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Foto: Getty Images

El Imperio Romano produjo algunos emperadores espectacularmente malos a lo largo de los siglos.

Estaba el brutalmente egocéntrico Cómodo, quien además de gobernante era gladiador en el Coliseo, y el extraño Elagabulus, que se vestía con ropa de mujer y recorría el Palatino en carros tirados por esclavas, sin olvidar a Nerón, cuyas orgías y excesos tiránicos fueron notorios.

Pero ninguna lista de los peores emperadores romanos estaría completa sin Calígula.

Se sabe de sus orgías obscenas, que tenía relaciones sexuales con sus hermanas y era un torturador ingenioso y sádico. Y que, por supuesto, estaba completamente loco.

Sin embargo, la mayor parte de lo que creemos saber sobre Calígula proviene de relatos (tanto antiguos como modernos) basados en la imaginación altamente activa de los autores, más que en registros históricos.

Es cierto que pocas vidas han experimentado altibajos tan absolutos como la de Calígula en solo 25 años.

Era el hijo menor de Germánico, la estrella en ascenso de la dinastía imperial y parte de una familia venerada, que combinaba el glamour de las celebridades con la monarquía y el culto a la personalidad.

“Botitas”

Como el más joven de este panteón romano, era el mimado, la mascota.

El nombre Calígula, o ‘Botitas’, se lo dieron los soldados frente a quienes Germánico exhibía a su hijo vestido como un legionario romano en miniatura.

Incómodo con el apodo, Calígula insistió más tarde en el nombre de pila que compartía con un antepasado famoso: Cayo Julio César.

El idilio de la infancia de Calígula terminó cuando su padre aparentemente contrajo malaria en Egipto y murió en la provincia de Siria, seguro hasta el último momento de que había sido envenenado.

La amenaza

Casi toda la población de Roma salió a recibir sus cenizas, pero significativamente el emperador Tiberio estuvo ausente.

Los hijos de Germánico eran posibles sucesores del emperador, lo que hacía de la familia una amenaza para el segundo al mando de Tiberio, el siniestro Sejano, que tenía sus propias ambiciones.

A estas alturas, Tiberio era mayor y se había retirado a su villa en la isla de Capri, dejando gran parte del gobierno de Roma en manos de Sejano.

Sin embargo, Sejano no podía hacer nada contra sus rivales mientras su protectora Livia, la madre de Tiberio, estuviera viva.

El estrés

Fue solo después de su muerte en el año 29 d.C. que la madre de Calígula y sus dos hermanos mayores fueron arrestados.

La madre fue azotada con tal ferocidad que perdió un ojo y murió poco después (o fue asesinada) en el exilio. Druso, el hermano de Calígula, pasó tanta hambre en prisión que trató de comerse el relleno de su colchón. El otro hermano evitó un destino similar al suicidarse.

Sin embargo, antes de que Sejano pudiera arremeter contra Calígula, fue ejecutado cuando Tiberio se dio cuenta de la traición de su intrigante subordinado.

Calígula, el último hijo superviviente de Germánico, fue nombrado heredero imperial y se le ordenó vivir con Tiberio en Capri.

Los siguientes seis años fueron más estresantes para Calígula.

El biógrafo Suetonio nos dice que era vigilado día y noche en busca de signos de desafección o indicios de deslealtad, deliberada o involuntaria.

No olvidemos que esta era una época en la que un senador podía ser condenado a muerte por ir al baño con un anillo con el retrato del emperador.

Ataque de nervios

Calígula se acostaba todas las noches preguntándose si lo despertarían de madrugada y lo llevarían a las celdas para su ejecución sumaria.

Incluso mientras Tiberio agonizaba, el emperador caprichoso podría haber designado abruptamente a un sucesor diferente, lo que habría significado una muerte segura para Calígula, pues ningún otro emperador podría tolerar su reclamo del imperio.

Una vez que murió Tiberio, Calígula pasó literalmente de la noche a la mañana de ser casi un rehén al amo reconocido de Roma.

Su regreso a la ciudad fue recibido con gran entusiasmo. Poco después, tuvo un ataque de nervios.

Hoy en día, estamos familiarizados con el estrés postraumático: el verdadero impacto psicológico se siente solo al regresar a la normalidad y la seguridad, y tras experimentar una alienación total con respecto a otros que no han compartido la misma experiencia.

El colapso de Calígula lo dejó postrado en cama en un delirio mientras una Roma ansiosa oraba por su recuperación.

Los biógrafos antiguos informan que se levantó de su lecho de enfermo como un loco.

La verdad es peor.

Desechable

Calígula, gobernante de Roma, había estado fuera de combate durante semanas y no había pasado nada.

Las provincias se habían gobernado como de costumbre, el Senado se reunió y aprobó decretos y los prefectos pretorianos administraron justicia.

El imperio se había ocupado pacíficamente de sus asuntos. La forma en que funcionaba el sistema imperial significaba que Roma en realidad no necesitaba un gobernante práctico.

Calígula no era realmente necesario y, para alguien con su educación, “innecesario” significaba “desechable”.

Como un joven testarudo con un instinto de supervivencia arraigado en cada fibra de su ser, Calígula se dispuso a rectificar lo que veía como una situación inaceptable.

Se haría necesario y haría que el Senado y el pueblo de Roma dependieran de su gobierno.

Resultó ser una estrategia fallida y fatal, pero fue una continuación lógica de lo que había sido la experiencia de vida de Calígula hasta ese entonces.

Calígula vs el Senado

Inmediatamente desechó el ejemplo de sus predecesores, quienes habían fingido trabajar en el Senado, incluso mientras masacraban a senadores individuales.

Al tomar explícitamente el control directo del imperio, Calígula no sólo se adelantó a su tiempo, sino que le declaró la guerra al Senado.

El reinado de Calígula no fue una seguidilla de payasadas de un joven loco, sino la historia de una lucha política por la supremacía, contada por los vencedores, para quienes las leyes de difamación no existían y la verdad era opcional.

El último gobernante de Roma que se había puesto abiertamente por encima del Senado había sido Julio César, y le costó la vida.

A pesar de eso, Calígula hizo lo mismo al declararse Dios. Lo que después se volvió más usual, en ese momento parecía blasfemo y extraño.

Y sin precedentes. En el este griego, los gobernantes eran deificados casi de forma rutinaria, y sus sucesores macedonios habían adoptado el estatus divino de los faraones egipcios.

Pero el hecho de que Calígula se otorgase el mismo estatus en Roma fue una locura en el sentido de que era una táctica política que seguramente fracasaría.

Propaganda armada

Calígula el Dios contaba con el apoyo del pueblo y del ejército, pero era un neófito político con una personalidad totalmente inadecuada para luchar contra un senado de implacables amañadores experimentados en batallas políticas salvajes, a menudo fatales.

Los senadores tenían conexiones y un control oculto sobre las palancas del poder.

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