AMLO o cómo fallarle al ángel de la guarda

Cuartoscuro

El presidente Andrés Manuel López Obrador, en vísperas de rendir su segundo informe de gobierno, afirma que el país está saliendo del hoyo en el que caímos, en medio de la crisis económica mundial más grave en 100 años. Sin embargo, no es así, como lo han señalado sus propios funcionarios, especialistas y cifras del propio gobierno.

En su conferencia de prensa, el presidente afirmó lo siguiente: “En efecto, es la crisis mundial en lo económico más profunda que se haya presentado en los últimos 100 años, en un siglo (…) Ahora les puedo decir que la estrategia ha funcionado y puedo probarlo; hasta ahora, a pesar de la difícil situación de la profundidad de la crisis, vamos saliendo del hoyo en que caímos, vamos saliendo. Ahora, mi pronóstico sobre cuánto tiempo, déjenme un poco más de margen y lo voy a hacer, pero estoy optimista, sé que vamos a salir adelante”.

Quien dista mucho de estar tan optimista como López Obrador es Arturo Herrera, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, quien el viernes pasado, en una reunión con legisladores del partido gobernante, Morena, explicó que para enfrentar la crisis económica más fuerte desde 1932, para el año próximo ya no se contará con los fondos de estabilización, con “guardaditos” (se refirió como tales especialmente a fideicomisos”), además de que las coberturas petroleras serán menores en 22 por ciento.

Además, el funcionario adelantó que en el próximo Presupuesto de Egresos los recursos para enfrentar tan grave crisis serán menores a los de 2018, 2019 y 2020.

Sobre la deuda, López Obrador coincidió con Herrera al indicar que la deuda va a subir por la depreciación del peso por la crisis, que dijo que “por cierto, ya el peso se está apreciando, llegó a estar a 25 pesos, un poco más, por dólar, la semana pasada ya bajó de 22 pesos por dólar, estamos hablando de tres pesos, eso es recuperación. De todas maneras, estaba en 18, 19, para 22”.

Además, sobre la crisis añadió que “estamos saliendo con costos bajos porque en otros países aplicaron la estrategia de siempre: de endeudarse para inyectar recursos arriba, a las corporaciones”.

Agregó: “Nos ha ido mejor en cuanto a la estrategia que se aplicó porque nos estamos recuperando, ese es un hecho. Se cumplió nuestro pronóstico de que íbamos a caer y nos íbamos a levantar, que iba a ser una V. Tenemos indicadores que demuestran que estamos saliendo de la crisis económica y estamos saliendo con costos bajos”.

Efectivamente, la crisis derivada de la Covid-19 es mundial, pero lo que varía son las políticas con las que cada país enfrenta su evolución y sus consecuencias, sobre todo sociales. En ese sentido, México no es un buen ejemplo de ninguna forma.

En el aspecto social, Nora Lustig (investigadora y profesora de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans) publicó el pasado fin de semana un artículo en El País (“Cuatro meses, cuatro países, cuatro respuestas”), en el que señala la política económica que han seguido cuatro naciones para mitigar las consecuencias sociales de la crisis. Así, Brasil ha invertido cerca de 2 por ciento de su PIB en el programa de Auxilio Emergencial, una transferencia de 107 dólares mensuales que beneficiará a más de 50 millones de personas; Argentina ha dedicado 1 por ciento de su PIB al Ingreso Familiar de Emergencia, transferencia de 148 dólares por tres meses para beneficiar a 9 millones de personas, y Colombia solamente ha destinado 0.3 por ciento a una política similar.

En esos términos, Lustig señala que el gobierno de México no ha hecho ninguna medida de mitigación, y lo más parecido es que adelantó dos meses de pago de dos programas sociales. Nada más. Y la investigadora destaca que “la proyecciones para México indican que el número de nuevos pobres puede ser de alrededor de 10 millones de personas. Paradójica situación para un país donde el lema de su presidente, Andrés Manuel López Obrador, es ‘primero los pobres’”.

Es decir, en términos sociales el gobierno no ha hecho prácticamente nada para enfrentar las devastadoras consecuencias sociales de la pandemia en honor a uno de los dogmas del neoliberalismo: tener “finanzas sanas”.

Acerca de los empleos, el presidente dijo que “en agosto, si salen bien los datos de estos dos días que nos faltan de registrar, ya tenemos 90 mil recuperados. Ya en agosto recuperamos, queremos, yo espero que sean 100 mil, de un millón perdidos, ya en agosto se recontrataron 100 mil. Entonces, ya se detuvo la pérdida de empleos formales”.

