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FOTO: DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO.COM

El servilismo, el sectarismo y la ingratitud son lastres tan arraigados en Morena que su dirigencia cometió la estulta salvajada de excluir a Ricardo Monreal del “desayuno de la unidad” y del baño de acarreados de precandidatos en Toluca.

Servilismo porque, de los aspirantes a la Presidencia de la República, solo fueron invitados los tres machuchones que más ha piropeado Andrés Manuel López Obrador.

Sectarismo porque excluyeron al más fuerte competidor interno de las corcholatas.

Ingratitud porque el coordinador de la bancada en el Senado y presidente de la Junta de Coordinación Política ha conseguido para la 4T la aprobación de todas (27-28) las iniciativas presidenciales (la eléctrica no, porque ni siquiera le llegó, luego de ser abortada por la oposición en la Cámara de Diputados).

Presurosos en lambisconear al poderoso fundador de su partido, los organizadores fueron incapaces de aplicar la lógica de inclusión en que terqueó AMLO para que se invitara a los dictadores de Nicaragua, Venezuela y Cuba a la reciente Cumbre de las Américas, con la sustantiva diferencia de que Monreal nada tiene que ver con quienes desprecian y combaten la democracia.

No es de sorprender, por lo mismo, que el propio López Obrador, inquirido sobre la exclusión de su correligionario, ordenara el lunes: “Hay que invitarlo. ¡A todos! A Esteban, a Ricardo, Ricardo Monreal, a Tatiana…”.

Tan alevosa y turbia fue la convocatoria, que el dirigente Mario Delgado quiso lavarse las manos, endilgándole la responsabilidad de las invitaciones al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, pero éste de inmediato lo desmintió.

El agravio a Monreal fue tan burdo que, no habiéndolo sonsacado para la proteinización colectiva, en cuanto terminó el desayuno se le pidió por teléfono acarrear a los senadores que coordina para ir a hacer bulto en Toluca.

Si para Marcelo Ebrard, como lo dijo el domingo, no hay “piso parejo”, más irregular, agreste y resbaladizo es donde Monreal está parado.

Por eso ve en el fraudulento “desayuno de la unidad” una pésima señal, pero “no voy a declinar ni voy a ocultar mis aspiraciones legítimas”, declaró ayer.

La inclusión, recordó, es uno de los valores que desde su fundación reivindicó Morena, pero ahora traiciona su compromiso.

—¿Hasta cuándo aguantarás las groserías? —le preguntó Pepe Cárdenas.

—Voy a resistir. El límite es la dignidad…

Morenista de criterio propio y encomiable autonomía, Monreal busca exactamente lo contrario que Morena: la reconciliación nacional, y rechaza la siembra de odios y las divisiones.

“Espero no seguir incomodando más a la estructura del partido”, sueña, y reitera su rechazo a las encuestas de Morena, porque “carecen de transparencia, de calidad y de honestidad”.

Su ética política le es intolerable a sus empoderados camaradas del partido que cofundó y al que tanto ha servido.

Sin embargo, dice con desconcertante resignación, “no tengo otro camino ni plan B que dar la pelea dentro de Morena…”.

Mas información en: Milenio

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