El Conacyt da apoyo millonario a proyecto propagandístico de Ackerman

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) informó que entregó a un proyecto sobre redes sociodigitales “en una era de transformación social”, a cargo de John Ackerman, 5 millones 800 mil pesos. Es un proyecto propagandístico llamado Tlatelolco Lab, y se desarrolla como parte del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM.

Según informa El Universal, mediante una solicitud de información dirigida al Conacyt un ciudadano preguntó acerca de si Ackerman tiene algún convenio y recibe recursos de ese organismo para su programa Diálogos por la democracia, que se transmite por TV-UNAM los domingos y que es retransmitido los miércoles, en el que de manera predominante se invita a funcionarios del gobierno federal y a comentaristas afines, entre los que se han contado youtubers inclusive.

Además, el ciudadano inquirió sobre la participación del locutor en el Conacyt y si ha recibido algún financiamiento.

La solicitud fue respondida en noviembre del año pasado por María del Carmen de la Peza Casares, directora adjunta de Desarrollo Científico. El documento de respuesta afirma que esa dirección no tiene conocimiento de algún convenio acerca de esa emisión televisiva y que “se desconoce si ha sido entregado algún monto al citado programa”.

Lo que sí acepta es que el Conacyt destinó 5 millones 817 mil pesos para el proyecto titulado “Democracia, culturas políticas y redes sociodigitales en una era de transformación social”, del que es responsable técnico Ackerman, recursos que fueron entregados a la Coordinación de Humanidades de la UNAM.

Sobre el destino de los recursos entregados por el Conacyt al proyecto encabezado por Ackerman, El Universal menciona al PUEDJS, en el que se encuentra “un laboratorio digital, una encuesta nacional, estudios de caso y documentales”.

Al respecto, en El Universal presumen que se trata del Tlatelolco Lab, “laboratorio digital para la democracia”. Sin embargo, no sólo puede presumirse, como lo hace el diario: sin duda, se puede asegurar. En efecto, en la parte baja del micrositio de ese proyecto se puede leer: “La creación del Tlatelolco Lab fue posible gracias al generoso apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) por medio del proyecto ‘Democracia, culturas políticas y redes socio-digitales en México en una era de transformación social’”.

De Tlatelolco Lab, presentado apenas hace unos días, El Universal cita uno de los tres estudios de caso que se encuentran en el micrositio del Tlatelolco Lab, titulado Los usos políticos de la pandemia. Narrativas y desinformación en México, producto del proyecto del que, tras una muy breve cita, dice de manera irónica: “Cinco millones bien invertidos. ¿Quién, con su narrativa opositora, podría estar en desacuerdo?”.

El documento de trabajo mencionado, de 80 páginas, coordinado por Julián Atilano (quien ha sido, por ejemplo, colaborador de Polemón y que en redes sociales es un férreo defensor del gobierno federal), es una pieza propagandística en defensa del gobierno federal actual y para descalificar a sus críticos, medios de comunicación, científicos, periodistas y políticos, a los que atribuye fines de desestabilización política.

En lo que en el documento llaman “reflexiones finales” se puede leer, entre muchos otros, este fragmento de deslegitimación de los críticos del gobierno federal: “En suma, la pandemia se convirtió en el pretexto que la oposición necesitaba para desestabilizar al Gobierno de México. Ante la ausencia de liderazgos, de un programa político, de una agenda y de una base social cohesionada que le hiciera frente al nuevo régimen político, la fuerza antagónica utilizó la emergencia sanitaria para disputar el sentido común de la población. Esto generó un enfrentamiento entre diversas narrativas y contranarrativas que exhibieron dos visiones de Estado. Por un lado, los principios de solidaridad y justicia social que enarbolan la salud pública y, por otro, un modelo que busca garantizar los valores individuales y privatistas para fortalecer el mercado”.

