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Foto: Cuartoscuro

Martes 15 de septiembre del año 2020. Amanece a las 7:15 am. Gil se abrió paso entre las sombras, pero no pudo repantigarse en el mullido sillón. Agitado y preocupado caminó sobre la duela de cedro blanco. Una nota de Elías Camhaji en su periódico El País informa que “la organización Artículo 19 señala las constantes descalificaciones de L(i)ópez Obrador como uno de los principales detonantes de las agresiones contra los periodistas en el país”.

México registró 406 agresiones contra la prensa durante los primeros seis meses de este año, al ritmo de un ataque cada 11 horas, según información de la organización Artículo 19. “Se trata de un aumento del 45% en comparación con el primer semestre de2019, que ya fue de por sí el año más violento para los miembros de los medios de comunicación en la última década, con 609 periodistas agredidos”.

La mitad de los ataques fueron cometidos por funcionarios públicos de todos los niveles de Gobierno. “Hemos visto cómo las intimidaciones y campañas de desprestigio empiezan en las conferencias mañaneras del Presidente y se replican por otros miembros de su Gobierno o en los estados y municipios”, afirma Leopoldo Maldonado, director de Artículo 19.

“Nos enoja y nos preocupa que siga pasando lo mismo en este país, sobre todo en este estado, convulsionado por las agresiones a periodistas que no han parado sin importar quién gobierne”, dijo el miércoles Raúl Arroniz, director de El Mundo de Córdoba, después de que uno de sus reporteros, Julio Valdivia, fuera hallado decapitado en Tezonapa, en los límites entre los estados de Veracruz y Oaxaca.

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12:30 pm. Gil cavilaba perturbado: el informe refleja cómo “el clima de hostilidad desde la tribuna presidencial se ha traducido ya en uno de los principales detonantes de los ataques contra la prensa”, en palabras de Maldonado. “Entre enero y junio hubo 45 ataques perpetrados por funcionarios del gobierno federal, alrededor de tres veces más de los que se registraron en ese periodo el año pasado”.

“Se manda un mensaje desde las fiscalías de que si se agrede a un periodista nada va a suceder en términos de una sanción penal”, señala Maldonado.

La doble estrategia de denostar a la prensa desde las tribunas del poder y amedrentarla por debajo de la mesa sucede en la Puebla de Barbosa, también de Morena. Más de la mitad de las agresiones contra la prensa fueron cometidas por trabajadores de su estado, uno de los cinco que concentran más del 50% de las agresiones, junto a Ciudad de México, Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo. En un año, Puebla pasó de ser el décimo al segundo estado más hostil contra la prensa, sólo detrás de la capital.

El caso de Veracruz ha ocupado recientemente las portadas de los diarios del país, al registrar dos de los cuatro homicidios de periodistas en este año: el de Valdivia y el de la periodista María Elena Ferral. “Tenemos unas autoridades que vienen de la lucha social, pero que ahora que están en el Gobierno no están haciendo nada diferente a sus antecesores y se queja igual que todos cuando es sometido al escrutinio público” comenta Ana Laura Pérez, directora de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas.

Gilga siempre pensó que había cierta exageración en esta visión de los peligros periodísticos. Idiota Gamés. “El brutal asesinato de Julio Valdivia afianza el estatus de Veracruz no sólo como el estado más violento para los periodistas en México, sino como la región más mortal para los periodistas en todo el continente”, aseguró Jan Albert Hootsen, el representante en el país del Comité para la Protección de los Periodistas.

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2:30 pm. Pasada la hora sagrada, Gil decidió dirigirse al Zócalo,  pero al parecer no hay Zócalo, no hay Grito, no hay nada de nada, como no sea un pebetero patriótico. No se lo tomen a mal a Gamés, pero qué bueno, Gilga detesta las fiestas cívicas, las odia.

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