Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

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Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

La noche se acerca

Llamaste ayer, no sé cómo conseguiste mi teléfono, pero lo hiciste, volví a oír tu voz y no puedo dejar de pensar en ti y en todo lo que vivimos veinte años atrás, ¿te acuerdas cuánto nos amamos?, ¿te acuerdas de la pasión y la violencia; de los celos y las risas; del remordimiento y el dolor? Tú eras mi guía mientras me sentía perdido y el sol que alumbraba mis días.

Después todo cambió, terminamos y te fuiste, intenté buscarte cuando te mudaste pero en aquella época no era tan sencillo, supe que no querías que te encontrara.

Mi hijo llegó pronto, lo peor, lo tuve con alguien que jamás amé, ni amaré, fue mi descuido, mi irresponsabilidad. Su llegada me ayudó a olvidarte, más bien, a no pensar en ti, aunque no del todo. Ya nada fue igual con él, ¿sabes a lo que me refiero? Te escribo esto con la esperanza de que nunca lo leas. Pero si la suerte, o el destino, o Dios, o la casualidad, han querido que veas esto, te digo lo mismo que te dije ayer en el teléfono, te amo, no te olvidé. Qué bien me hizo escucharte y, sobre todo, saber que también pensaste en mí, que estuve presente en tu mente y emociones, significó mucho para mí.

Me quedo tranquilo pero con ganas de abrazarte una vez más, de volver a besarte, de volver a mirar tus ojos tristes y tu larga cabellera rizada.

No dejo de pensar y extrañar aquello que nunca pasó, nostalgia de lo imposible, de lo imaginado, de lo triste y solo que me siento hoy y de lo feliz que pude ser a tu lado, ¿recuerdas los planes que teníamos juntos? Me da risa pensar en aquella casa en la playa que veíamos desde afuera y que pensábamos comprar, como en una película de esas que son muy malas en donde el final siempre es feliz y la pareja que mira la casa desde fuera la logra adquirir después de un golpe de suerte o de una recompensa por la bondad de ambos. Qué fácil es el amor en las películas, el amor imposible siempre se concreta, todos tienen lo que desearon después de esforzarse un poco. Qué pasa con nosotros aquí en la vida real, con los de carne y hueso que por más que nos esforzamos nunca logramos cumplir ningún sueño y a los que se nos acumulan los dolores, las penas y los obstáculos, siempre sufriendo por estar al lado de quien no queremos, haciendo lo que odiamos y queriendo, siempre queriendo lo que no tendremos nunca.

Aún así, es posible acostumbrarse, somos capaces de establecer una rutina, de aprender a querer nuestra tortura, esa que no dejaremos aunque se nos presente la oportunidad de oro, qué ironía de la vida, ¿verdad?, ¿cuántos de nosotros no deseamos cada día salir corriendo y escapar de este mundo en que nos ha tocado vivir, para ir a construir otro lejos, donde nadie te conozca, donde todo sea nuevo y maravilloso? A veces pienso en el Oriente, a veces en el Caribe o en algún pueblo helado del Tíbet, ¿cómo será vivir ahí, cómo será ser feliz?

Tienes una vida y yo también, ni tú ni yo estamos dispuestos a dejarla, ni lo haremos; pero un escape, un paréntesis en el cosmos, un día de entre los días, ¿crees que sea posible? No importa que estés lejos, viajaré, iré hasta ti, ¿qué dices?

No contestes, pero si lo haces, sabré que la respuesta es un sí y que la vida tendrá un descanso, una vez solamente.

Sabes mi teléfono y podrás encontrarme fácilmente. Ahora es así.

Si no quieres nada, si estas palabras no te han conmovido o simplemente le has dado vuelta a la página, lo entenderé, o eso creo, sabes que yo jamás he entendido bien el mundo, nunca he encajado, estoy ajeno, soy un ser extraño al que por algún motivo le tocó ser un desterrado.

Firmo esta carta con el pequeño dolor de la ausencia, con lágrimas guardadas y con recuerdos alegres, con futuros inventados y caballos voladores, también con una leve esperanza, a sabiendas de que la noche se acerca.

Siempre aquí,

Siempre tuyo,

J.

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