Cinque Terre

Orquídea Fong

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Año Nuevo Chino, periodismo e inclusión

Hoy, 16 febrero a las 11 de la noche, entra oficialmente el nuevo año de acuerdo al calendario lunar, que rige en China, Mongolia, Corea y otros países de Asia (no en Japón).

Desde hace varias décadas, en México, la prensa recoge puntualmente la nota de la celebración, que tiene lugar en varios puntos de la capital y en las ciudades más importantes del país. Por supuesto, también se realiza en todas las grandes urbes a nivel mundial. Es una fiesta global.

Periódicos, radio y televisión hacen crónica de las fiestas, resaltando fundamentalmente su faceta colorida: las danzas tradicionales (león y dragón), la comida y las tradiciones relativas a la buena fortuna. La cultura china es pródiga en usos que buscan propiciar la suerte, la prosperidad y la longevidad. Toda la parafernalia del Año Nuevo Chino no tiene otro propósito.

Año Nuevo Chino en México

En México ha habido varias oleadas de migraciones chinas. Mi abuelo—que llegó aquí en los años 30’s—perteneció a la de antes del triunfo del comunismo y posterior al periodo más duro de la campaña antichina.

Debido a la memoria de diversos eventos dolorosos (la matanza de 1911, la expulsión promovida por Plutarco Elías Calles, entre otros) esa generación conservó de manera hermética sus tradiciones, sin compartirlas con el resto de la sociedad. El objetivo fundamental  no llamar la atención para no ser atacados.

Existían clubes chinos, casinos chinos, una logia masónica china y celebraciones privadas, pero no festivales públicos. Hasta donde sé, la mayor exposición pública que tuvo la colonia china durante muchos años fue la peregrinación anual a la Basílica de Guadalupe, que todavía se realiza. Del guadalupanismo chino quizá hablemos en otra ocasión.

Estoy segura que ni mi abuelo ni sus contemporáneos imaginaron que un día el Año Nuevo Chino sería una fiesta oficial de la Ciudad de México (con desfile sobre Reforma y toda la cosa).

Que sería algo que muchos mexicanos esperan con alegría, emoción y, hay que decirlo, una revoltura de conceptos que, finalmente (y aunque me pese), no tiene la mayor importancia, porque lo que esencial es celebrar.

Fue hacia los años 60—no tengo un dato preciso—en que la generación de mi padre determinó rescatar el origen chino. Se informaron, mediante lecturas y otros medios, de las tradiciones que sus padres chinos jamás les transmitieron, en un afán de que sus hijos fueran plenamente mexicanos y jamás sufrieran lo que ellos habían sufrido. Muchos no enseñaron a sus hijos ni el idioma: preferían hablar con ellos en su español atropellado.

Mi padre y muchos amigos suyos no solo aprendieron las tradicionales danzas del dragón y del león. También iniciaron grupos de estudio de chino, caligrafía, clases de cocina, de etiqueta china y de lecturas. Destacó una iniciativa muy importante: hacer periodismo.

La revista “Chun Kuo”, de factura totalmente amateur, escrita, dirigida y distribuida por un pequeñísimo grupo, fue el primer esfuerzo, del que yo tenga conocimiento, de periodismo chinomexicano con fines de fortalecimiento de la identidad.

La revista circuló únicamente entre miembros de la colonia china del Ciudad de México y otras colonias chinas del país, como la de Tuxtla Gutiérrez y Mexicali.

En 1981 se conforma la Comunidad China de México A.C., la cual aún sigue en activo y que también generó su propia revista.

Esta asociación civil dio un paso gigantesco, de cuyos alcances cual no estábamos en lo absoluto conscientes: llevamos las festividades chinas ante el ojo del público mexicano.

Recuerdo una tarde de 1983, en el centro de Coyoacán. Algunos leones y un dragón, al ritmo de un tambor, platillos y gong sorprendieron a las personas que por ahí paseaban. La multitud se acercó. Algunos comentaron haber visto lo mismo, en San Francisco. La gran mayoría no tenía idea de lo que veían.

“Son chinitos, qué chistosos”, dijo un hombre, mientras con los dedos índices se estiraba los ojos. Me dolió el corazón.

No fue la única vez. Un par de años después, Televisa nos buscó para tener la nota del Año Nuevo Chino. Invitaron al estudio del noticiero de Guillermo Ochoa a un grupo de bailarines del león y de bailarinas de un par de danzas, no recuerdo cuáles. La manera en que el periodista los presentó fue una joya de ignorancia:

“Tenemos en el estudio un grupo de bailarines de la Comunidad China de México, A.C. Son… chinitos. No se sorprenda con la música. Parece que al cassete lo hubiera atropellado un trailer, pero no se preocupe: así suena”.

Afortunadamente, esto ha cambiado por completo. En los numerosos programas de radio y televisión a los que hemos asistido para hablar de la fiesta, hemos sido tratados con respeto.

Año del Perro

No hablaré de la costumbre china de identificar a los años por medio de animales. Es de sobra conocido. Solo como ejemplo, diré que al introducir en Google la búsqueda “Año Nuevo Chino 2018”, el buscador arroja un total de 393 mil resultados.

Me interesa mucho más insistir en esto:

Este Año del Perro, el 4716 de acuerdo al calendario lunar, los chinos y chinomexicanos celebramos abiertamente esta fiesta sin escuchar ya que somos “chistosos”. O cosas peores.

El Año Chino se ha integrado a la cultura de muchas personas, a sus expectativas, intereses y tradiciones personales. No importa que no sean de origen chino. Lo que importa es que la estética, el colorido, el modo, les resultan atractivos y resuenan en su alma. Les gusta, les emociona, les divierte o simple y sencillamente, les encanta la comida y comprar algún amuleto. Para mí, es un motivo tan bueno como cualquier otro.

Pero más importante aún y es a donde he querido llegar a lo largo de este texto: la fiesta de Año Nuevo Chino ha sido un vehículo para que los chinos y chinomexicanos mostremos que somos gente como todos, que no somos raros, misteriosos o incomprensibles.

Durante las fiestas de Año Nuevo, los mexicanos preguntan qué es tal o cual platillo, qué significa este símbolo, por qué se baila el león y se deleitan junto con nosotros.

La fiesta de Año Nuevo ha servido, en México, para que se nos deje de ver como el temible Otro al que hay que combatir.

En este logro, además de la labor de nosotros, los chinos y chinomexicanos, el trabajo de la prensa ha sido esencial.

No son pocos los periodistas que saben de China mucho más que nosotros mismos. Y que han sido atentos y cuidadosos para escribir sobre nuestras tradiciones, al comunicar la grandeza de esta cultura milenaria y logrando cambiar, lentamente, la percepción del público acerca de lo chino.

Hoy, en México, el Año Nuevo Chino es de todos. Esto es inclusión, integración, respeto.

Y al escribir esto se me llenan los ojos de lágrimas.

¡Feliz Año Nuevo!

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password