto de la Covid-19 y sus remedios. Por supuesto el más relevante ha sido Donald Trump, quien al principio de la epidemia en su país declaró que sólo se trataba de una persona llegada de China, que todo lo tenían bajo control y que su país estaría bien. Después declaró que se trataba solamente de una gripe.

Sin embargo, la Covid-19 creció dramáticamente en Estados Unidos hasta convertir a ese país en el epicentro de la pandemia. Pero desde febrero Trump había enunciado un remedio: el calor. Entonces afirmó que el coronavirus no duraría mucho, ya que “en abril, supuestamente, morirá con el tiempo cálido. Esa es una buena fecha para tener en la mira”.

Sin embargo, en abril la situación estaba mucho peor. Entonces Trump tuvo otra ocurrencia durante una conferencia de prensa: sugerir a médicos y científicos el consumo de desinfectante y proyectar rayosultravioleta como remedio contra el coronavirus.

En una reunión con científicos el entonces presidente de Estados Unidos divagó de la siguiente manera: “Veo que el desinfectante lo elimina en un minuto. ¡Un minuto! Y ¿existe una forma de que podamos hacer algo parecido, mediante una inyección para limpiar casi todo? Es algo que penetra en los pulmones, y podría por eso ser interesante intentarlo”.

Continuó: “Supongamos que golpeamos el cuerpo con una tremenda luz ultravioleta, o simplemente con una luz muy poderosa. Dicho eso, supongamos que traes esa luz dentro del cuerpo, a través de la piel o de alguna otra manera”.

De inmediato, en esa misma reunión y donde pudieron, médicos, científicos e instituciones rechazaron esa divagación de Trump. Pese a ello, hubo casos de personas intoxicadas por atender la sugerencia del magnate y haber consumido cloro, desinfectante Lysol y otros productos de limpieza. Esto provocó que el gobierno quisiera aclarar lo dicho por el presidente, quien tuvo que decir después que había sido sarcástico en aquella ocasión.

Posteriormente y pese a que la situación de la Covid-19 en Estados Unidos se agravaba, en julio Trump se declaró por una solución aún más fácil: que, sencillamente, el problema terminaría.

“Estamos haciéndolo muy bien con el coronavirus. Creo que, en algún momento, esto simplemente va a desaparecer. Eso espero”.

También en julio el magnate promovió el uso de la hidroxicloroquina: “Ocurre que creo en ello. Como saben, lo he tomado durante un período de 14 días. Y aquí estoy. Creo que funciona en las fases previas”.

Ahora, seis días después de que Trump entregara el poder, en Estados Unidos son reportados 25 millones 415 mil 114 contagiados de Covid-19 y 424 mil 398 muerte por esa enfermedad. Es el país que encabeza ambos aspectos a nivel mundial.

Otro líder del continente americano destacado por sus declaraciones sobre la Covid-19 es Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, quien, casi en los mismos términos que sus similares de México y Estados Unidos, calificó a esa enfermedad como “apenas una pequeña gripe”.

Posteriormente dijo que la epidemia no era más que una pequeña crisis y afirmó que “el tema del coronavirus es mucho más fantasía, que no es todo lo que los principales medios de comunicación propagan o propagan en todo el mundo”.

También advirtió que por la Covid-19 Brasil no podía entrar en una neurosis “como si fuera el fin del mundo” y denunció que incluso hay un interés económico para provocar histeria.

Desde marzo Bolsonaro anunció su caluroso remedio para la Covid-19: “Hoy tenemos información de que, debido a que tenemos un clima más tropical, casi hemos llegado al final o ya ha terminado. El virus no se propaga tan rápido en clima cálido climas como el nuestro”.

Pero Bolsonaro también explicó su remedio personal contra la Covid-19: su trayectoria de atleta, por la que, “en caso de que fuera contaminado por el virus, no tendría que preocuparme. No sentiría nada; como mucho, una gripecita o un resfriadito”.

AFP

En noviembre el mandatario brasileño también incluyó la homofobia entre los escudos de su país contra la pandemia: “Todos nos vamos a morir un día, aquí todos van a morir. No sirve de nada huir de eso, huir de la realidad. Tienen que dejar de ser un país de maricas. Tenemos que enfrentar de pecho abierto, luchar”.

Hasta este lunes Brasil reportaba 8 millones 933 mil 356 contagiados por Covid-19 y 218 mil 878 muertos por esa enfermedad, tercer y segundo lugar mundial, respectivamente.

El folclor continental no puede excluir al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien acaba de anunciar una “goticas milagrosas” desarrolladas en su país contra la Covid-19, las que. Según él, pueden neutralizar al coronavirus.

Se trata del Carvativir. Maduro dijo: “Habiéndose establecido la patente nacional e internacional, habiendo recibido el permiso sanitario oficial del país, puedo presentar la medicina que neutraliza al cien por cien el coronavirus”.

Añadió que las goticas milagrosas han sido aplicadas en experimentos masivos con buenos resultados. Y dijo que en Venezuela “pensamos en la humanidad”.

Sin embargo, hasta ahora no hay ningún aval científico internacional a tales goticas.

Pero apenas en octubre de 2020 Maduro también anunció una medicina que, al igual que las goticas milagrosas, supuestamente anula al ciento por ciento el coronavirus. Dijo que se trataba de una molécula llamada TR-10, que fue aisladas y confrontada con el Sars-CoV-2, que lo aniquila y que, además, no causa toxicidad ni efectos secundarios.

Hasta ahora no ha pasado nada con los productos del gobierno de Maduro. Los que sí han ocurrido en Venezuela son 124 mil 112 contagios de Covid-19 y mil 154 muertos por Covid-19.

Otro que ganó palmas en los absurdos fue el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien, en pleno desarrollo de la pandemia y contra todas las recomendaciones científicas, realizó el 14 de marzo de 2020 una multitudinaria marcha llamada Amor en tiempos del Covid-19.

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