Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Vivir en la Ciudad de México: entre la valentía y la inseguridad

En la Ciudad de México vivimos entre la valentía y la inseguridad. Entre el deseo de disfrutar, crecer y prosperar, y el recelo de ser víctimas de un delito. Cada día, para el capitalino, es un acto de valor, de esfuerzo y también de resistencia.

Un imitador de Juan Gabriel ofrece un homenaje ante la escultura del cantante, ubicada en el barriode la Lagunilla, conmemorando el quinto aniversario de su muerte. Mientras cantaba “Si nosotros nos hubiéramos casado” la gente bailaba en círculo alrededor y cantaba con él. Fotografía: Orquídea Fong.

El trabajo que hemos realizado para dos reportajes (el primero sobre el Metro de la CDMX y el que presentamos en esta ocasión) nos arroja la misma conclusión, puramente empírica, pero no por ello menos válida:

El capitalino, con tal de sobrevivir, tanto física como psíquicamente, echa mano de mecanismos de defensa que le permiten adaptarse, mantenerse a salvo lo más posible y no paralizarse por el miedo ni la incertidumbre. El principal de estos mecanismos es la negación.

Así, por ejemplo, la Alameda del Centro Histórico –la zona con mayor tasa de violación en la capital— es visitada diariamente por tranquilos y felices paseantes hasta altas horas de la noche.

Las personas acuden masivamente a hacer sus compras a la Lagunilla, tradicional barrio comercial, a pesar de que se encuentra en la zona con uno de los mayores índices de robo en toda la ciudad.

Ocurre algo semejante en el barrio de Tepito, ubicado en la colonia Morelos, que ostenta el más elevado índice de homicidios dolosos de toda la ciudad.

Para saber un poco más salimos a las calles y recorrimos algunos sectores de las dos alcaldías más peligrosas de la CDMX: Gustavo A. Madero y Cuauhtémoc. Platicamos con muchas personas, hicimos preguntas y registramos puntos de vista.

Así, al tiempo que algunas personas nos decían que se sienten seguras o aceptablemente seguras en su zona de residencia o trabajo, admitían que su conducta está completamente moldeada en función de evitar ser víctimas de un delito.

Parejas bailan ritmos tropicales un sábado en la Alameda de la Ciudad de México. Nos comentaron que son “gente de salón de baile” que por la pandemia organiza sus bailes al aire libre. Fotografía: Orquídea Fong.

Es decir, su sensación de seguridad, mucha o poca, no proviene de que puedan contar con la policía, ni de que consideren que al denunciar la autoridad les pueda hacer justicia. Su sensación de seguridad, mucha o poca, proviene del autocuidado, de las medidas personales que han implementado, como no transitar por zonas oscuras, no cargar objetos de valor, no viajar en ciertas rutas de transporte público o caminar en grupos.

Asimismo, nos llamó la atención el grado de normalización que varios de nuestros entrevistados han desarrollado sobre la delincuencia. Hubo uno que nos comentó que a él “sólo” lo han asaltado dos veces y no se considera gravemente vulnerado, ya que el ladrón únicamente se llevó objetos de poco valor.

Hubo otro que nos dijo que él se siente seguro trabajando en la zona del paradero de Indios Verdes, ya que es una zona “tranquila” y en donde se ha reducido la inseguridad, ya que ahí, los únicos delitos que ocurren son “los normales”, dijo: robo de celulares y carteras.

Otro más, un taxista, nos dijo que él trabaja “muy a gusto”, puesto que nunca le ha pasado nada. Le preguntamos el motivo y entonces admitió: “me fijo bien antes de subir a alguien”. Y luego de decir que no ha sufrido nunca un delito, agregó: “bueno, hasta ahorita”.

Ninguno de nuestros entrevistados manifestó cercanía con la policía. En el mejor de los casos, dijeron que “algunos son confiables”, pero, en términos generales, consideraron que la atención que brindan los policías de patrulla no es expedita, eficaz ni suficientemente informada.

Otro de ellos refirió haber intentado denunciar en una ocasión un intento de robo. Nos relató que a los policías “les dio igual” lo que él les informó y jamás intentaron dar seguimiento a su denuncia. Luego, él mismo le quitó importancia: finalmente, dijo, “sólo” intentaron robarme, pero no lo consiguieron.

