Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

El infundio y otras nuevas formas de atentar contra la libertad de expresión

El empleo de las plataformas digitales es ineludible para quienes hacen del ámbito público su principal quehacer. En particular las redes sociales son una esfera de interacción horizontal e inmediata, sin ningún nivel jerárquico (y donde además participan robots programados como parte de una estrategia para incidir en el intercambio público). Las cifras varían pero puede decirse que, la hegemonía de la televisión como punto de encuentro para el debate cedió: una formidable masa de ciudadanos se informa y participa, es decisiva incluso, en Facebook y Twitter.

Una de la variables más persistentes que ocurren en el ámbito digital es la presión contra los usuarios, en especial periodistas, que difunden información u opinan sobre ésta, y que no es del agrado de legiones digitales de orígenes e intereses diversos pero que, en particular, se ha recrudecido con los usuarios (y entre ellos sin duda los llamados troles además de robots) a quienes disgusta la crítica al presidente López Obrador. La difamación contra periodistas está empezando a ser recurrente, como un método para presionar e inhibir la pluralidad en aquellos espacios digitales y no sólo, pues buena parte de aquellos periodistas ocupan espacios en medios tradicionales.

El intento es claro: inhibir la crítica y minar la credibilidad de quienes critican.

Estos recrudecidos recursos de presión y chantaje se registran, por ejemplo, cuando alguien critica la (para nosotros supuesta mientras no tengamos más información) lucha del gobierno contra el huachicoleo; una horda enfurecida reacciona con groserías, frases manidas del tipo “En dónde estabas cuando…” y acusan al informador o analista de que, en realidad, defiende el negocio del robo de combustible e incluso que es propietario de gasolineras. Esa infamia se multiplica con los llamados rt y reacciones simultáneas de otras cuentas en Twitter. Sobre ello, también decimos que profesionales de la comunicación como Joaquín López-Dóriga y Raymundo Riva Palacio tienen toda nuestra solidaridad y aprecio.

Estamos seguros de que esta nueva amenaza a la libertad de expresión no prosperará.

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