De la indolencia a la violencia: respuestas de mandatarios a la Covid-19

EFE

Las respuestas de gobiernos y líderes de países al Covid-19 han variado ante este nuevo fenómeno. Ellas han ido desde la minimización de la crisis hasta las propuestas de aplicación de violencia como medida para evitar tanto el contagio como el deterioro económico. Reseñamos cinco casos de los que tal vez podamos extraer lecciones para nuestro país antes de que se haga todavía más tarde.

Ante la propagación del Covid-19, Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, ordenó ayer en un mensaje por televisión: “No dudo. Mis órdenes son para la policía y el ejército: si hay problemas o surge una situación en que la gente pelea y sus vidas están en peligro, disparen a matar”.

Añadió: “Muerto: a cambio de causar problemas, te enviaré a la tumba”.

Su llamado ocurrió cuando apenas algunas decenas de personas salieron a la calle por la falta de apoyos para poder sortear esta crisis. Pese a que el gobierno ya cuenta con 4 mil millones de dólares para repaldar a los pobres, no lo ha hecho debido a que aún elabora una base de datos de beneficiarios.

Sin embargo, su mensaje tuvo destinatarios claros: “Izquierdistas: ustedes no son el gobierno. No anden por ahí causando problemas y disturbios porque ordenaré su detención hasta que finalice el brote”.

Por su parte, el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, ha llamado al nuevo coronavirus como “gripecita” o “resfriadito”, por lo que lo ha considerado problema menor y pasajero, por lo que son innecesarias medidas drásticas para contenerlo.

Bolsonaro incluso ha hablado de cierta inmunidad particular de los brasileños: “Hay que estudiar al brasileño: no se contagia de nada. Uno ve a un tipo tirarse de cabeza a la cloaca, ¿cierto? No le pasa nada. Creo que mucha gente ya estaba infectada en Brasil, hace meses o semanas y ya tienen los anticuerpos que ayudan a no proliferarse. Tengo la esperanza de que sea una realidad”.

Acorde con ello, el presidente brasileño ha criticado severamente las medidas de contención que gobernadores han tomado al respeto para intentar frenar la pandemia. Incluso 25 de ellos han enviado una solicitud al mandatario para que implemente medidas drásticas contra el coronavirus. Los ejecutivos de dos de los estados más importantes, Sao Paulo y Río de Janeiro, ya han prohibido reuniones públicas, han cerrado las escuelas y diversos comercios, y han llamado a los ciudadanos a guardar distancia entre ellos.

“Debemos volver a la normalidad. Algunas autoridades estatales y municipales tienen que abandonar el concepto de tierra arrasada, la prohibición de transportes, el cierre del comercio y el confinamiento en masa”, afirmó Bolsonaro hace apenas unos días.

Y ha dicho que Brasil debe volver a la normalidad inmediatamente, aunque, dijo, “lo lamento: algunas personas van a morir”, pero “esa es la vida”. Y también ha expresado que “Brasil no puede parar y solo pensar en el coronavirus. Hay gente con cáncer, cálculo renal, mujeres que van a dar luz. Hay que acabar con esa crisis de histeria. Brasil no va a parar”.

También ha comentado que “con la economía quebrada habrá una pérdida de vidas gigantesca. Quien tenga un empleo, que vaya a trabajar”.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, anunció el 10 de marzo que ya contaba con un medicamento para atender a los pacientes con coronavirus. Se trataba del Interferón, creado en Cuba y que, según dijo, tuvo excelente resultado en China. Sin embargo, ya se aclaró que no es más que terapéutico, muy lejos de ser una cura.

Posteriormente Maduro incluso llegó a publicar en Twitter supuestas investigaciones realizadas en su país acerca del mapa de la estructura genética y antídoto del Covid-19. Esto fue retirado por Twitter por su política en contra de afirmaciones falsas o engañosas sobre la enfermedad.

Según se reportó, Maduro recomendaba el uso, durante 12 días, de un brebaje casero, para eliminar los “genes infecciosos” del coronavirus.

En Venezuela se declaró el estado de alarma desde el viernes 13 de marzo, cuando ordenó el cierre de escuelas, cancelación de actividades públicas y se solicitó que los adultos mayores permanecieran en casa.

