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Foto: Reuters

El paciente cero de coronavirus en Estados Unidos se presentó el 19 de enero en el servicio de emergencias de una clínica de Seattle, en el Estado de Washington, el noroeste del país, con algo de fiebre y tos. Tenía 35 años y acababa de regresar de un viaje familiar a Wuhan (China). Los médicos tomaron muestras y las enviaron a un laboratorio del Centro de Control de Enfermedades Infecciosas y Prevención de Atlanta, que al día siguiente confirmó el primer caso identificado de la Covid-19. El enfermo quedó aislado, todo el personal médico que lo atendió se protegió, pero algo tuvo que fallar. O algún otro brote llegó de otro modo. El paciente se había recuperado el 21 de febrero; el 29, en la misma ciudad, se registró el primer muerto.

Hoy, Estados Unidos ya acaba de superar a China en número de infecciones, con cerca de 104.000 casos y 1.693 fallecidos, según los datos del viernes por la tarde de la Universidad Johns Hopkins, lo cual, en un país de 329 millones de habitantes, significa una ratio de incidencia mucho más baja que en España o Italia. El ritmo de aumento, aun así, apunta a una escalada rápida. Más de la mitad de los ciudadanos se hallan sometidos a diferentes grados de confinamiento, pero cada Estado actúa por su cuenta, en función en la gravedad de la situación en su territorio, aunque en ocasiones también influidos por un trasfondo social.

Mientras California y Nueva York han pedido a sus ciudadanos que se encierren en casa todo lo posible, Maryland y Kentucky han cerrado los negocios no básicos, pero han evitado dar órdenes de quedarse encerrados. Texas, el segundo Estado por población (30 millones), también ha evitado emitir mandatos generales y ha dejado la decisión en manos de los condados. Y Misisipi ha optado por una orden ejecutiva para cerrar los “negocios no esenciales”, con el pequeño matiz de que dentro de la lista de negocios sí esenciales incluye bares, restaurantes (incluido el servicio de comedor) e inmobiliarias. “EE UU nunca será China”, argumentó el gobernador, Tate Reeves, el lunes. “Estamos en contra de los modelos de dictaduras como China”, aclaró el jueves.

“Creo que en algunas regiones del Estado donde hay casos más esporádicos sería un problema ordenar a la población algo que les impida ganarse un salario, cuando si van a trabajar no generan ningún efecto en lo que respecta al virus”, señaló el miércoles, por su parte, el gobernador de Florida, Ron de Santis. La cuestión es si Estados como el suyo, ahora con 2.400 casos confirmados y 28 fallecidos, pueden convertirse en un nuevo foco sin medidas más restrictivas.

El propio presidente estadounidense, Donald Trump, también quiere acelerar la vuelta a la vida normal y planea unas nuevas directrices de prevención de los contagios que diferencie los territorios entre alto, medio y bajo riesgo, de modo que unas zonas del país puedan entrar en funcionamiento antes que otras. El republicano explicó a los gobernadores del país este jueves que el aumento de la capacidad para hacer pruebas del virus en la población —uno de los principales problemas en EE UU y otros países— iba a generar un conocimiento más pormenorizado del mapa del problema. La Administración de Trump emitió las primeras recomendaciones, como la de evitar reuniones de más de 10 personas, a nivel nacional, pero son los Estados los que las implementan.

Mientras, los gobernadores de los Estados más castigados reclaman más intervención federal. También los Ayuntamientos. Una encuesta entre alcaldes de 213 ciudades en 41 Estados publicada el viernes revela que el 90% no dispone de suficientes mascarillas, kits de prueba y otros equipamientos para hacer frente a la ola de la enfermedad.

Un respirador para dos pacientes

Nueva York, zona cero del pandemia de Estados Unidos, con casi la mitad de los casos registrado en todo el país, ha empezado a ver rotas las costuras de su sistema hospitalario. Uno centro de la ciudad, el NewYork-Presbyterian, ha empezado a utilizar el mismo respirador para dos pacientes con el fin de hacer frente al déficit de equipamiento, según publicó este viernes The New York Times. Los médicos han desarrollado protocolos específicos para ello.

La cifra de hospitalizados en el Estado superaba los 6.400 este viernes por la mañana y se duplica cada cuatro días. El gobernador, Andrew Cuomo, que ha alertado de la necesidad de 30.000 respiradores más, se ha topado con la incredulidad de Trump. “Tengo la sensación de que muchas cifras que se dicen son mayores de lo que al final hará falta”, dijo el jueves por la noche en la Fox. “No creo que necesites 40.000 o 30.000 respiradores. Vas a grandes hospitales y tiene dos, y ahora de repente están diciendo: ¿Podemos encargar 30,000?”.

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