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Foto: David Expósito

Ludwig van Beethoven fue el primer gran compositor de la historia con un metrónomo. Johann N. Maelzel, el creador de este aparato, le regaló uno de los primeros que hizo. Al compositor le entusiasmó hasta la obsesión. Revisó buena parte de sus obras para incluir su tempo: la cifra que marca a qué velocidad hay que tocar. Hasta entonces, los compositores daban indicaciones aproximadas (como allegro o andante). Gracias al invento de Maelzel, Beethoven pudo fijar para siempre cómo quería que sonasen sus obras. Ni más rápido ni más despacio. Por desgracia, es posible que lo hiciera mal.

Durante casi 200 años, muchos directores y músicos han ignorado las indicaciones de tempo de Beethoven porque son demasiado rápidas. Muchas van contra el sentido común musical. En algunas piezas, como su sonata Hammerklavier, seguirlas es casi imposible incluso para virtuosos.

Esta discrepancia entre los tempos de Beethoven y los que la mayoría considera razonables es uno de los grandes misterios sobre su obra, y para el que se han propuesto muchas soluciones: quizás su sordera alteró su percepción del tempo, o hubo un error de transcripción; incluso se ha especulado sobre su deterioro cognitivo. Una explicación popular es que el metrónomo estaba estropeado, algo difícil de verificar porque el aparato está perdido.

“Hay controversia con este tema”, explica Theodore Albretch, profesor de Musicología en la Universidad Estatal de Kent (EE UU) especializado en la biografía y la música de Beethoven. “Para sus sinfonías, Beethoven escribió algunas marcas metronómicas entre 1817 y 1818. Años después, la gente ha intentado seguirlas, les han parecido demasiado rápidas y han concluido que probablemente el metrónomo tenía algún problema”.

Convencidos de esta hipótesis, Peter y Hedi Stadlen, musicólogos, buscaron el metrónomo perdido durante años. Pensaban que encontrarían un problema en el mecanismo que les permitiría deducir los tempos que Beethoven había querido escribir. Solo encontraron la carcasa y murieron sin una respuesta.

Algunos directores defienden estas anotaciones. Es el caso de Pablo Heras-Casado, uno de los directores españoles más reconocidos a nivel internacional: “Casos como este se dan en muchas más partituras, ya del siglo XX: de Stravinsky, Bartók, mucha más gente tiene partituras así”, añade. Estos expertos defienden una visión diferente del compositor. “Beethoven, aunque se ha convertido en un compositor acomodaticio, clásico, era un tipo más brutal y radical. No componía para acomodar al intérprete. Era extremo, hay tempos que son casi intocables, pero él sabía muy bien lo que quería. Igual no le interesaba la nitidez, una claridad nota a nota, sino crear un tumulto” explica Heras-Casado.

Una investigación publicada este miércoles por dos científicos españoles, que aborda la cuestión desde la mecánica clásica y el big data, insufla nueva vida a la hipótesis del metrónomo de Beethoven. Sus resultados ofrecen una explicación inédita al misterio: el metrónomo no estaba roto, Beethoven lo usaba mal. Su trabajo, además, permite recalibrar las partituras anómalas y asignarles el tempo que, probablemente, quiso darles el genio alemán.

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