Empero, y como es su costumbre, el presidente no aporta ninguna fuente de tal dato. Y en la materia debe recordarse que en su discurso del 5 de abril, del que se esperaba un paquete de medidas importantes para enfrentar la crisis generada por la Covid-19, prometió la creación de 2 millones de empleos pese al sombrío escenario social y económico que ya se veía venir. Por el contrario, se perdieron un millón de empleos en unos cuantos meses y está mucho más que lejos la meta prometida por López Obrador (que ha dejado de mencionar ese compromiso).

El presidente también destacó como logro del gobierno el envío de recursos de mexicanos en el extranjero: “A pesar de la pandemia y también del desplome de la economía en Estados Unidos, han crecido las remesas que envían nuestros paisanos a sus familiares y eso llega a 10 millones de familias”.

El gobierno poco o nada ha hecho al respecto de esos trabajadores, y debe señalarse que, contra la relevancia económica que otorga a las remesas, durante su visita a Estados Unidos para entrevistarse con el presidente Donald Trump (adalid de la política antimigrante), López Obrador se negó a recibir a líderes organizaciones de mexicanos que viven y trabajan en ese país, no planteó al mandatario estadounidense las demandas de ellos y se limitó a alabar la relación que mantienen ambos gobiernos.

MÁS ALLÁ DE LA CATÁSTROFE

Acerca de la faceta sanitaria de la Covid-19, López Obrador dijo que “en la pandemia, con todo el dolor que ha dejado, estamos atendiendo enfermos, salvando vidas; contamos con el apoyo de todo el personal médico. No han faltado ni faltarán camas, ventiladores para atender enfermos y vamos avanzando poco a poco, vamos saliendo de esta pesadilla, va pasando la pesadilla de la pandemia”.

Sin embargo, como ha sido público, el funcionario encargado de la atención a la epidemia, el subsecretario Hugo López-Gatell, a quien el presidente ha respaldado, declaró el pasado 4 de junio que estimaba que por la Covid-19 habría entre 30 mil y 35 mil muertos, y que, en un escenario muy catastrófico, se rebasarían los 60 mil muertos. El 22 de agosto se llegó a esa cifra, y hasta ahora ya se han reconocido oficialmente 64 mil 414 (cuarto a nivel mundial después del rebase de India, y décimo país en muertos por esa enfermedad por millón de habitantes) sin que se observe que disminuyan los fallecimientos ni tampoco que haya un cambio en la estrategia para evitar muchas más muertes. Y no está de más mencionar los problemas que han presentado los procedimientos para llevar el registro de infectados y de muertos por Covid-19.

Casi lo mismo ocurre con los casos confirmados de Covid-19, que hasta ahora siguen aumentando: ya son 599 mil 560 (octavo lugar en el mundo). Mientras tanto, las pruebas de detección del coronavirus siguen siendo muy pocas (1 millón 345 mil 483, lugar 42 en el mundo) y se mantiene una alta positividad en ellas: según la Organización Mundial de la Salud, el número de pruebas positivas debe ser inferior a 2 por ciento del total de las aplicadas, mientras que en México está en 43 por ciento.

Acerca de la ocupación hospitalaria y el personal médico, el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM advierte con claridad: “Existen muchas formas de mantener a los hospitales por debajo del nivel de saturación sin que esto necesariamente signifique que los enfermos de Covid-19 están siendo atendidos o que la epidemia se está frenando. Si la epidemia no se detiene podríamos estar varios años manteniendo la ocupación hospitalaria debajo de la saturación y sin embargo el número total de enfermos de enfermos y muertos, así como el cansancio físico y emocional del personal médico, a lo largo de los años sería enorme”.

Por lo anterior el Centro recomienda que “los esfuerzos tanto del gobierno como de la sociedad deben estar encaminados a detener la propagación de la pandemia y no enfocarse principalmente a la ocupación hospitalaria”.

Sin embargo y pese a que ya se rebasó el escenario catastrófico planteado por el propio gobierno, se insiste en la estrategia sin ningún atisbo de cambio. Y no se observa de dónde pueda afirmarse que la pesadilla de la Covid-19 vaya pasando en nuestro país.

Al final de su conferencia de prensa, el presidente agradeció su popularidad (que derivó de encuestas que sólo él conoce) “al pueblo, que es mi ángel de la guarda. Gracias, gracias, muchas gracias al pueblo de México. Por eso no voy a fallarle, porque si no fuese por ese respaldo no sería nada”.

Así llega en temas muy relevantes el presidente Andrés Manuel López Obrador a su segundo informe de gobierno (aunque en este conteo no debemos descartar más sorpresas: cuando hace un año presentó lo que debió haber sido su primer informe, resultó que para el mandatario era el tercero, porque a los 100 días de su gestión y el primero de julio ya había rendido otros, según sus siempre muy peculiares datos).

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