Otro entrevistado más, el hombre del sombrero en la Alameda, que ustedes pueden ver en el video, nos concedió el panorama más interesante de todos: en las zonas peligrosas de la Ciudad de México sobrevive el que “entiende el lenguaje del barrio”.

El barrio es seguro, nos dijo, para el que sabe “cómo moverse”.

Y eso, justamente, resume la manera exacta en que el capitalino vive ante la inseguridad y la delincuencia, cada uno a su particular manera.

Hay que saber el movimiento.

El “hombre del sombrero en la Alameda” es pepenador, hace 31 años estuvo preso y actualmente acude a los bailes en la Alameda. Nos dijo que en el barrio está seguro el que “se sabe mover”. Fotografía: Orquídea Fong.

CLAUDIA SHEINBAUM Y LA INSEGURIDAD

El 17 de septiembre pasado, al rendir su Tercer Informe, la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum lanzó una cifra, que de ser cierta, significaría que su administración ha logrado un éxito sin precedentes en materia de combate a la delincuencia: se ufanó de que los delitos de alto impacto se redujeron nada menos que 45.3% durante el primer semestre de 2021.

El gobierno de la CDMX es fuente de sus propios datos, por medio de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Lo mismo ocurre en todos los estados y a nivel nacional.

Es decir, no tenemos manera de saber si esta estadística es real, como no podemos asegurar que las cifras brindadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública sean precisas, aunque es con la única referencia oficial con la que contamos.

Sin embargo, tenemos un dato muy relevante para contrastar: de acuerdo con un informe publicado esta semana por México Evalúa, en la Ciudad de México el 94% de los delitos que realmente ocurren no se denuncia. Es decir, la cifra negra de delitos es de 94%, lo que quiere decir que los hechos que contabiliza la autoridad son únicamente el 6% de los que ocurren.

Así, sobre ese 6%, las autoridades de la CDMX construyen sus estadísticas. Pero la cifra negra es un fenómeno nacional. De acuerdo con el mismo organismo, la cifra negra de delitos en México es, en 2021, de 93.3%. En México la gente no denuncia. ¿La causa principal? Falta de confianza en las autoridades.

El 17 de septiembre no fue la primera vez que Sheinbaum presumió así. Ya lo hizo en julio de este año, en que aseguró que, gracias al buen trabajo de su administración durante 2021, se habían reducido casi a la mitad los delitos de alto impacto, que incluyen homicidios dolosos, robo de autos, robo a casa habitación y otros.

“Uno se pregunta cómo fue que se logró esto, y bueno, es una estrategia que impulsamos desde que llegamos al gobierno de la ciudad, que consiste en varios ejes, el primero e indispensable, y en eso coincidimos plenamente con el presidente de la República, es que no puede haber seguridad si no hay justicia, y eso es la atención de las causas”, es decir, la pobreza y la desigualdad.

Partiendo únicamente de los datos oficiales y de la elevada cifra negra, no tenemos forma de saber si la drástica reducción de delitos que presume Sheinbaum es real, pero podemos sostener una duda razonable.

Veamos:

-Si para Sheinbaum la atención a las causas es el camino a la reducción del delito, entonces no va bien. De acuerdo con Coneval, la pobreza extrema creció 163% en la Ciudad de México entre 2018 y 2020.

-La CDMX se encuentra entre los tres primeros lugares nacionales en tasa de desempleo. Esto, según datos del INEGI publicados en julio pasado. Desempleo lleva a pobreza, pobreza lleva a desigualdad y desigualdad lleva a delito, de acuerdo con lo que sostiene la jefa de gobierno.

Mayor presencia policial no implica mejor combate al delito. Así lo manifestó el especialista en seguridad Armando Rodríguez Luna, en declaraciones a La Silla Rota, este 4 de octubre. Lo que hay que lograr, dijo, es mayor y más efectiva coordinación entre los tres niveles de gobierno. “Es un problema que se origina a partir de la disfuncionalidad de la organización político-jurídica”.

Si la cifra negra de delitos es tan elevada, producto del muy bajo nivel de denuncia, entonces es razonable suponer que si la autoridad desalienta la denuncia, las cifras de delitos “bajan”, pues  recordemos que para las autoridades de seguridad sólo se contabilizan los delitos denunciados y es lógico. No hay otra forma objetiva de llevar un registro.