En esa sección hay una joya propagandística de apología al gobierno de Andrés Manuel López Obrador: “Anteponiendo los intereses del pueblo y situándolo como sujeto político, desde el 9 de enero de 2020, el gobierno federal planteó una ruta de acción integral y desplegó su capacidad institucional para mitigar y contrarrestar los efectos de la enfermedad Covid-19. Sin embargo, esta estrategia fue menoscabada por la fuerza antagónica al proyecto de la Cuarta Transformación”.

Por allí va también el documento de trabajo número 1 del Tlatelolco Lab, Narrativas en disputa y mecanismos de desinformación en el ecosistema mediático durante los procesos electorales de 2012 y 2018, coordinado por Erika Pérez, en cuya introducción se dice esto acerca del contenido: “Del apartado 3 al 9 se presentan siete narrativas y distintos mecanismos de desinformación que tuvieron lugar en las contiendas electorales: el movimiento #Yosoy132 que tomó los medios para contrarrestar la desinformación gubernamental; la automatización social puesta en operación a favor de Josefina Vázquez Mota; la participación de los grupos empresariales a través de videos en redes; las universidades públicas como agentes políticos; la llamada ‘Operación Berlín’ y su intento de dañar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, el posicionamiento de tendencias en Twitter a favor de José Antonio Meade y finalmente, la #AMLOmanía, una expresión ciudadana de apoyo al candidato de izquierda presente en la capa digital, mediática y física. El documento cierra con un apartado de hallazgos y reflexiones finales”.

En el micrositio hay una parte dedicada a la “coyuntura”, en la que el único documento que hay es una alabanza a la reacción al hashtag #AMLOmanía, que circuló ampliamente en redes sociales durante el proceso electoral de 2018. Ese fenómeno estuvo basado en la oferta de productos y servicios gratuitos que varios usuarios hicieron si López Obrador ganaba la presidencia, lo que le parece a Tlatelolco Lab ejemplo de “redes solidarias”, y añade que de esa forma “las y los ciudadanos refuerzan una cultura política democrática que trasciende los valores del individualismo”. Ni la más mínima mirada crítica.

Asimismo, en el directorio del Tlatelolco Lab aparece entre las webmasters Marisol Espejel, cuyo segundo apellido es Ballesteros (este no aparece en el micrositio), quien es prima de Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública y esposa de John Ackerman, responsable del proyecto financiado por el Conacyt. Así lo había denunciado Guillermo Sheridan en junio de 2020 en ocasión del PUEDJS.

Sobre el aspecto sanitario que aborda el primer panfleto citado del Tlatelolco Lab, cabe mencionar, por ejemplo, que Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud y responsable de la atención a la Covid-19, estuvo como invitado en los dos programas de televisión que Ackerman conduce en TV-UNAM, Diálogos por la democracia (5 de abril de 2020), y en el de Canal Once, John & Sabina (12 de agosto de 2020). En el primero se destacó el aspecto político (la presunta posición “antineoliberal” del epidemiólogo), mientras que en el segundo, acerca de los errados pronósticos de muertos por la epidemia en México, locutor e invitado denunciaron la presunta campaña negativa de medios de comunicación y farmacéuticas.

Asimismo, en diciembre de 2019 Ackerman fue invitado por la titular del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, a integrarse, según anunció el propio locutor en Twitter, “en el Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Científica e Innovación del Estado Mexicano (sic)”.

Ackerman dobleteó en su invitación (como lo ha hecho en no pocas ocasiones, como se puede comprobar con los casos de López-Gatell y varios funcionarios más del gobierno federal) a Álvarez-Buylla a sus programas de televisión: John & Sabina, de Canal Once (24 de septiembre de 2019), y Diálogos por la democracia, de TV-UNAM (19 de abril de 2020).

Así, con recursos del Conacyt y de la UNAM, instituciones públicas científicas y educativas, el locutor John Ackerman hace avanzar su agenda de narrativa propagandística del gobierno actual.

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