Recomendamos: 6 factores que explican la sorpresiva y espectacular caída de la Unión Soviética

Foto: BBC

Fue un colapso espectacular, que en su momento dejó perplejos a muchos y cuyas réplicas se siguen sintiendo hoy en día.

¿Cómo fue que la Unión Soviética, un Estado tan vasto y poderoso, integrado por 15 repúblicas (con Rusia a la cabeza), se desplomó tan rápida e inesperadamente hace 30 años?

¿Cómo fue que el bloque socialista, con semejante influencia política, ideológica, económica y tecnológica, que marcó buena parte de la historia del siglo XX, dejó de existir casi de un día para otro?

Estamos hablando del imperio que nació de la revolución comunista rusa de 1917 y llegó a ocupar un sexto del territorio de nuestro planeta y abarcar unas 100 nacionalidades.

El que ayudó a vencer a Adolfo Hitler en la Segunda Guerra Mundial, protagonizó junto a EE.UU. la Guerra Fría y la carrera armamentista nuclear, y estuvo detrás de las hostilidades en Vietnam y la revolución cubana.

El que envió al espacio el primer satélite, el Sputnik, y al primer hombre, Yuri Gagarin.

El que asimismo se destacó en los deportes, la danza, el cine, la literatura, el arte y la ciencia.

1. Autoritarismo y centralización

José Stalin promovió la centralización y burocracia. Lo acusaron de autoritario.

El origen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se remonta a 1917, cuando la revolución bolchevique derrocó al zar Nicolás II y estableció un Estado socialista en los territorios que habían pertenecido al Imperio Ruso.

En 1922, luego de que Rusia sumara a las repúblicas más lejanas, se conformó oficialmente la gigantesca URSS, cuyo primer líder fue el revolucionario marxista Vladimir Lenin.

Desde luego, gobernar un Estado tan complejo y diverso era sumamente difícil.

Si bien en sus orígenes la URSS intentaba ser una sociedad democrática luego de dejar atrás la era de la autocracia zarista, el bloque terminó escogiendo el camino del autoritarismo, que se consolidó con la llegada al poder de José Stalin, a mediados de la década de 1920.

La constitución soviética adoptada en los años 30 y modificada en los 70 establecía que las regiones y nacionalidades estarían representadas en una suerte de parlamento conocido como Soviet Supremo.

Pero en la práctica todas las decisiones, incluyendo la elección del líder de la URSS, estaban en manos del Partido Comunista y, más precisamente, de un pequeño grupo de dirigentes poderosos, el Plitburó.

Con Stalin el Estado comenzó a controlar cada aspecto de la vida política, económica y social. Aquellos que se oponían a sus medidas eran arrestados y enviados a campos de trabajo (los “Gulags”), o ejecutados.

En lo cotidiano, unos 290 millones de soviéticos se sentían oprimidos y ajenos a las decisiones que tenían un fuerte impacto en su existencia.

Tras la muerte de Stalin en 1953, los líderes soviéticos denunciaron la brutalidad de sus políticas, pero el Partido Comunista continuó dictando el destino del país.

2. “El “infierno” de la burocracia

El autoritarismo y la centralización de la Unión Soviética derivaron en una burocracia sin fin, que extendió sus tentáculos por todos los rincones del territorio y todos los aspectos de la vida.

Se requerían documentos, sellos, procedimientos de identificación y notas para todo.

“La Unión Soviética acabó siendo un Estado sumamente ineficiente”, le explica a BBC Mundo Archie Brown, académico de la Universidad de Oxford.

“Durante mucho tiempo los soviéticos lograron salir del paso, hasta que en las últimas décadas todo se convirtió en un gran embrollo”, añade.

3. Economía fallida

La centralización y la burocracia impactaron, a su vez, en el sistema económico.

En la base de la Unión Soviética estaba la idea de Carlos Marx de la socialización de los medios de producción, distribución e intercambio.

Esto significó que la economía de este enorme país fue dirigida por medio de los llamados planes quinquenales, que establecían metas para todas y cada una de las actividades productivas.

La fuerza laboral, que alcanzó 150 millones en el ocaso de la Unión Soviética, se dedicaba mayormente a la industria y en mucho menor medida a la agricultura.

Stalin había encarado un fuerte proceso de industrialización, y los principales sectores eran petróleo, siderurgia, química, madera, minería, procesamiento de alimentos, automotriz, aeroespacial, electrónica, telecomunicaciones y defensa.

Sin embargo, la Unión Soviética perdió con Estados Unidos la puja por la hegemonía económica. El Producto Bruto Interno (PIB) del bloque comunista fue de US$2,6 billones a fines de los 80, apenas la mitad de lo que logró su rival occidental.

“Estaba claro que las políticas económicas estaban fallando. La tasa de crecimiento estaba declinando desde fines de los años 50”, dice el profesor Archie Brown, de la Universidad de Oxford.

Por su parte, en el filme para la BBC “Hypernormalisation”, el documentalista británico Adam Curtis plantea que la economía de la Unión Soviética se sostuvo durante mucho tiempo en base a una ilusión.

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