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Foto: Twitter

La imagen decía más que mil palabras. La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, sentada en la misma mesa que su acérrimo rival en la carrera hacia 2024, el senador Ricardo Monreal. En medio de los dos morenistas, el facilitador del encuentro: Adán Augusto López Hernández, hombre que ha mostrado oficio como secretario de Gobernación.

Busqué al coordinador de los senadores de Morena para que abundara sobre el singular encuentro con la consentida de Palacio Nacional. Nos dijo: “Fue una reunión sincera, franca, oportuna, de alto nivel político y mucho respeto. Se abordaron temas distintos, sin reproches, sin reclamos.

“Quedaron superadas opiniones distintas. Lo que se pretende es no poner en riesgo la unidad del movimiento. Ésa es la idea. No profundizar diferencias”, puntualizó. Sheinbaum se limitó a calificar de “fructífera” su reunión con el morenista que más detesta, en un escueto mensaje en Twitter.

Monreal se había reunido previamente con Marcelo Ebrard, otro de los presidenciables de Morena. Una foto de los dos en Zacatecas, donde el canciller acudió a la toma de protesta del gobernador David Monreal como representante oficial, dio lugar a un alud de especulaciones.

Le preguntamos al senador los motivos que lo llevaron a buscar a Claudia y a Marcelo. “Si soy capaz de llegar a acuerdos con la oposición, ¿cómo no voy a lograr acuerdos con mis compañeros del movimiento?”, nos dijo.

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¿Quedaron superadas las diferencias? Hagamos memoria. Hasta ayer, Sheinbaum y Monreal no se podían ver. Las intrigas palaciegas los distanciaban. Sus respectivas agendas hacia 2024 perfilaban un choque irremediable.

Para nadie es un secreto que el senador fue acusado de traición por allegados a la jefa de Gobierno de la CDMX. Lo responsabilizaban de la derrota de Morena en las alcaldías Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, y  hasta del triunfo del priista Adrián Ruvalcaba en Cuajimalpa. Las intrigas tuvieron eco en Palacio Nacional. AMLO le retiró temporalmente su confianza a Monreal. No sólo lo sacó de su lista de presidenciables, sino que congeló la relación durante semanas.

El hielo se rompió cuando el Presidente le pidió que operara la llegada de Olga Sánchez Cordero a la presidencia de la Mesa Directiva del Senado, al cuarto para las doce. Cuatro senadoras ya estaban listas para contender por el cargo. Había riesgo de rebelión. Monreal habló con ellas. Se disciplinaron. A AMLO no se le cuestiona, se le obedece. Acataron, al menos públicamente, la encomienda del hombre de Palacio.

La operación de Monreal se extendió a las bancadas de la oposición, pues Sánchez Cordero llegó al cargo con el apoyo de éstas, a excepción de una parte del grupo panista.

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