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Una mujer acudió a la consulta de una sexóloga y expuso en dos palabras su problema: aburrimiento insatisfacción. La especialista no sabría decir las veces que ha escuchado la misma queja de otras pacientes que llegan a la cama con grandes expectativas y salen de entre las sábanas sin nada que recordar. “Quiero encontrar a un hombre que cuando me haga el amor me vuelva loca. Yo pongo de mi parte y ellos lo agradecen, pero consigo poca cosa”, dicen. La especialista pidió que le describiera cómo habían sido sus últimas relaciones. El patrón se repite con versiones clásicas del sexo impersonal. El resultado para ella había sido un solo orgasmo en muchos meses. La consulta fue larga y reveladora para la paciente, que se llevó de aquel primer encuentro (hubo varios más) tres ideas que recuerda desde entonces como un mantralos orgasmos no son responsabilidad del otro, sino de una misma; no todo gira en torno al pene, y las mujeres tenemos que satisfacer nuestro deseo como mejor nos plazca, lo que se consigue exigiendo empatía y una relación de igualdad a nuestra pareja.

Esas mismas ideas están en la esencia de lo que se ha venido en llamar sexo feminista, una mirada de género sobre el erotismo que pretende actuar como disolvente de falsas creencias, imposiciones culturales y sumisiones injustificadas. “La sexualidad tradicional es sexista porque da el poder al varón. Define unos roles claros: él como proveedor de placer y ella como afortunada receptora, casi un cuerpo asexual que con suerte puede satisfacer su propio deseo, pero cuya principal función es la reproducción”, asegura la psicóloga y sexóloga Ana Sierra, que alerta contra una visión contradictoria de la liberación femenina. “No nos engañemos, esos roles siguen muy arraigados en muchos hombres y mujeres”, continúa Sierra, “es cierto que cada vez más ellas reclaman su propio placer, pero a menudo conservando los antiguos códigos. En mi consulta sigo escuchando que necesitan a alguien que las sepa tocar, que las empotre; un hombre que adivine lo que les gusta. Es decir, que sea el responsable de todo. Eso no es liberarse”.

El feminismo entra en el dormitorio

El feminismo pretende así llegar hasta el dormitorio para establecer acuerdos basados en la empatía, la comunicación y, sobre todo, en la igualdad.

“El sexo feminista consiste sencillamente en que las mujeres escuchen su propio cuerpo y en que los hombres las escuchen”, explica Marta García Peris, psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja, quien añade: “Para empezar, todos deben saber que muy poquitas tienen orgasmos vaginales, por tanto, acabemos de una vez con la idea de que el sexo femenino está irremediablemente asociado al falo”.

Más información: http://bit.ly/2GT59Xj

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