Recomendamos: ¿Se cansó de votaciones? Espérese, porque ahora sigue la “revocación”, por Pascal Beltrán del Río

Foto: Cuartoscuro

Apenas terminó la consulta popular y ya tenemos en el horizonte una nueva cita con las urnas: aquella que, tentativamente, tendrá lugar para que los ciudadanos decidan si le revocan el mandato al Presidente.

Esa nueva elección, en caso de ser convocada, ocurriría el domingo 6 de marzo de 2022, exactamente nueve meses después de los últimos comicios intermedios y 217 días después de la consulta.

Bajo la premisa de que “el pueblo pone y el pueblo quita”, Andrés Manuel López Obrador se prepara para otro capítulo de su campaña sin fin.

Ayer, en su conferencia mañanera en Puerto Vallarta, el Presidente se refirió al tema cuando le pidieron su opinión sobre la consulta del domingo y la escasa participación que tuvo ésta. “Es un buen inicio —dijo—, porque en marzo del año próximo viene otra consulta y van a participar muchos más ciudadanos, porque se le va a preguntar a la gente si quieren que continúe el Presidente o que renuncie”.

Desde que buscaba la Presidencia, López Obrador anunció que promovería una figura legal mediante la cual la ciudadanía pudiera rescindir el cargo al Ejecutivo. Originalmente, planteó que dicha consulta se realizara a la par de las elecciones intermedias. Sin embargo, las negociaciones para sacar adelante la necesaria reforma constitucional dispusieron que la votación sobre la permanencia del Ejecutivo se realizara después de que éste hubiese rebasado la mitad de su mandato.

Es curioso que la figura legal lleve el nombre de revocación y que sea el Presidente quien la promueva con intensidad. Probablemente está convencido de que una mayoría de los votantes estará de acuerdo en que se mantenga en el cargo o no cree factible que, en caso contrario, acuda a votar un mínimo de 40% del listado nominal para que proceda la destitución.

En cualquier escenario, López Obrador se garantiza con esa nueva consulta otros siete meses en los que la discusión pública girará en torno de su persona, tiempo en el que podrá dedicarse diariamente al esgrima con sus “adversarios”.

Pero antes de que dicha consulta pueda llevarse a cabo, deben cruzarse varias aduanas. La primera, aprobar la Ley de Revocación de Mandato, pues, hasta ahora, la figura está en la Constitución, pero no existe una legislación reglamentaria. La segunda, que se apruebe un presupuesto para el INE que contemple la realización de ese proceso, el cual, según me dijo ayer en entrevista el consejero presidente, Lorenzo Córdova, debe ser suficiente dada la seriedad del asunto. La tercera, que se recaben poco más de 2.8 millones de firmas de ciudadanos inscritos en la lista nominal (3% del total), en al menos la mitad de las entidades federativas.

Si se cumplen esos pasos, tenga usted por seguro que el país volverá a vivir, otra vez, varios meses en campaña. “Va a estar interesante”, dijo ayer López Obrador, entusiasmado por la posibilidad de que su nombre vuelva a estar en las boletas.

“Conviene tener un Presidente con respaldo ciudadano, con respaldo popular”, agregó. “Es un buen desafío y la oportunidad para consolidar ya en definitiva estos sistemas de democracia participativa”.

Al escuchar eso me acordé de otro Presidente, uno que estuvo once veces en el poder. Dicen sus biógrafos que gobernar no le satisfacía tanto, que se aburría en Palacio Nacional y que lo suyo era salir al campo de batalla a guerrear con sus enemigos. Que lo que realmente lo seducía no era detentar el poder, sino conquistarlo y saberse necesario.

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