Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Seamos contrapeso del poder

FOTO: URIEL RAMIREZ /CUARTOSCURO.COM

La compleja sociedad en la que vivimos no puede funcionar sin un aparato de Estado y de gobierno robusto y diversificado. La democracia electoral es el sistema menos imperfecto para poner en lugares clave a las personas que habrán de conformar las cabezas de dicho Estado.

La ley electoral mexicana permite que cualquier persona con derechos ciudadanos vigentes sea electa para ocupar un puesto de representación popular. Esto tiene, como es evidente, bueno y malo. Bueno, porque idealmente, impide la discriminación por motivo de sexo, origen étnico o posición socioeconómica.

Malo, porque no asegura (porque no la exige) la preparación necesaria para ocupar un cargo de gobierno y porque (tristemente) hace ganador al que mejor manipule la opinión pública. Al que sepa tocar los resortes emocionales del grueso del electorado.

Este 1 de diciembre tomará posesión de la presidencia del país un hombre que tras 18 años ininterrumpidos de campaña logró, en su tercer intento, ganar la elección. Esta campaña no ha cesado ni siquiera después de que se anunció su triunfo, el pasado 1 de julio.

En estos cinco meses Andrés Manuel López Obrador se tomó atribuciones que aún no le correspondían, confirmando lo que muchos dijimos antes de la elección: que no tiene vocación democrática. Yo lo llamé autoritario. Ahora voy más allá y afirmo que es un tirano.

Estos cinco meses han sido asombrosos. Ha ocurrido lo inimaginable. No haré aquí un recuento de los hechos y dichos que demuestran que AMLO es todo, menos un demócrata. Y que es un inepto, junto con la mayoría de su equipo. Otros periodistas han llevado el registro de lo impensable, de lo inédito.

Este registro, junto con las muestras de desacuerdo de parte de muchos ciudadanos (incluso de parte de quienes votaron por él) es lo más valioso que ha surgido durante estos cinco meses en que AMLO aún no estuvo en funciones, pero hizo lo que quiso.

Es lo más valioso porque demuestra que dentro del periodismo y la sociedad existe, está vivo, un mosaico de pensamiento diverso, de opinión divergente que será el arma más valiosa en contra de la inminente tiranía. Todo ello conforma el contrapeso del poder, el contrapeso que todo poder debe tener enfrente para evitar su desbordamiento, su salida de cauce.

Curiosamente, muchos de los que ahora forman parte de la Cuarta Transformación trabajaron duro en el pasado para construir este entramado de contrapesos. Trabajaron por legislar y levantar organismos autónomos, exigieron transparencia, sufrieron persecución, denunciaron abusos, protestaron, marcharon, defendieron el voto… Pero lo hicieron cuando eran oposición.

Hoy que serán gobierno ven llegada la hora de la revancha. Y quieren el poder absoluto.

No lo permitamos. No permitamos el absolutismo, venga de donde venga. Ningún partido, grupo, colectivo o personaje debe ni merece ostentar un poder total.

Ejerzamos el disenso. Nosotros, desde nuestra postura como periodistas, lo haremos, con mayor conciencia que nunca. Los ciudadanos, desde sus redes sociales, las cuales han probado tener influencia, ascendiente sobre las decisiones de los políticos.

Naturalmente, queda un buen puño de fanáticos. Personas que admiten todo, que todo disculpan y justifican, muy seguramente por no perder privilegios. Privilegios que AMLO aseguró que combatiría. Y los combate, sí… pero para dárselos a sus amigos. Su finalidad fue, lo sabemos, derrocar una mafia del poder para construir una nueva, la suya.

Ejerzamos el disenso, el desacuerdo, la crítica. Fuerte y claro. No busquemos el pensamiento único. Eso es de fanáticos, de adeptos, de gente inmadura que espera un salvador.

Siempre me ha preocupado enormemente la tendencia del pueblo mexicano a buscar héroes. La ominosa época que esta por comenzar tiene que servirnos para sacudirnos de una vez por todas esta infancia perpetua.

Seamos contrapeso del poder. Un poder, que por ahora, AMLO tendrá de manera casi absoluta. Pero solo si lo permitimos.

Tengámoslo claro: el nuevo presidente es uno más de tantos. No es lo que la Patria esperaba, porque eso no existe. Que quede claro: nadie nos salvará. Dejemos de esperarlo.

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