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Foto: Reuters

La pandemia de la covid-19 se podría haber evitado. Y el mundo debe aprender de los errores que condujeron a que un brote vírico en un rincón de China se convirtiera en una crisis mundial. Estas dos frases resumen las conclusiones de un panel independiente de expertos que lleva ocho meses estudiando, a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por qué el coronavirus SARS-CoV-2 circuló por prácticamente todos los países del planeta y qué decisiones llegaron tarde para frenar la tragedia. Este miércoles han publicado el resultado de la investigación, que incluye recomendaciones para que no se repita una emergencia similar y un llamamiento para acelerar la vacunación en los países en desarrollo mediante la cesión de dosis y la liberación de patentes. “El sistema actual falló en protegernos de la pandemia de la covid-19. Y si no actuamos para cambiarlo ahora, no nos protegerá de la próxima amenaza pandémica, que podría ocurrir en cualquier momento”, ha dicho la copresidenta del panel de expertos y expresidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf

La revisión de errores se remonta a antes de que existiera la covid-19, cuando la comunidad científica ya advertía, sin mucha repercusión, de que una pandemia causada por un virus respiratorio podía estar a la vuelta de la esquina. Continúa con una declaración de emergencia internacional “tardía” a la que no reaccionaron la mayoría de los países occidentales, y por un mes de “febrero perdido” en lo relativo a la respuesta al virus. Se fija también en unos sistemas asistenciales que no estaban preparados para atender la crisis y aporta directrices para fortalecer el papel de la OMS, financiar la prevención de nuevas pandemias y reforzar la respuesta multilateral a este tipo de crisis.

Lo que sigue es un resumen de dos documentos que suman 155 páginas y que Helen Clark, la copresidenta del panel y expresidenta de Nueva Zelanda, define así: “Una documentación exhaustiva de lo que ha sucedido y por qué, con recomendaciones audaces para propiciar el cambio”.

El mundo no estaba preparado pese a las advertencias

Cualquiera que trabajara en el ámbito de las enfermedades infecciosas sabía que una pandemia era cuestión de tiempo. “Las estanterías de los archivos de Naciones Unidas y de las capitales de los países están llenas de informes y revisiones de crisis de salud anteriores. Si se hubieran atendido sus advertencias, habríamos evitado la catástrofe en la que nos encontramos hoy”, ha resumido Johnson Sirleaf.

Desde hace una década, 11 paneles y comisiones de alto nivel habían emitido recomendaciones para la preparación para una pandemia mundial en 16 informes. “A pesar de sus mensajes coherentes, pocas de estas sugerencias se han aplicado”, lamentan los autores de este nuevo documento, que aseguran que las amenazas para la salud no han generado la misma preocupación (ni inversión) que otras, como las de guerra o terrorismo.

Además, las capacidades de respuesta de los países eran, en la mayoría de los casos, insuficientes. El panel no analiza pormenorizadamente qué sucedió en cada Estado (algo que prepara para un informe futuro), pero en Europa se vio claramente. Fue, entre otros, el caso de España, que ni siquiera contaba con equipos de protección suficientes para atender las primeras semanas de crisis. Los pocos gobiernos que sí habían preparado y probado su capacidad de respuesta fueron los de lugares que ya habían sufrido el antecedente directo del SARS, en 2003, como Corea, Japón o Taiwán.

El virus se movió más rápido que el sistema de vigilancia

Entre finales de diciembre, cuando se detectan las primeras neumonías atípicas en China, y el 30 de enero, el día en que la OMS declaró la alerta mundial, “no hubo la suficiente rapidez”. El panel reconoce que la ciencia fue diligente: el 7 de enero ya había una secuenciación del virus que permitió comenzar a hacer pruebas para detectarlo. Pero el sistema internacional no fue tan ágil.

El principio de esta cadena fue China, donde “la información sobre los casos y sus características no estuvo disponible con la suficiente rapidez”, reza el documento. Luego se asumió que el virus no se transmitía de persona a persona. Los expertos consideran ahora que no debería haber presunción de inocencia para los virus. Creen que hay que asumir que las infecciones respiratorias se pueden contagiar entre humanos hasta que no se demuestre lo contrario, y no al revés. Esto habría cambiado sustancialmente la respuesta en aquellos primeros días, donde todavía hubo cierta relajación y el movimiento de ciudadanos en Wuhan y con el exterior permanecía intacto.

China notifica que el virus puede contagiarse entre personas el 20 de enero. A partir de ahí, a juicio del panel, debería haber llegado una emergencia internacional que todavía se demoró 10 días entre debates en el seno de la OMS. Y, lo que es peor, cuando esta se declaró, “la mayoría de los países no respondieron adecuadamente”, afirman los analistas. “La conclusión es que el sistema de alerta no funciona con la suficiente velocidad cuando se enfrenta a un patógeno respiratorio que se mueve rápidamente, que el Reglamento Sanitario Internacional legalmente vinculante (desde 2005) es un instrumento conservador como está construido actualmente y sirve para restringir en lugar de para facilitar una acción rápida”, añaden.

Muestra de ello es que la declaración de emergencia internacional no significó restricciones concretas. Ni siquiera hubo una recomendación de limitar las comunicaciones con China. “Si se hubieran impuesto restricciones de viaje más rápidamente y de forma más generalizada, se habría frenado enormemente la transmisión de la enfermedad”, ha asegurado Clark, quien incide en que esa lección sirve para estos días: “Lo seguimos viendo hoy, en países muy dependientes del turismo que se han abierto y han terminado con nuevas olas de transmisión”.

Las respuestas no fueron urgentes ni efectivas

“Febrero fue un mes perdido de oportunidades para contener el brote, incluso cuando era evidente que las infecciones se estaban extendiendo en el mundo”. Con esta rotundidad el informe critica que, hasta que el número de contagios no creció de forma drástica, los países no tomaron acciones contundentes para frenar el virus. Clark ha censurado que la “falta de liderazgo y de coordinación global”, combinadas con las “tensiones geopolíticas y el nacionalismo”, debilitaron el sistema de toma de decisiones multilaterales.

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