“Decretazo”: acto de desesperación, no de fortaleza; es una”cínica toma del poder”: Wall Street Journal

El “audaz decreto” (llamado en México “decretazo”), emitido por Andrés Manuel López Obrador el 22 de noviembre parece ser un “acto de desesperación, no un signo de fortaleza”, además de un coqueteo claro hacia las Fuerzas Armadas, afirmó Mary Anastasia O’Grady, columnista de The Wall Street Journal.

“Cuando el presidente mexicano se pronunció respecto a la Constitución la semana pasada, para algunos se sintió como el principio del fin de la democracia mexicana”, señaló.

En el artículo llamado López Obrador corteja a los militares, la periodista hace un análisis implacable de lo que en redes sociales mexicanas se ha llamado el “decretazo presidencial” que cataloga las obras de infraestructura del gobierno como materia de seguridad nacional.

“Su audaz decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 22 de noviembre, probablemente será derribado por la Suprema Corte de Justicia mexicana. Esto sugiere que se trata de un acto de desesperación, no un signo de fortaleza. Pero puede haber otra razón para hacer una proclama tan estrafalaria que ni siquiera el presidente espera que se sostenga” y se trata de la reforma eléctrica.

La analista considera que detrás del decreto en cuestión se encuentra la intención de inflamar a “las bases” de AMLO, para poder tomar control del mercado eléctrico.

El decreto designa importantes sectores de la economía mexicana como de “seguridad nacional” y la lista de dichos sectores implica “lo que el presidente decida que está incluido”.

Refiere que bajo la ley mexicana vigente “una vez que un proyecto se considera de seguridad nacional, no se permiten las licitaciones y los términos de los contratos se mantienen en secrecía”.

A ello hay que añadir que AMLO se ha estado granjeando a los militares al darles contratos para sus “proyectos consentidos” y ampliando sus oportunidades de hacer dinero.

La periodista informa a sus lectores que mediante el decreto el presidente ordena a los organismos autónomos a autorizar los proyectos del gobierno en tiempo récord y las autorizaciones no otorgadas en cinco días serán “consideradas resueltas en sentido positivo”.

“Traducción: lo que AMLO quiere, AMLO lo obtiene”.

En síntesis, dice, “se trata de una desregulación solo para proyectos del gobierno, lo cual no es desregulación en lo absoluto”.

“El señor López Obrador ha apostado su presidencia en lo que llamada la “cuarta transformación” del país. Él visualiza un México que luce como en los 70, cuando el Ejecutivo encabezaba una dictadura blanda. México necesita esto, razona AMLO, porque solo un líder moralmente superior como él mismo puede concretar la verdadera justicia. Y, aun cuando este presidente fuera tan puro como proclama, la historia no está de su lado”.

O’Grady recuerda que, de acuerdo con encuestas internacionales, México ha sido considerado por mucho tiempo uno de los países más corruptos. Este problema ha sido enfrentado por los liberales mexicanos mediante la construcción de instituciones.

Estas instituciones no son perfectas, dice. Pero su imperfección se está usando como una excusa para demolerlas, en una “cínica toma del poder” por parte de AMLO.

El verdadero problema de AMLO, agrega, es que aun cuando sigue siendo popular, México está cruzado por intereses que no comparten sus ideales: desde comunidades mayas que se oponen a que el Tren Maya pase por sus tierras, hasta inversionistas en energía que han firmado contratos con el gobierno.

“En una democracia liberal, hasta los intereses más minoritarios conservan sus derechos a la propiedad, contratos y acceso a los tribunales”, enfatiza.

Cierra su texto diciendo que AMLO corre directo a darse de cabeza contra la pluralidad, en donde “los límites al poder Ejecutivo, legalmente impuestos por el Congreso y los tribunales, amenazan con ralentizar su agenda en la segunda mitad de su mandato”.

*ofv

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