Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Una carta llena de reproches

Pensaba que tal vez, sí, tan sólo lo pensaba. Pensaba que sería propicio escribir una carta llena de reproches, la imaginaba como papel de arroz traslúcido, como papel secante que absorbe una colonia de bacterias, una tirita rectangular como balsa que, al simple roce con la lengua, invita a miles de náufragos a trepar, abordar dispuestos para escapar del mar de saliva.

 

Pensaba en las sentencias que flotaban en su lengua, palabras que constituían el tratado de su indignación. Quizás lo extraño es que el cerebro o el corazón, comarcas distintas del mapa de su emoción, se encontraban desoladas como pueblo del viejo oeste. A momentos una ola de viento arrastraba consigo un rama o una mota de polvo pero no alcanzaban a convertirse en una palabra íntegra que conformara el reproche primero, la nota inicial de la partitura de su enojo ¿cómo jugar la partida sin la ficha que establece la siguiente tirada?

 

Cerraba sus ojos como un buzo que se lanza a la profundidad del océano en busca de fauna marina. Splash, plaush, imaginaba el sonido acuático de la conciencia. Se presume que el amor es solidaridad y un puñado de virtudes que enaltece la esperanza. Ella, la maldita esperanza, es la única culpable pensó. El caldo de cultivo, el collar de reproches que no podía enhebrar ¿pero por qué?

 

Se concentró de nuevo en su enojo, en la falta que le hacía ese hombre indignado y egoísta. Pujó como lo hace la parturienta para articular un ente completo, una oración perfecta con el balance adecuado entre ingenio y sarcasmo. Una frase sana como niño vigoroso y chillón que inunda de sentido el cuarto de alumbramiento. Esa vocecilla puntiaguda como daga que sin querer herir profundo pica el ánimo, motiva a un mundo.

 

Tres vocablos poderosos al menos tres, pensó entre jadeos y sudores. A momentos avistaba la cabecita rosa de un adjetivo que seguramente conmovería al padre a arrepentirse de estar tan enojado por una causa ajena al amor de esa pareja.

 

Se sintió mareada y poco a poco un temblor se apoderó de ella. Comenzó a mecerse como vaivén de mar, no se sentía mal, por el contrario, se sentía a punto de liberarse de una carga enorme, pero no daba a luz ni una palabra.

 

Como náufrago abandonó la nave y comenzó a flotar, se dejó llevar por aguas salobres y comenzó a llorar. Muda y ligera no pudo ni firmar la misiva humedecida hecha de papel de arroz que con gusto te mando para que entiendas que en el silencio se cocinan mil y un reproches que hoy no paran de nadar.

 

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