Recomendamos: Cómo se hizo rico Voltaire gracias a un error de la lotería francesa

Este viernes es el día del sorteo del Gordo y de oír la frase: “La lotería es un impuesto que grava a los que no saben matemáticas”. A no ser que el sorteo no esté bien pensado, porque entonces es una oportunidad para los matemáticos. Por ejemplo, para Charles Marie de La Condamine y su amigo el filósofo Voltaire, que se hicieron ricos hace unos 300 años gracias a un error en la lotería francesa de entonces.

Lo explica el también filósofo Roy Sorensen en su Cabinet of Philosophical Curiosities: en 1728, el gobierno francés no podía pagar los intereses de sus bonos. Al ministro de finanzas se le ocurrió ofrecer a los dueños de estos bonos la posibilidad de comprar números de lotería por una milésima parte de su precio. Es decir, si el bono valía 100.000 libras, el número de lotería costaba 100. Los ganadores podían recuperar lo invertido, además de otras 50.000 libras que se sorteaban el día 8 de cada mes. (Sí, la moneda del país fue la libra francesa hasta 1795, cuando fue sustituida por el franco).

Los dueños de los bonos no se fiaban: les parecía que se trataba de una estrategia para recaudar aún más dinero a su costa, así que no se fijaron en que el sorteo estaba mal diseñado. Sí lo vieron Voltaire y De La Condamine, que se dieron cuenta de que cada bono daba derecho a un número de lotería, con independencia de su precio. Es decir, quien tenía un bono de 100.000 libras podía comprar un número por 100 libras, y quien tenía un bono de 1.000 podía comprar otro número por solo 1 libra. Pero ambos optaban al mismo premio de 50.000.

El filósofo y el matemático se asociaron con otros 11 amigos para comprar la mayor cantidad que pudieran de bonos baratos. No tardaron en comenzar a ganar dinero, ya que cada mes jugaban con un porcentaje muy elevado de los números.

Tomaron la precaución de firmar los bonos con nombres falsos para que nadie se diera cuenta de que casi siempre ganaban los mismos, pero Voltaire no pudo evitar la tentación de ser demasiado gracioso. Según escribe Sorensen, quienes tenían alguno de estos números acostumbraban a escribir frases de buena suerte en el dorso, pero el filósofo prefirió anotar comentarios sarcásticos sobre el ministro de finanzas. Al final, ya en 1730 y después de unos cuantos sorteos, alguien se dio cuenta y el gobierno intentó recuperar ese dinero.

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