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Cuando la información ambiental no era un contenido ‘sexy’ al que se enganchaban los adolescentes, ya había algunos periodistas que se empeñaban en elaborar informaciones rigurosas sobre medioambiente, en alertar sobre el deshielo del ártico y la desaparición de la capa de ozono. Arturo Larena (Madrid, 1962) era uno de aquellos pocos.

Pero ahora que este contenido es casi tendencia, el rigor informativo que perseguían estos periodistas está sucumbiendo al clickbait. “Vivimos en la época de la monitorización por el clic y no se profundiza en los temas, no se hace el seguimiento adecuado y acaban mezclándose las cosas” apunta el hoy director de EFEVerde.

Con una trayectoria de más de 30 años en periodismo ambiental, Larena califica esta cobertura de errónea. “La información ambiental es muy delicada porque está ligada a la ciencia. En este tipo de periodismo hay mucho trabajo de documentación y de investigación, de realización de entrevistas y contraste de fuentes”.

El periodista asegura que hace falta tiempo para entenderla y para después poder explicarla, y para ello, la especialización es fundamental: “Solo la especialización te permite dominar los temas y elaborar informaciones de calidad, contextualizadas (…) así puedes evitar que te cuelen noticias falsas o detectar fuentes poco apropiadas”.

Conoce por experiencia el esfuerzo que supone a los periodistas ganarse un espacio propio en los medios. Parece que lo están consiguiendo. La información ambiental que tradicionalmente se escondía en los cajones de Cultura y Ciencia ahora tiene secciones propias, primeras páginas en los periódicos e incluso medios propios.

“Cuando se producen las elecciones y el ecologismo político entra en el Congreso de los Diputados cambia la percepción, se visualiza que hay un colectivo político que trabaja estos temas (…) los periodistas se dan cuenta de ello y a la vieja agenda de economía-política-fútbol se incorpora el medioambiente” explica.

Y atribuye este mérito a los periodistas: “Si no hubiera habido un pequeño reducto de galos ambientalistas no tendríamos partidos ecologistas, ni las empresas estarían deseando mostrar todo lo que hacen para cuidar el medioambiente, ni hoy habría conciencia medioambiental en la sociedad”.

Pero la sociedad también tiene mérito, los ciudadanos se han vuelto más críticos, piden explicaciones a los gobiernos, transparencia a las empresas, información veraz … y son conscientes de su influencia.

Larena considera que, como ciudadanos, podríamos comprometernos aún más. “Reflexionar, ser más críticos… los ciudadanos somos una pieza importante, pero tenemos dos poderes que generalmente no ejercemos: el poder como consumidores y el voto, podemos premiar o castigar políticas socioeconómicas, medioambientales, laborales…”.

Un discurso en positivo

La alteración del régimen de lluvias en Colombia, sequías extremas en México, la desaparición de playas turísticas en España… son informaciones que acercan a cada entorno su realidad ambiental y consiguen crear conciencia porque adaptan el mensaje a su público cercano.

“Hay que contar historias que merezcan ser contadas, que acerquen a las personas su realidad”, apunta Larena, quien reconoce que la información ambiental está cambiando: “ha habido unos años de sobredosis de crisis climática, ahora hay que pasar a un modelo de diálogo, el periodismo ambiental no da malas noticias ni culpa a las personas, sino que intenta en la medida de lo posible aportar soluciones”.

Más información: http://bit.ly/2qqisJ6

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