Editorial: “La broma” y la izquierda conservadora mexicana

Este 2017 también se cumplen 50 años de “La Broma”, pero la obra de Milan Kundera no da para la pose como sí la ofrece “Cien años de soledad” (aunque la pose se desmorone a las primeras de cambio si se le pregunta al “lector” de Gabriel García Márquez por William Faulkner, el narrador y poeta estadounidense que tanta influencia tuvo, fue decisiva, en el escritor colombiano: esas legiones de poses no saben qué decir –las calla la ignorancia– aunque entonen y hasta bailen aquella conocida pieza de Óscar Chávez, que a nosotros también nos gusta, por cierto).

AFP

Junto con ese mercado de las apariencias –donde la doble moral tiene un rol protagónico-también se encuentra el hecho de que la literatura del escritor checo no provoca la risa de la izquierda conservadora mexicana porque incluso ésta no sólo ha olvidado buena parte de su trayecto sino que también ha perdido su sentido del humor y, con una enorme frigidez, mejor entrega su energía a modular los vocablos y, en general, a regañar a los otros porque no se comportan como es debido. Y bueno, aparte está el hecho de que mientras Kundera se burlaba de esos actos autoritarios en el nombre del socialismo, García Márquez viajaba en un lujoso yate junto al Comandante Fidel Castro.

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