Así, aceptando que nos dijo la verdad, lo que Sheinbaum informó fue que se redujeron 45.3% las denuncias o expedientes abiertos sobre delitos de alto impacto durante el primer semestre de 2021.

La desconfianza está fundada: muchos ciudadanos nos hemos enfrentado al viacrucis de levantar una denuncia o a la indiferencia de la autoridad. Más abajo expondremos un caso real y emblemático que lo ejemplifica.

Por supuesto, al presumir sus cifras, la jefa de Gobierno no mencionó que la estrategia de seguridad nacional que tanto defiende ha producido en este sexenio más de 100 mil homicidios en todo el país, registrándose una reducción porcentual mínima, tanto local como nacional.

Tampoco abordó, como parte de este supuesto éxito, si hubo avances o no en materia de combate a la impunidad. Cabe recordar que el delito consta de varias etapas: la comisión del mismo, su denuncia, su investigación y su sanción o castigo.

En cada una de estas fases cualquier gobierno puede incidir para mejorar sus cifras.

Las cifras de reducción del delito que ofrece Sheinbaum y todos los niveles de gobierno provienen del conteo de las denuncias y de las carpetas de investigación abiertas. Es una obviedad decir que si las personas denuncian menos, oficialmente los delitos se reducen.

Ocurre lo mismo si la policía no acude a todos los llamados o bien, si las personas, por el motivo que sea, se desisten de presentar una denuncia, logrando el cierre de una investigación. Lo mismo cuando por falta de elementos a una investigación se le da el “carpetazo”.

En síntesis: el número de delitos denunciados no refleja de manera exacta el número de delitos cometidos y eso es algo que ocurre en todos lados, pero que se agrava en un entorno donde priva la corrupción y la ineficacia.

Que esa reducción se deba a que se cometen menos delitos o a que se incrementa la “cifra negra” es algo que en la Ciudad de México no podemos saber de manera fehaciente

LA MEDICIÓN DEL DELITO

Medir el delito es un problema que enfrentan todas las sociedades y gobiernos. Es esencial para establecer estrategias de abordamiento en contra de la inseguridad, atención a zonas peligrosas, trabajo con las víctimas y más.

No es una labor sencilla y requiere de una metodología estricta, de funcionarios de seguridad capacitados y honestos, de procesos de recogida de datos adecuados y, sobre todo, de confianza ciudadana en las autoridades, para poder denunciar.

En términos generales, en cualquier sociedad la medición del delito parte de dos fuentes básicas:

1.- Las denuncias y procesos de investigación abiertos ante las instancias judiciales.

2.- Las encuestas de victimización y/o percepción de inseguridad.

El primer punto está compuesto, o debiera estar compuesto, de datos duros, medibles y verificables. El segundo punto se conforma a partir de testimonios y experiencias personales y componen un panorama de la ocurrencia de delitos que no necesariamente llegan a ser denunciados.

Ambos conjuntos de datos tienen margen de error, por supuesto. En el caso de las cifras oficiales, la propia autoridad puede manipularlos para mejorar su imagen. O bien, la simple ineptitud de algún funcionario puede incidir en un mal registro de los datos.

En el caso de las encuestas de victimización, existe la posibilidad de que las personas mientan, minimicen, exageren o se nieguen a responder. Asimismo, las encuestas suelen aplicarse únicamente a personas mayores de edad, lo que hace que la muestra sea sesgada.

No obstante, son las mejores herramientas con las que se cuenta en la actualidad.

De acuerdo con el artículo académico La medición del delito, de Verónica Durand, publicado en 2003 por la Universidad de La Plata, “uno de los puntos más críticos de la criminología (es) la cifra negra u oculta de la criminalidad, constituida por todos aquellos delitos que no llegan a conocimiento de las instituciones oficiales y al conocimiento de las víctimas que no presentan la denuncia; y es también un medio para la obtención de información sobre la criminalidad de una región, características de los hechos y de las víctimas y victimarios”.

Explica que existe un protocolo internacional para encuestar a personas víctimas del delito y así obtener una visión lo más completa posible de la persona victimada y el contexto en que sufrió el delito. Pero, como dijimos arriba, es una metodología no exenta de errores.

Este tipo de encuestas son las que aplica el INEGI, para generar la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana u organismos como Mexicanos Unidos Contra la Delincuencia, que genera la Encuesta Periódica sobre Percepción de Inseguridad Ciudadana en México.

