Recomendamos: Jim Morrison: el testamento de un “sex symbol” del rock acosado por las adicciones y la Justicia

Foto: Miami Voice

Cansado del papel de estrella de rock, un año antes de su muerte Jim Morrison (1943-1971) tampoco estaba cómodo con el espacio que tenía en los Doors. En 1970 intentó no sólo dejar el grupo sino también detener el consumo de alcohol y drogas. No pudo con ninguno de sus dos objetivos.

El cantante venía de pasar por momentos donde hasta su libertad estaba en juego. La situación había empezado a torcerse verdaderamente en marzo de 1969. Durante una actuación en Miami, sacó su miembro cuando estaba en el escenario, mientras gritaba: “¿Quieren verla?” Su actitud provocó una verdadera batahola en el Dinner Key Auditorium y acusado de exhibición indecente y blasfemias, Morrison fue condenado a seis meses de prisión, tras lo cual salió bajo una fianza de 50.000 dólares.

Además, la banda fue puesta en una lista negra de teatros y radios, una decisión que los llevó a suspender 25 conciertos en los Estados Unidos y que a la banda le costó, según su baterista John Densmore, un millón de dólares. Sin embargo, el escandaloso episodio no les impidió grabar su quinto y anteúltimo disco, Morrison Hotel, lanzado en febrero de 1970. Un trabajo que por un lado ponía al cantante por encima del grupo, y por el otro marcaba un regreso al rock y al blues. Un disco que llegó al millón de placas vendidas en menos de un mes y que le dio un considerable empujón, después de su anterior trabajo, The Soft Parade (1969), un álbum considerado “flojo”.

“Con Morrison Hotel volvimos a sentir que estábamos activos en el estudio. Cada día de grabación fue un tema y eso nos estimulaba para seguir creando. Con el disco anterior habíamos vivido algo muy distinto: sesiones interminables y muchos días para procesar cada canción.”, señaló el músico en una entrevista. El álbum, que recibió buenas críticas, incluía dos clásicos del género, Roadhouse Blues y Peace Flog. La revista Cream sentenció: “Cuando están bien son simplemente imbatibles”; Rock Magazine consideró a Morrison Hotel como “el mejor disco de su carrera”; y Circus habló de un álbum de rock “bueno, duro y malvado”.

El título del álbum responde al hecho de que las once canciones fueron escritas por el cantante, con música del guitarrista Bobby Krieger en dos de ellas y otras dos firmadas por la banda, con Ray Manzarek en teclados y John Densmore en batería. Además, participaron dos bajistas: Ray Napolitano y Lonnie Mack.

El dato tiene relevancia porque hasta el tercer disco, Waiting for The Sun, los temas los firmaba la banda, mientras que en el cuarto, The Soft Parade, comenzaron a individualizarse las composiciones: cuatro de Morrison y cuatro de Krieger. Este cambio era visto por quienes rodeaban a Morrison como un síntoma de su necesidad de buscar un horizonte creativo dirigido a la escritura y al cine.

El disco tiene un evidente sabor de blues, un territorio en el que los Doors se sentían más cómodos que en el ámbito de la psicodelia pura y dura. Roadhouse Blues es casi un himno; también hay misticismo, como en Waiting for The Sun; y un fresco equilibrio entre ese hard rock de la costa oeste y el vuelo narrativo de sus letras. En Peace Fog lograron plasmar un polémico manifiesto sobre los disturbios en varias ciudades norteamericanas, para luego descansar en la balada Blue Sunday. En tanto, en el blues The Spy, nos adelantan hacia dónde florecerían sus composiciones, como por ejemplo, la inolvidable L.A. Woman.

Cincuenta años atrás, James Douglas Morrison era uno de los artistas más populares, que representaba esencialmente una generación en crisis. La rebeldía y la naturaleza de sus letras respaldada por su estilo de vida fuera del centro es lo que hoy mantiene su vigencia. Quienes lo conocieron afirmaban que era una persona complicada, “imposible de ignorar y muy difícil de estar con él”. Ahora bien, una mirada sobre las entrevistas que daba por aquel tiempo nos muestra a un artista cada vez más interesado por el cine y la escritura (en 1970 editó su libro de poesías The Lord and The New Creatures, por ejemplo).