Entonces Maduro, quien ahora es buscado por la justicia de Estados Unidos acusado de narcotráfico, dijo que su país estaba empezando “una cuarenetna colectiva, una cuarentena social”.

Asimismo, en términos económicos, Maduro solicitó al Fondo Monetario Internacional (organismo al que siempre había atacado) un préstamo de 5 mil millones de dólares, el cual le fue negado.

“TODO VA A ESTAR BIEN”

Por su parte, el primer ministro británico, Boris Johnson, pese a que desde el 28 de marzo ya se había reportado un muerto por Covid-19 en el Reino Unido, el 3 de marzo declaró que “para la abrumadora mayoría de las personas que contraigan el virus, esta enfermedad será leve, de la que se recuperarán rápida y completamente”. Y añadió que no dejaría de saludar de mano y que incluso lo había hecho en una visita a un hospital en el que, dijo, “creo que había algunos pacientes con coronavirus”.

Por ello el gobierno británico, y pese a lo que ya ocurría en países como Italia y España, decidió seguir medidas progresivas, como sólo hacer recomendaciones de higiene y no tomas medidas drásticas por los efectos económicos que tendrían.

Fue hasta el 12 de marzo, cuando aumentaron los contagios, cuando Johnson aceptó que el coronavirus se propagaría más y que “muchas más familias van a perder seres queridos antes de tiempo”.

Pese a ello, sólo se dispuso la protección de las personas con mayor riesgo ante el coronavirus y se siguió lo que fue llamado como inmunidad “de rebaño” o “colectiva”, que consideraba que si una mayoría de la población debería contagiarse para obtener una suerte de inmunidad social con lo que se podría detener el brote.

Sin embargo no tuvo éxito, por lo que tuvo que cambiar la estrategia y empezar por otorgar apoyos para empresas y familias y, posteriormente, el cierre de espacios de reunión pública y de escuelas, y posteriormente, la cuarentena. Esta ha implicado la facultad a la fuerza pública para imponer el aislamiento.

El 27 de marzo Boris Johnson anunció que había contraído la Covid-19.

A su vez, Donald Trump minimizó hasta donde pudo el contagio de la Covid-19. En enero, cuando se reportó el primer caso confirmado de coronavirus en Estados Unidos, en el Foro de Davos el presidente hizo gala de su optimismo: “Es sólo una persona que vino de China, y la tenemos bajo control. Todo va a estar bien”.

Sin embargo, posteriormente el contagio de coronavirus fue creciendo, pese a lo cual a fines de enero Trump declaró: “El riesgo para los estadounidenses sigue siendo muy bajo. Cuando tienes 15 personas… En un par de días va a bajar y acercarse a cero. Es muy buen trabajo el que hemos hecho”.

Fue hasta el 2 de febrero cuando Estados Unidos comenzó a tomar medidas drásticas por el coronavirus: prohibió entrar en el país a los extranjeros que hubieran viajado recientemente a China.

Aún en febrero, el presidente esperaba que en abril el coronavirus se fuera debido al calor, de lo cual no se tiene evidencia suficiente para hacer tal afirmación, como lo ha desmentido la propia Organización Mundial de la Salud. Asimismo, ya se denunciaba la falta de pruebas de detección del Covid-19.

Posteriormente, el 12 de marzo, Trump informó que se suspendían todos los viajes desde Europa, aunque después el gobierno matizó: la medida era sólo para extranjeros no residentes. Un día después declaró el estado de emergencia nacional.

Pese a todos los indicadores, el 15 de marzo Trump pidió calma a sus ciudadanos e incluso sugirió que se relajaran las restricciones como el cierre de negocios y el trabajo en casa, debido al daño que causan a la economía.

El 25 de marzo el presidente desbordaba optimismo al declarar que Estados Unidos sería abierto relativamente pronto: “Me gustaría que el país abriera con energía para Semana Santa”.

Un par de días después ya había superado a China en casos confirmados de Covid-19 y hoy Estados Unidos es el epicentro mundial del Covid-19, mientras que su Congreso ha aprobado el paquete de rescate económico más grande de su historia (2.2 billones de dólares).

El último día de marzo, a menos de tres meses de que declaró “todo va a estar bien”, Trump anunció que vienen dos o tres semanas “muy dolorosas” para Estados Unidos, pues habrá entre 100 mil y 240 mil muertos por Covid-19.

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