Las encuestas complementan el panorama de las estadísticas oficiales, puesto que recogen casos que no fueron ni serán denunciados.

A esta visión se agregan los relatos de experiencias personales que recogen los medios de comunicación y que, aunque no tienen valor estadístico, sí poseen una gran importancia cualitativa y descriptiva de los modos en que se configura la vivencia del delito.

Ninguno de los instrumentos o abordamientos es completo en sí mismo y cada uno tiene en sí posibilidades de error, inherentes a su naturaleza.

Siguiendo a Durand, “los errores de las estadísticas policiales se centran en errores de recolección, departamentos de policía que no responden, cambios en la policía y en los procedimientos de toma de denuncia”, por citar algunos casos.

Si a eso se agrega que, tal como muchos habitantes de la CDMX han experimentado, existen en los Ministerios Públicos resistencia a dar cabida a una denuncia, procesos dilatorios que desaniman el seguimiento y hasta presión directa de autoridades para no denunciar, entonces ya no hablamos de errores, sino de corrupción.

EL INSTRUMENTO DE MEDICIÓN EN MÉXICO

Las cifras de ilícitos en México se contabilizan a partir de una metodología establecida desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en el documento llamado Instrumento para el Registro, Clasificación y Reporte de los Delitos y las Víctimas CNSP/38/15, vigente desde 2018, que es un “manual para la clasificación y llenado del nuevo formato de captación de la información de los delitos del fuero común”.

Este documento es un manual para los funcionarios encargados de llenar los formatos de registro estadístico de delitos, a partir de la más reciente tipificación de los mismos.

El registro se hace en la herramienta informática denominada Sistema para el Registro de Información de Incidencia Delictiva (SISDEL). Dice el documento que dicha plataforma es un “nuevo sistema de captura y registro de la información que permite un mayor control en la transferencia de la información y un aumento de su calidad, reemplazando la práctica tradicional de enviar los reportes en archivos abiertos y a través de herramientas de comunicación convencionales o comerciales”.

El lector puede consultar el manual en este link https://drive.google.com/file/d/1ZGUcrisaDhHuEkJ8sXZDUEbK3gxQFD2t/view y podrá concluir que, más allá del buen diseño que pueda tener tanto la herramienta como el manual, es innegable que hay espacio a la manipulación de las cifras por parte de los funcionarios involucrados y que una deficiencia en el uso de la herramienta puede derivar en errores de registro.

FRAGILIDAD DE LAS CIFRAS

Como hemos venido sosteniendo, las cifras oficiales de inseguridad tienen un grave defecto: se pueden manipular, sea por ineptitud o con intencionalidad.

Hay varias maneras:

1.- Haciendo más lento el flujo de datos desde los Ministerios Públicos hacia las bases de datos sobre las carpetas de investigación abiertas.

2.- Negándose, desde los propios Ministerios Públicos, a abrir una investigación o bien, darla por resuelta, inmotivada o no procedente, de manera indebida.

3.- Haciendo caso omiso a las llamadas de ayuda hacia la policía.

4.- Reclasificando delitos de alto impacto como delitos de bajo impacto. Es el caso de los feminicidios o casos de violencia de género, que en muchos casos quedan clasificados como homicidio o bien, lesiones dolosas.

5.- Por error o ineptitud en la observación de la metodología y el uso de las herramientas estadísticas.

ALGUNOS DATOS PARA EL 2021

Hemos venido sosteniendo que aun cuando las cifras oficiales pueden ponerse en duda, son lo mejor con lo que contamos.

Y en el mismo tenor, a las afirmaciones triunfalistas de Sheinbaum, sobre la radical reducción de delitos en su administración podemos oponerle datos de su gobierno y también de diversas encuestas de percepción ciudadana y ver la situación con otros ojos.

1.- La Ciudad de México tiene tres primeros lugares en delitos a nivel nacional: robo a negocio, robo en transporte público y robo con violencia.

2.- En 13 de las 16 alcaldías más del 60% de la población se siente vulnerable ante la delincuencia.

3.- En ninguna de las 16 alcaldías el porcentaje de personas que confía en la policía supera el 50%.

4.- El nivel más bajo de confianza en la policía lo registra la alcaldía Gustavo A. Madero, que en consecuencia tiene el más elevado índice de percepción de inseguridad, pues 86.4% de las personas se siente insegura.