Durante la famosa entrevista que para Rolling Stone le hizo Jerry Hopkins, co-autor de la biografía Nadie sale vivo de aquí (1980), el cantante habló de varios proyectos cinematográficos. En especial, se refirió a Fiesta de amigos, y a otros trabajos que tenía bosquejados mientras sostenía que el rock había muerto, una frase que ya le había generado unos cuantos detractores. “El flash inicial terminó. Lo que llaman rock y antes llamaban rock and roll se volvió decadente. Los ingleses lo hicieron renacer por un tiempo, pero perdió la energía y ya nadie cree seriamente en él”, había dicho Morrison.

En base a esa idea, el artista había llegado a una conclusión contundente. “Es psíquicamente desconcertante ser músico de rock por el dinero y creo que lo que nos arruina el viaje es todo lo que rodea a la música. Toda esa mierda de columnistas de chismes y esas revistas de fanáticos que alteran la sensibilidad y que puede hacernos dudar sobre las motivaciones que nos tienen haciendo música. A mí me afectan esas cosas”, señaló. Hopkins definió la vida de Morrison de una manera directa: “Digamos que estaba probando los límites de la realidad. Tenía curiosidad por ver qué pasaba. Creo que eso fue todo: curiosidad”.

La adicción de Morrison se profundizaba mientras que parecía perder interés en la música. Un año antes de haber sido hallado muerto por sobredosis en una bañera de un departamento en París, ese desenlace ya había tomado forma. Densmore señaló en una charla con el periódico inglés The Guardian que habían llegado a apartarlo de la banda en busca de que frenara sus consumos. “Presioné a la banda para que lo corriéramos. ¿Qué podía pasarnos por tener un disco menos? Quizás se hubiese mejorado. Era un kamikaze alcohólico”, reveló.

Clarín

Mientras el Village Voice señalaba que Morrison se había convertido en el primer símbolo sexual masculino importante desde que James Dean había muerto y Marlon Brando había abonado su enorme barriga, la revista Eye lo definía como el “evangelista ácido del rock”, y Miami Voice lo coronaba “rey del rock orgásmico”, Densmore había ido a buscarlo a la casa de una mujer, de la cual el cantante salió con un cuchillo en una mano y retorciéndole el brazo a su compañera con la otra.

 “No dije nada por temor a que alguien se enterase y hundiese nuestra carrera. Hoy, claro que no lo haría. Jim parecía normal en el exterior, pero tenía una agresividad muy marcada hacia la vida y hacia las mujeres”, reconoció el baterista.

Quien supo de esa agresividad fue Janis Joplin, que durante una fiesta en 1968, en Los Angeles, Morrison se puso tan violentamente insistente que la Bruja Blanca del Blues le pegó un botellazo y se mandó mudar. Desde ese momento, cuando alguien mencionaba a Morrison simplemente decía, “ese imbécil”. Mucha prensa, tanto especializada como la amarillista, se involucró en una desmesurada cantidad de imágenes para definir a esta controvertida estrella de rock mientras se conocían o se inventaban escandalosas historias cada una más salvajes que la anterior.

Entre ellas se encuentra el episodio que recrea la película The Doors (1991), dirigida por Oliver Stone, en la que Morrison se lleva a su pareja Pamela Courson a la cabina vocal de grabación y le pide que le haga un felatio mientras canta You’re Lost Little Girl (1967), versión que Densmore desestimó: “Realmente, no sucedió así, fueron sólo unos besos y nada más”.

En marzo de 1971, después de grabar el disco L.A. Woman, Morrison viajó a París para encontrarse con Courson. Por ese tiempo había perdido algo de peso y se encontraba calmado, según su novia, que el 3 de julio lo encontró muerto en la bañera del departamento que habían alquilado. Todo indicaba que habría sido como consecuencia de una sobredosis de heroína, que había comenzado a consumir habitualmente, aunque la presunción no pudo ser confirmada debido a que no se le realizó una autopsia, ya que no es un requerimiento de la ley francesa.

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