Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Especial de navidad: Cuentos para niños postmodernos – Emprendimiento, mujer y ladrillo (I)

I Cuento a modo de adivinanza. 
 
Emprendimiento, mujer y ladrillo

Me gusta contar historias y me gusta contarlas con un símbolo que las represente, así que esta historia tiene que ver con los ladrillos.  Se trata de una historia mexicana. A ver si pueden adivinar de qué mujer emprendedora se trata.

Las mujeres siempre hemos sido emprendedoras, apuesto a que la primera fue Eva, pues no no se dejó llevar por el  temor cuando mordió la manzana, su curiosidad intelectual fue más grande que la de Adán y se animó a desafiar las reglas, lo mismo que Pandora que abrió la caja del riesgo, ambas decidieron ser protagonistas de una nueva historia. Sin embargo, tal vez hemos carecido de esa necesidad de notoriedad masculina que los llevó a contar la Historia a su modo condenando a Eva y a Pandora , quienes, seguramente, mientras eran difamadas inventaron la cuna portátil para llevar al niño cuando recogían frutos o tejían productos perfectamente ecológicos.

Se trata de una niña que nació en Tacubaya, su madre era una maestra empeñosa que quedó viuda con 3 pequeños hijos cuando la chiquilla tenía apenas 6 años.

Una mañana a los 11 años la niña de mi historia despertó y, como hacía siempre se tejió unas hermosas y gruesas trenzas negras para acompañar a su madre al trabajo y no ser reprendida “Pareces la madre del viento” le decía siempre la madre cuando la veía greñuda. Así que como siempre tomaron un camión y llegaron al bello edificio  el de la Secretaría de Educación Pública, pasaron por el patio de paredes pintadas que tanto le gustaba (cuando crezca seré pintora pensó), al tiempo, un hombre corpulento que pintaba y dirigía trabajadores desde un andamio bajó su vista y vió a la niña, sus preciosas trenzas y sus hermosos ojos achinados cautivaron su atención.

—Esa niña es una verdadera belleza mexicana, María déjame pintarla, gritó el pintor desde las alturas ¿Reconocen a la niña o al pintor?

María, la madre de la niña era amiga del pintor, una mujer muy culta que admiraba la obra de ese hombre así que no se negó.

Ese fue el comienzo de una relación que duraría la vida entera y el primer ladrillo de esta historia emprendedora.

La niña creció y estudió leyes, aunque terminó cursando una carrera artística en la Academia de San Carlos. Ese será el segundo ladrillo.

El tercero fue que una pintura que hizo Diego (nombre de pila del pintor y la pista número dos porque el nombre de la madre o el título ya debieron darte pistas) de nuestra chica, apareció en una revista de arte y turismo que se llamaba Mexican Life. Uno de los directores de la publicación Howard Phillip (pista 3) , quedó flechado por esos ojos profundos, así que la invito a salir. Al tiempo se casaron y sumó a su amor por la pintura, por la cultura y por su país, cuatro hijos. Cabe mencionar que la obra que ayudó a los enamorados fue regalada por Diego Rivera (aquí ya debes haber adivinado el apellido de Diego, si no, andas en la luna)  a la nuestra protagonista. Se trataba de un autorretrato que años más tarde el pintor la obligó a devolver. Dos rupturas fuertes se sucedieron por ese tiempo, el divorcio de Howard y el distanciamiento de Diego por la disputa sobre el dibujo.

A partir del divorcio nació la chispa emprendedora que será el siguiente ladrillo en esta historia. Lola (pista 4)  compró paulatinamente 40 hornos para  ladrillos  incursionando en la industria de la construcción, su empresa Industria Compañía Inmobiliaria y Constructora, S.A. (CICSA)  llegó a ser enorme.

Otra gran mujer, Frida Kahlo murió y Dolores vuelve a encontrarse con Diego; junto con un grupo de amigos viajaron a Janitzio para participar en las ceremonias del Día de Muertos. Reanudan su amistad y Lola comienza a comprar obra del muralista a la par, fue creando una colección de piezas de arte precolombino, orientada también por el artista. Diego le pidió que se hiciera cargo de los museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli. Durante esos años, se volvió coleccionista de arte; en 1972, había coleccionado 800 piezas arqueológicas mesoamericanas y llegó a tener más de 140 Riveras la colección más grande del mundo, a la que sumó obras de diversos artistas. Lola también ocupó posiciones políticas y culturales y, desde ellas, pudo realizar exhibiciones de arte mexicano dentro y fuera del país.

Su talento para los negocios, su talento crítico como coleccionista y su pasión por nuestro país, la llevaron a donar su extraordinaria mansión con pavoneares y xoloescuincles para convertirla en museo. Murió a los 93 años. Ella siempre dijo que su vida fue maravillosa y logró todo cuanto se propuso para ella, su familia, para su comunidad, y para rescatar el arte y las tradiciones de México.

(Claro, adivinaste, su nombre es Dolores Olmedo)


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