Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Cinque Terre

Alejandra Escobar

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Editora de etcétera

Estas son algunas consideraciones de los editores de etcétera sobre el #MeToo

1. La inequidad de género y las injusticias que se perpetran contra las mujeres son históricas y planetarias; comprenden una raigambre cultural que sólo mediante un proceso intelectual, cultural y legal, también planetario, podrá revertirse paulatinamente.

2. La catarsis personal no es fuente generadora de justicia, tampoco lo es la catarsis colectiva: no hay justicia donde operan tribunales alternos a los que la ley comprende. Frente al flagelo de la violencia contra la mujer sólo tiene cabida la cultura de la legalidad y la denuncia responsable.

3. Ni los medios tradicionales ni las redes sociales pueden definir culpabilidades o inocencias, ése ámbito le corresponde a la ley. De acuerdo con el sentido común de cada quien puede o no ser convincente que una persona sea señalada por varias otras o puede ser convincente porque se trata de una amiga; en ese ámbito de valoraciones subjetivas, también se entiende que haya quienes, por razones de amistad, es decir, porque digan que conocen al acusado, pueden defenderlo. El problema es que eso genera un espiral sin fondo donde la acusación no tiene un puerto definido.

4. Buscar la equidad de género implica que haya un acuerdo, al menos general, sobre lo que significa el acoso y la violencia sexual; sobre todo el primer aspecto porque si crece la ola de denuncias donde cualquier cosa es acoso –hasta un emoji, no exageramos, de acuerdo con las denuncias ofrecidas en las redes sociales– entonces el tema se trivializa y prevalece la impunidad.

5. Situarse de lado de la víctima es un imperativo ético e incluso moral. Pero esa definición no puede operar como principio de fe. Un señalamiento desde el anonimato o una acusación sin más pruebas que los dichos vulneran la presunción de inocencia.

6. Un movimiento tan entendible como el #MeToo no puede, no debe desvirtuarse entre la frivolidad y las acusaciones sin sustento. Armando Vega Gil se quitó la vida por una denuncia anónima que, él consideró, le afectaba de por vida en su carrera; la denuncia es anónima y hasta este momento no se acompaña de pruebas y testimonios. Esperamos que de esa situación tan terrible haya más serenidad.

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