El amor en tiempos de Tinder; citas románticas en el mundo virtual (y el real)

El amor en tiempos de Tinder; citas románticas en el mundo virtual y LVR
Hotel Italia Siena / Tinder

El 14 de febrero se ha popularizado en buena parte de Occidente desde inicios del siglo pasado como la fecha especial para el amor entre parejas y amigos; para la Iglesia católica es el onomástico de San Valentín. Como es lógico, el mundo virtual se ha vuelto también una opción, con numerosas aplicaciones para citas románticas y sexuales.

Según datos de Tinder, una de estas aplicaciones, cada día 26 millones de personas en el mundo se emparejan vía su propia plataforma, que acaba de celebrar su quinto aniversario. Los números seguramente son superiores los 14 de febrero, como sucede con la actividad hotelera. En México, la derrama económica de las parejas que celebran su romance este día es considerable.

La ceremonia suele incluir cena, intercambio de regalos y la visita a un hotel. En la Ciudad de México, el año pasado la Concanaco esperaba una derrama superior a los 20 mil 849 millones de pesos por consumo en restoranes, hoteles, moteles y lugares de esparcimiento; este año se prevee un incemento de 3.1% (21 mil 495 MDP).

Los hoteleros esperan ganancias de cuatro mil 660 MDP sólo el 14 d efebrero, informó la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, 4.0% más que el año pasado. ¿Cuánto gasta cada pareja en un hotel? Depende de zona, instalaciones y amenidades, cada detalle cuesta, pero el gasto puede fluctuar de 300 a cinco mil pesos; el promedio debe rondar los 600 pesos.

En conjunto pareciera que las nuevas tecnologías “han cambiado mucho los protocolos del amor, los han hecho más cortos y han facilitado la posibilidad de encontrar pareja”, según Francesc Núñez, director del máster de Humanidades de la UOC y sociólogo de las emociones en España.

Pero no es menos cierto que están transformado las relaciones de pareja, convirtiéndolas en un producto de consumo, que incluye elementos lúdicos que fomentan el narcisismo, y que no siempre mejoran la autoestima de sus usuarios. Núñez cree que el uso extendido de estas aplicaciones hace posible hablar de una tinderización del amor.

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De este lado del Atlántico las cosas son similares, Rolando Díaz Loving, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, opina que las nuevas tecnologías han apresurado el proceso de relacionarse, pues los usuarios empiezan en la etapa de “ya vamos a ser pareja”, y es difícil establecer un vínculo a largo plazo.

“Visto de esta forma, el concepto de amor romántico y cortesano, para toda la vida, ha cambiado a uno más comercial: elijo a alguien mientras me sirve, pero en el momento que ya no cumple mis propósitos busco alguien más”, refirió.

El uso de las nuevas tecnologías fomenta el individualismo, pues se busca un compañero con el único objetivo de satisfacer necesidades inmediatas, principalmente de tipo sexual. Si no se pretende un compromiso, sino una conexión de corto plazo, las aplicaciones para contactar a alguien son el modo adecuado.

La ventaja de usar aplicaciones es que de manera rápida se logra acceso a un menú amplio de candidatos; las contras son que este menú lleva a buscar pareja como si se eligiera ropa, y al final la idea de usar-deshacer impacta en la manera en que se inicia una relación”, advirtió.

Para Isabel Moreno, psicóloga especialista en terapia de parejas, estas aplicaciones ofrecen “la sensación de que se tienen más posibilidades” pero lo cierto es que al final “también depende de las habilidades de cada uno, y no hay ninguna evidencia de que sea más fácil comprometerse, sólo de que hay más oportunidades de tener sexo”.

Francesc Núñez señala que estas aplicaciones operan bajo el mismo principio que se aplica a la venta en línea de otros servicios y productos. La versión 2.0 del antiguo entre, compare y si encuentra algo mejor cómprelo, una “mercantilización de las citas”, como lo define Isabel Moreno, que añade que “es como ir al supermercado” en línea.

En opinión de Núñez, las personas “funcionamos en términos de mercado y nosotros somos una mercancía más”. El problema está en que cuando el amor se trata como un producto “se establecen relaciones con un vínculo muy débil, dice Núñez. Incluso, según Moreno, hay estudios que muestran que “hay gente con pareja que cuando tienen una crisis, se da de alta”.

A pesar de la tecnología, Moreno cree que en este tipo de servicios aún perviven ciertos mitos del amor romántico y mucha gente espera encontrar a su persona especial, su media naranja, pero lo que hacemos en estas plataformas “es seleccionar, no escoger. Escoger es la decisión consciente de querer estar con alguien, y buscar no siempre significa encontrar”, explica la psicóloga.

Francesc Núñez alerta además sobre la distancia que impone el entorno virtual, pues “es mucho más fácil engañar o disfrazar la realidad. Lo que se quiere, por encima de todo, es gustar”, apunta la especialista en terapia de parejas.

En estas aplicaciones “todos somos mucho más canallas, porque no tenemos al otro delante y por tanto la autorregulación no es la misma. Los tímidos siguen siendo tímidos, pero el machismo, el insulto y la agresividad son mucho mayores. No tener el rostro de censura del otro delante contribuye a ello”, opina Francesc Núñez.

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Antes flirtear era un proceso largo y ahora en 10 minutos ya puedes tener una cita con alguien, pero “si alguna cosa necesita el amor es tiempo para crear intimidad, y en estas aplicaciones eso es lo que menos hay”, apunta Moreno.

Paradójicamente “hay mucha gente que tarda mucho antes de tener un cara a cara, porque ya le va bien, porque lo entiende como un juego o porque considera que la relación que tienen es tan rica que no quiere pasar al plano real”, explica Núñez.

Las precauciones básicas para buscar un encuentro vía Internet son, dentro de las aplicaciones, proteger nuestra información financiera, nunca responder solicitudes de envío de dinero, especialmente al extranjero o por transferencia bancaria (incluso si la persona afirma tener una emergencia); tampoco hay que dar número de tarjeta de crédito o cuenta bancaria; proteger la información personal; no dar datos personales como número oficiales, dirección de trabajo o domicilio; las aplicaciones jamás mandan un e-mail solicitando el nombre de usuario y la contraseña.

Sobre usuarios sospechosos, se debe bloquear e informar a los responsables de la aplicación, la mayoría permite hacerlo de forma anónima; se debe intentar mantener las conversaciones dentro de los chats de las plataformas, aquellos que quieren aprovecharse de otros suelen tratar de moverse al correo electrónico personal, el teléfono o mensajerías externas a la aplicación.

Las precauciones fuera de las aplicaciones, las citas en LVR (la vida real), son las siguientes: ser prudente antes del cara a cara; vale la pena dedicar antes un tiempo a conocer la persona mediante las herramientas de la propia app; hay que desconfiar de los que empujan a la gente a comunicarse fuera de la plataforma de inmediato.

Para la primera cita, un lugar público donde haya gente, nunca uno privado o alejado (y nunca en nuestra casa); si la cita nos presiona en sentido contrario, mejor cortar el contacto; es aconsejable informar a familiares y amigos cercanos de nuestras citas, y conviene llevar el teléfono siempre con carga de batería completa.

Hay que asegurarse, además, de ser capaz de llegar y regresar al lugar de la primera cita con nuestros propios medios, sobre todo si las cosas no van bien; tener cuidado con el alcohol, que puede afectar nuestro buen juicio y, potencialmente, ponernos en riesgo; y por último (pero no al último) usar preservativos para evitar infecciones y embarazos.

(Con información de La Vanguardia, Economía Hoy y El Universal)

aml

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