Recomendamos: Las mentiras que cuela Disney para no traumatizar a los niños

Foto: El País

1.- De los 57 clásicos de Disney, solo 11 tienen un guión original. Solo hay una cosa que le guste más a la factoría de los sueños que adaptar relatos clásicos: inventarse prácticamente todo. Más allá de las canciones, los animales parlantes y los pelazos, las versiones Disney disuelven una pátina conservadora que se adhiere inmediatamente al canon de la cultura popular: hoy el mundo entero sigue creyendo que Pocahontas y John Smith se enamoraron correteando y escuchando a un lobo aullarle a la luna azul. Es el momento de destapar la mentira que llevamos toda la vida viviendo: una mentira muy bonita, pero una mentira al fin y al cabo. En la imagen, uno de los casos, ‘Aladdín’.

2.- Pocahontas: ella tenía 10 años y él 27

De qué hablamos.  De ‘Pocahontas’ (1995), película de Disney basada en los diarios del marino y explorador John Smith en torno a 1610.

Dónde está la trampa.  En los diarios de Smith queda claro que Pocahontas y John Smith nunca se enamoraron. Ella tenía 10 años y le llamaba “padre”, porque él tenía 27. En la realidad Pocahontas se casó con Kokoum, de quien sí estaba enamorada, y salvó la vida de Smith colocando su cabeza (que probablemente no tenía un pelo tan lustroso como en la película) sobre la del colono. Años después, tras enviudar, Pocahontas viajó a Londres donde volvió a casarse, pero murió a los 22 años. Desde entonces, el mito de su romance con John Smith, alimentado por Disney, ha aliviado la culpabilidad blanca ante el genocidio que los colonos perpetraron contra los nativos americanos: les exterminaron y les robaron su tierra, pero también les enseñaron la fuerza del amor verdadero

3.- ‘La Cenicienta’: ella no le quiere; él es un obseso

De qué hablamos.  De la película de Disney ‘La Cenicienta’, de 1950, basada en el cuento ‘La Cenicienta’, que el francés Charles Perrault escribió en 1697.

Dónde está la trampa.  En el cuento de Perrault el príncipe consigue a Cenicienta (aquí llamada Aschenputtel) por insistencia y esta le acepta sin demasiadas ganas. Él la persigue en tres ocasiones distintas, pero ella se esconde gracias a sus poderes mágicos. A la tercera, el príncipe obsesivo no está dispuesto a dejarla escapar así que cubre las escalinatas del palacio con brea para que los zapatos de su acosada se queden pegados. Finalmente, Aschenputtel se casa con el príncipe porque asume que no podrá librarse de él. Muy diferente a lo que contó Disney: príncipe guapo y rico se casa con doncella guapa y pobre porque ambos se enamoran, literalmente, sin mediar palabra.

4.- ‘Hércules’: las mil y una trampas

De qué hablamos.  De la película de Disney ‘Hércules’ (1997). que recogió la mitología griega, la metió en una batidora y nos dio una delirante sátira pop en la que el único parecido con el poema en el que está basada (poema popularizado por Peisander en el siglo VII a. C.) son los nombres de los personajes.

Dónde está la trampa. En todas partes. Según el mito, Heracles (o sea, Hércules) es el hijo de la aventura (y con aventura queremos decir violación) de Zeus con la humana Alcmena. De entre los 100 hijos que tiene Zeus fuera de su matrimonio, su esposa (y hermana) Hera le coge especial tirria a Heracles, así que envía dos serpientes a matarle sin éxito. Antes de cumplir 20 años Heracles tiene 52 hijos, con tan mala suerte que durante un ataque de locura mata a los dos que tiene con Megara, su primera esposa y bastante menos chispeante que la de la película. Heracles casa a Megara con su primo y se embarca en las 12 pruebas que le expíen de su crimen. No hace falta aclararlo, pero en el relato original tampoco hay un coro góspel de negras marchosas

5.- ‘El libro de la selva’: los violentos Mowgli y Baloo

De qué hablamos.  De la película de Disney ‘El libro de la selva’ (1967), basada en la fábula (y según los historiadores, apología) del colonialismo que Rudyard Kipling escribió en 1894.

Dónde está la trampa.  Disney rebaja la violencia del relato original, en el que Mowgli destroza en dos ocasiones poblados humanos sediento de venganza y el oso Baloo le educa a palizas que escandalizan al resto de animales. Además introduce al personaje del Rey de los Simios, Louie, que explota todos los estereotipos de los negros y que llega a cantarle a Mowgli “dubidú, quiero ser como tú”. En plenos disturbios callejeros e insurrección social por los derechos civiles de la comunidad negra, esta parodia ofensiva creó controversia y alimentó la percepción de que Walt Disney (‘El libro de la selva’ fue la última película que supervisó personalmente) utilizaba su cine para difundir mensajes ultraconservadores.

 6.- ‘Aladdín’: vago y delincuente

De qué hablamos.  En 1992, Disney rodó ‘Aladdín’ basándose en uno de los cuentos de ‘Las mil y una noches’, recopilación del folclore oriental datada en torno al año 850.

Dónde está la trampa.  En el texto del 850 los deseos que Aladdín le pide al Genio (que, lejos de tener la dicharachera personalidad de Robin Williams en inglés y Josema Yuste en castellano, no dice más de tres palabras en todo el relato) son distintos a los de la película de Disney. El primero es que le saque de la Cueva de las Maravillas, el segundo es un fastuoso banquete tras el cual Aladdín y su madre (que sí está viva en el cuento original, mientras que el padre murió literalmente de vergüenza por tener un hijo tan vago) venden la vajilla de plata y se forran, y el tercer deseo es el más retorcido: como la princesa Badralbudur (Yasmine en la película) se ha casado con el hijo del visir, Aladdín les teletransporta a su alcoba cada noche, encierra al marido en el baño y se liga a la chica hasta que el sultán disuelve el matrimonio porque no son capaces de consumar. El hijo del visir resulta ser la verdadera víctima del relato.

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