Cinque Terre

Orquídea Fong

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

La salud de AMLO, tema de interés público

FOTO: ISACC ESQUICEL/ CUARTOSCURO

Solicitar a los candidatos presidenciales que informen sobre su estado de salud no debe considerarse como un ataque ni como “guerra sucia”, sino como una acción apropiada dentro de una democracia. ¿Por qué? ¿Qué nos puede interesar algo que, en otro contexto, sería un tema estrictamente personal?

Me refiero en concreto a la salud de Andrés Manuel López Obrador, quien en 2013 sufrió un infarto y una intervención quirúrgica como consecuencia de ello. Según ha declarado él mismo, es hipertenso y toma un conjunto de medicamentos todos los días.

Existen algunos videos que muestran momentos en que luce mareado, desorientado o a punto de desvanecerse y hace unos días, fuentes que pidieron el anonimato informaron al director de etcétera, Marco Levario Turcott, que el candidato fue internado a principios de abril pasado debido a la cardiopatía que padece. Además, que le fue recetado un medicamento llamado quetiapina, clasificado como antipsicótico, pero que sirve para tratar una variedad de condiciones.

De lo personal a lo público

Desde este medio hemos insistido en la necesidad de que todos los candidatos presidenciales presenten un informe médico que establezca con claridad su estado de salud. A este respecto, consideramos que:

1.- En lo que se refiere a personas que ejercen un elevado gasto a cargo del erario, la salud deja de ser un tema privado, para convertirse en tema público.

2.- Las precampañas, las campañas y el sueldo de quien resulte electo presidente son financiados con dinero de los contribuyentes.

3.- Si bien es reduccionista señalar que el presidente de la República es “empleado” de los mexicanos, sí es correcto señalar que dicho funcionario debe rendir cuentas a la sociedad.

4.- Como bien apunta Marco Levario Turcott, cuando un sector del electorado vota y lleva a un cargo a una persona, espera que dicha persona concluya su encomienda. No desea que, por motivos de salud, sea alguien más quien la concluya.

5.- En cualquier puesto dentro de una empresa, un trabajador está obligado a informar sobre su estado de salud. No solo para considerar si está apto para las presiones específicas del puesto, sino también para que la empresa sepa cómo atender una eventualidad. Con las diferencias del caso, lo mismo aplica para un político que ocupa un puesto de elección popular.

El peso del presidencialismo

La larga tradición presidencialista mexicana, que concibe al presidente en turno como un ser de virtudes infinitas, ha empezado a resquebrajarse (con lentitud) por fortuna. Considero que Carlos Salinas de Gortari fue el último presidente en encarnar por completo este “arquetipo” y quienes le sucedieron mostraron, cada uno a su modo, rasgos más relajados.

En el caso de Enrique Peña Nieto, además, la era de las redes sociales ha hecho su buena labor para desmitificar la figura presidencial. No obstante, la tradición no está por completo desmontada.

Así, el equipo que rodea a López Obrador actúa—a sabiendas o no—en función de esta tradición presidencialista, rodeando de secreto todo lo que pudiera exponer una vulnerabilidad de su candidato.

Es cierto que en el 2013 su equipo informó de manera transparente que AMLO sufrió un infarto, pero la situación era otra. Estaba reciente su fracaso en las elecciones del 2012 y comenzaba el gobierno de Peña Nieto. No era candidato, no era puntero, como ahora.

No es discriminación, no es guerra sucia

He podido leer en Facebook y Twitter opiniones de simpatizantes de AMLO en el sentido de que pedirle cuentas acerca de su salud implica discriminación, guerra sucia o ambas.

Misma postura sostiene (ahora) el director de SDP Noticias, Federico Arreola, quien en el 2009 se mostraba sumamente preocupado por la salud de López Obrador y ahora considera que hacer preguntas al respecto es “una bajeza”.

Arreola se refiere concretamente a la información que etcétera tiene acerca de que al candidato se le ha recetado quetiapina.

A esto, respondo:

1.- Discriminación sería negarle la posibilidad de ser candidato u ocupar la presidencia por sufrir cualquier enfermedad.

2.- Señalar la posibilidad de que AMLO sufra un padecimiento psiquiátrico o neurológico ofende a muchas personas. Consideran que es insultarlo. No es así. Socialmente, hemos avanzado mucho en la aceptación de las personas que tienen dichos padecimientos, que se deben abordar como cualquier otro, lejos del antiguo estigma de anormalidad o de locura.

3.- No es guerra sucia si el cuestionamiento se hace de manera respetuosa, honesta, sobria y transparente.

4.- No es guerra sucia si se evita el rumor, si se busca la confirmación de la información, como etcétera ha hecho al consultar al propio AMLO.

5.- No es guerra sucia si el cuestionamiento se hace a partir de datos sólidos ofrecidos por una fuente confiable (a la que hemos ofrecido el anonimato) como hemos hecho en este medio.

Esto sí es inadmisible

Por supuesto, hay extremos inadmisibles. No es lo mismo insistir, como hemos hecho, en que AMLO y todos los candidatos presenten su certificado médico para que, como electores, sepamos a que atenernos, que jugar a hacer “diagnósticos”.

Hay algunos textos infames publicados en la web que le ponen nombre y apellido a la enfermedad de López Obrador. Un autor incluso llega al extremo de señalar, con total seguridad y desparpajo —como si tuviera estudios en la mano— que el morenista sufre de algo que llama “epilepsia mental”, padecimiento que ni siquiera existe.

Dicho autor aprovecha el estigma social existente en contra de los pacientes neurológicos para enlodar al candidato, rebajando el nivel del intercambio público.

También es inadmisible que AMLO niegue información completa sobre su salud. Y no me refiero a la declaración informal que hizo el año pasado, en la que admitió ser hipertenso y tomar un coctel medicamentoso para que no “me haga enojar la mafia del poder”. Es inadmisible que considere que dicho tema “es banal” y lo lleve a un territorio de cotorreo.

Es inadmisible que el propio AMLO haya especulado con la salud de Enrique Peña Nieto hace unos años, diciendo que lo veía deprimido y desmejorado, expresándose con sorna de él y atribuyendo sus malas decisiones de gobierno a un hipotético mal estado de salud.

Inadmisible también el que priistas como Enrique Ochoa o Hilda Flores hayan lanzado el año pasado dardos envenenados para sembrar la duda sobre la salud de AMLO, sin contar con información sólida. Ambos dijeron que dudaban que “por motivos de salud”, el morenista pudiera llegar a las elecciones de este año.

Saber a qué atenernos

Insisto, como electores debemos saber si el candidato que se nos presenta como la mejor opción (todos se presentan así) es una persona que cuenta con la perspectiva de concluir su encomienda, de llegar a ganar.

O si es una persona que tiene la posibilidad de desplegar una intensa actividad o debe moderarse. A mi modo de ver, que un posible presidente no pueda estar en todos los eventos a los que el presidencialismo nos tiene acostumbrados, no afecta la capacidad de gobierno que pudiera tener.

Considero que un candidato con problemas de salud no necesariamente desanimará a los electores. Pero los electores tienen que saber.

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