Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Especial de navidad: Cuentos para niños postmodernos (introducción)

Las libertades y los lujos de la Navidad

Los fríos decembrinos, los adornos y los villancicos me hacen pensar en cuánto ha cambiado la Navidad en la era cibernética. Por supuesto que se ha vuelto menos familiar, se han roto los lazos rígidos que obligaban a los hijos a estar en casa como la promesa de ese legendario villancico, “I’ll Be Home for Christmas you can Count on that”… No lo hago con nostalgia porque sé que con la ganancia de libertades, se pierden seguridades y tradiciones, o lo que es lo mismo, por hacer de mi Navidad lo que me venga en gana.

No por ello dejo de festejar un ritual de cierre y renovación tan antiguo como las fiestas al Solsticio romano, que se transformaron en la celebración de un personaje nacido en un portal hace 2017 años y contando, como nuestro calendario.

En 2017 la tradicional cena navideña se convierte en un viaje por crucero si se tiene billete, en una relajada vacación a un balneario si se cuenta con familia o, simplemente se ignora la fecha con una cena en cama mirando Netflix. La multiplicidad de posibilidades de una Noche Buena son infinitas, nadie se asoma o lleva la mano en el pecho si se disfraza la familia entera de rojo con gorro y cena pavo, o se anda en pelotas con una novia o novio de ocasión cenando pizza a domicilio. La Navidad se suelta los amarres, como si Santa soltara a los renos y anduvieran sueltos recorriendo circos agónicos o zoológicos desiertos, en busca de amantes perdidos.

Especial de navidad: Cuentos para niños postmodernos

Mi nuevo mejor amigo de lecturas es Boris Cyrulnik, quien me platica de la concepción de héroes en tiempos de guerra y de paz. La diferencia es sustancial porque en momentos turbios, se valoran los actos heroicos, los esfuerzos de largo plazo, el ahorro y la comunión con los otros. Es inevitable que formemos el carácter de los hijos ante la expectativa que el futuro presenta.

Ahora, en tiempos de paz, se venera a los seres de la pantalla o a los deportistas, a la belleza y al glamour. Pareciera que no se necesita el valor y coraje de los héroes de antaño, basta con ser bonito, ejercitado y bien vestido. Los regalos en consecuencia, se pacifican y se frivolizan. No regale usted armas al niño o disparará desde un hotel de Las Vegas a la masa informe como venganza de unos padres regañones. Es más, no se esfuerce en tumultos y tendajos, abra el catalogo de Amazon cuyo trineo es más veloz que el de Santa; o mejor, ahorre tramites y regale una tarjeta con dinero para que el niño o niña compre su capricho a modo, para que se disfrace de Miley en lugar de Mujer maravilla o de Chicharito en lugar de Superman.

Me dice el buen Boris que en la llamada familiar “normal”, a veces se hace un daño terrible, peor o igual al del niño maltratado o abandonado, hacer pensar a un niño que es el centro del universo. Se trata de niños que están ‘sobre-invertidos’, sobreprotegidos. Algunos padres que han sido lastimados en la infancia dejan que sus hijos hagan lo que quieran. Estos niños se desarrollan mal. La sobreinversión es una forma de empobrecimiento en sí misma, porque los padres sacrifican todo y concede todos los permisos. Esa falta de límites se convierte en una prisión para el niño. Lo mejor para los niños es ser criados por una comunidad, tener límites y entender su lugar en el mundo, como en el dicho africano: ‘Para educar a un niño se necesita una aldea’.

Me pregunto entonces si los niños postmodernos son unos dañados o si se nos olvida que la guerra hoy es simplemente distinta. Se lidia con lo de siempre, los dramas que nos habitan desde principios de los tiempos, la muerte, la soledad, el miedo, el desamor y claro, la falta de empleo.

Dice mi autor que son nuestros cuentos los que nos ayudan a resolver las historias tristes o dolorosas; que establecer héroes nos da pautas para buscar camino y por ello imagino ser una especie de duende en mi taller de palabras y me propongo regalar tres pequeños cuentos de héroes para leer en Navidad.

Es la primera vez que incursiono en el cuento infantil, así que querido lector apelo a tu tolerancia y benevolencia. Cuando se me mete una idea en la cabeza se propaga y pienso que debo hacer una serie completa para contar la historia de héroes de verdad, hombres y mujeres que me caen bien, e ilustradas con mis incipientes dibujos sus vidas. Juego a ser Gepetto construyendo marionetas.

Me gustaría contar la vida de esas mujeres que he llamado mi liga extraordinaria: Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de medicina a punto de cumplir los cien años; Marie Curie, científica que logra lo increíble: ganar dos premios Nobel; Lise Meitner que que descubrió la fisión nuclear, aunque el galardón se lo llevó en 1944 el alemán Otto Hahn sin siquiera mencionarla, porque además era judía en tiempos nazis. Nahui Ollin pintora y polémica de ojos primorosos; Rosalind Franklin que descubrió los fundamentos de la estructura molecular del ADN. Contar sobre las conversaciones de Pablo y Diego, Picasso y Rivera inspirada por la mágica exposición de Bellas Artes. Contar cómo Henrietta Swan Leavitt, la astrónoma de Harvard que catalogó a las estrellas; o cómo una estrella sin par, la belleza única Heidi Lamar, que ayudó a inventar la tecnología en la que se basa el wifi moderno. Si conoces editor para esta colección, amiga lector, por favor contáctamelo.

Regreso a mi taller de vidas para armar con el propósito de regalar 3 historias. Las 3 se basan en tres ejercicios de la Gramática de la fantasía de Gianni Rodari. Como ya soy cincuentaona, considero este esfuerzo como el primer avance de “Cuentos para mis nietos post post mileniales”.

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