Cuestiona The Wall Street Journal la ética de Romo, mastín económico de AMLO

Cuestiona Wall Street Journal ética de Romo, mastín económico de AMLO
Jesús Almazán / Expansión

“Cómo hacerse rico muy rápido en México”, es el título del artículo que Mary Anastasia O’Grady escribe para The Wall Street Journal, en el que rememora un negocio riesgoso de Alfonso Romo, a quien define como “uno de los principales patrocinadores del puntero para la Presidencia de México (AMLO, pero que) tiene un turbio historial comercial”.

El reconocido diario estadounidense hace notar que el tema de las relaciones peligrosas de Romo “es importante para las elecciones, entre otras cosas porque la marca registrada del señor López Obrador en política es el corporativismo de amigos; antes de que los mexicanos lo hagan Presidente, deberían saber un poco más sobre sus patrocinadores”.

El exgobernador del otrora Distrito Federal (hoy, Ciudad de México) Andrés Manuel López Obrador, encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales de julio en México; dada su reputación como extremista antimercado, agrega el WSJ, ello puede parecer sorprendente dada la modernización de México; pero ha sido ayudado por el respaldo del magnate de Monterrey Alfonso Romo, a quien el candidato ha nombrado jefe de gabinete de su hipotético futuro equipo de gobierno.

El respaldo de Romo tiene el objeto de reformular la imagen de López Obrador como un político moderado que se hará amigo de los capitalistas, siempre y cuando no hayan hecho trampa para salir adelante. El Sr. Romo habla de juego limpio; en una entrevista de noviembre con el periodista de televisión Carlos Marín, dijo que México debe ser “reconstruido” porque “hay una falta de valores éticos y morales”.

Sin embargo, destaca el diario, “no está claro que el señor Romo sea el mejor ejemplo de ética empresarial, pues al menos en una ocasión, con su empresa Seminis, hizo una matanza (make a killing) y dejó dudas sobre su compromiso con la transparencia y la responsabilidad fiduciaria” (hacer una matanza, ‘make a killing’, singifica obtener una gran ganancia rápidamente por cerrar o vender un activo en el sector inmobiliario o de negocios; esta expresión alude al éxito del cazador).

En 2002, Romo fue presidente y CEO del conglomerado mexicano Savia; también fue presidente y director general de una empresa llamada Seminis, que producía semillas y era propiedad en 75% de Savia y cotizaba en la bolsa de valores Nasdaq.

La empresa de semillas se había involucrado en una rápida expansión a través de adquisiciones, lo que creó un estrés financiero que podría haberse superado usando los mercados de capitales. En cambio, en diciembre de 2002, Savia firmó una carta de intención no vinculante para vender la empresa a la firma de capital privado con sede en California Fox Paine.

“Bernardo Jiménez, un vocero de Romo, me dijo por teléfono desde México que Fox Paine había mostrado interés en la compañía por varios años y que el Sr. Romo veía esto como ‘la mejor opción para lidiar con la pesada carga de deuda de Seminis'”.

La oferta inicial de Fox Paine fue de $3.40 por acción; la junta directiva de Seminis había contemplado un precio de $4.00 por acción para los accionistas públicos. Así que el 17 de diciembre de 2002, formó un comité especial para estudiar la oferta, discutir “modificaciones” y llegar a un acuerdo. El acuerdo final ofrecido a los accionistas públicos fue de $3.78 por acción y de $3.40 a Savia. El Sr. Jiménez lo describe como el resultado de la negociación.

El valor de la transacción, según un comunicado de prensa de la compañía del 2 de junio de 2003, fue de más de $650 millones. Savia sufrió una pérdida, en pesos de 2003, equivalente a aproximadamente $224 millones, según los estados financieros.

Los accionistas nunca descubrirían lo que el mercado estaba dispuesto a pagar por la compañía. “Savia expresó su renuencia a realizar cualquier transacción distinta a la contemplada en la carta de intención y, por lo tanto, la junta directiva de Seminis no autorizó al comité especial a iniciar, solicitar o aceptar propuestas alternativas con respecto a Seminis”, según la Declaración de Seminis con fecha del 8 de agosto de 2003, solicitando a los accionistas que aprueben el trato.

El Sr. Jiménez dijo que la compañía ya había probado “a los principales jugadores”. Fueron golpeados por la controversia sobre los OGM (organismos genéticamente modificados) y no tenían ningún interés“.

El representante señala que “el objetivo principal de la fusión y las transacciones relacionadas [era] permitir que Fox Paine y los afiliados de Romo participantes sean propietarios de todas las acciones comunes de Seminis”. No se permitió a los accionistas públicos conservar la propiedad. Tenían que contentarse con un precio que era 50.6% superior al precio de mercado el día anterior a la publicación de la carta de intención, aunque la acción había cotizado hasta $ 3.99 por acción a principios de ese año. Solo el Sr. Romo y sus afiliados debían ser “accionistas permanentes”.

El Sr. Jiménez dijo que la idea era “privatizar la empresa, reestructurarla y venderla”. Después de la finalización, según la presentación de la Comisión de Bolsa y Valores de Seminis del 11 de marzo de 2004, el Sr. Romo y sus filiales poseían al menos el 41% de las acciones comunes completamente diluidas y pueden haber tenido hasta un 52% de control a través de las partes que actúan en nombre del Sr. Romo. Fox Paine tenía el equilibrio.

Aunque el sobreendeudamiento ocurrió durante el mandato de Romo, fue de nuevo contratado como CEO y presidente y se le otorgó un salario anual de un millón y se le dio el derecho de nombrar a la mayoría de la nueva junta por hasta cinco años. El Sr. Jiménez, que había sido director financiero de Savia, se convirtió en director financiero de Seminis.

Savia tendría otra razón para la consternación: El acuerdo de Fox Paine se cerró el 29 de septiembre de 2003 y el 22 de enero de 2005, unos 16 meses después, el Sr. Romo y Fox Paine firmaron un “acuerdo y plan de fusión” con Monsanto por mil 500 millones de dólares.

Una presentación de la SEC, fechada el 11 de octubre de 2005, valoró la transacción de Monsanto en mil 500 millones en efectivo y asumió la deuda más un bono de rendimiento de hasta $125 millones pagaderos a una compañía llamada Marinet, que el Sr. Jiménez me dijo que era propiedad de afiliados de Mr Romo, señala WSJ.

La primera reunión con Monsanto, según el Sr. Jiménez, fue en octubre de 2004; se firmó una carta de intención en diciembre de 2004. Eso implica que el Sr. Romo, sus afiliados y Fox Paine comenzaron a negociar la venta de Monsanto más o menos un año después de comprar Seminis.

La ganancia de $950 millones duplicaba y más el dinero de Romo y sus socios: pero la restauración ordenada de la compañía que supuestamente dirigía Romo nunca fue una tarea en la venta de 2003. Fox Paine no respondió a las solicitudes de comentarios del WSJ.

Jiménez explica la enorme mejoría de la operación con Monsanto diciendo que Seminis se reestructuró y la controversia sobre los OGM retrocedió, “revalorizando enormemente a las compañías agrícolas y de semillas”.

Sin embargo, “es una historia que naturalmente plantea la pregunta de si el CEO Romo mantuvo su responsabilidad fiduciaria como presidente para llevar a cabo un trato justo y transparente parfasus accionistas, la definición misma de ética”.

La respuesta es importante en las elecciones, “entre otras cosas porque la marca registrada del Sr. López Obrador en política es el corporativismo de amigos. Antes de que los mexicanos lo hagan presidente, deberían saber un poco más sobre sus patrocinadores”, concluyó.

aml

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