5.- La CDMX tiene una tasa de robo a negocio de 32.8 casos por cada 100 mil habitantes.

6.- En el delito de violación, la capital tiene una tasa de 18.2 casos por cada 100 mil habitantes.

7.- La alcaldía Cuauhtémoc es la demarcación con más elevado nivel delictivo: ocupa primer lugar en siete delitos de alto impacto: violación, extorsión, narcomenudeo, trata de personas, robo a transeúnte, robo en transporte público y robo a casa habitación.

8.- Pero dentro de la alcaldía más peligrosa, no todas las zonas son iguales. La Alameda forma parte del sector con la más elevada tasa de violaciones en toda la capital: 55.5 por cada 100 mil habitantes.

9.- Dentro de la misma alcaldía, es la colonia Morelos la que posee la más elevada tasa de homicidios dolosos en toda la CDMX, con 58.9 casos por cada 100 mil habitantes.

10.- El Centro Histórico ocupa el primer lugar en robo a negocio, con una tasa de 116.7 casos por cada 100 mil habitantes. Esta zona es segundo lugar estatal en homicidios dolosos y narcomenudeo después de la Colonia Morelos.

11.- En 15 de 16 alcaldías, más de 30% de los habitantes fueron víctimas de un acto de corrupción por parte de autoridades de seguridad.

12.-En 15 de 16 alcaldías, más del 20% de los hogares o alguno de sus habitantes fueron víctimas de robo.

EL CASO DE ANA

Cerramos este reportaje con el caso de Ana “N”. No divulgamos su nombre debido a que su caso, una denuncia por maltrato y amenazas de muerte por parte de su expareja, se encuentra abierto ante la Fiscalía General de Justicia la Ciudad de México.

El caso de Ana, con el que esta reportera ha tenido contacto de primera mano, ya ha sido divulgado en algunos medios de comunicación, como muestra del doble discurso del gobierno de Claudia Sheinbaum en materia de atención al delito y sobre todo, del combate a la violencia de género.

Demuestra que, tal como señala el periodista Adolfo Gómez Vives, que fue de los primeros en dar difusión a lo que Ana ha  vivido, que “las agencias del Ministerio Público inhiben la presentación de denuncias por violencia de género y violencia intrafamiliar”.

Refiere Gómez Vives, en un artículo de enero de 2021 publicado en La Silla Rota, que la denuncia fue interpuesta el 20 de septiembre de 2020, hace más de un año. Fue presentada ante una agente del Ministerio Público y quedó asentada en la carpeta CI-FIDVF-AZ/UI-3 S/D/00511/09/2020.

La agente del MP se negó a consignar los hechos narrados por Ana (consistentes en que su expareja la violentó psicológicamente, la intentó golpear y amenazó con “matarla a putazos”) debido a que ya “había pasado mucho tiempo”. Esto es claramente ilegal.

Quien esto escribe tuvo acceso a pruebas documentales de las amenazas, consistentes en audios e imágenes, en las que el agresor admite haber amenazado de muerte a Ana, debido a que “era la única forma de que te calmaras”, argumentando que no tuvo otra opción, para “defenderme de ti”. Obra en mi poder una copia de un audio en donde el agresor admite haberla amenazado con matarla y se justifica con los argumentos arriba expuestos.

Según la reseña de Gómez Vives, la agente del MP dijo en su momento a Ana que la denuncia debía “limitarse a los últimos hechos”, es decir, a lo ocurrido el día y días previos a que Ana acudió al MP, porque supuestamente no cabía denunciar hechos de más tiempo, lo cual es falso.

Cabe señalar que Ana es una mujer instruida, con dos maestrías. Conoce sus derechos. Sabe el valor de la denuncia. Cuenta con el acompañamiento de una abogada feminista. Aun así, se enfrentó al descarado intento de la autoridad por desalentar su proceso y fue revictimizada en varias ocasiones.

Posteriormente, el 17 de noviembre de 2020, se le practicaron a Ana un conjunto de pruebas psicológicas por parte del perito de la FGJCDMX, Carlos Eduardo Toribio Alcázar.

Debido a que, según Toribio Alcázar, Ana no presentaba síntomas de afectación psicoemocional asociados a los hechos que acusaba, se consideró su denuncia no sustentada y se le dio “carpetazo”.

Es decir, según la FGJCDMX, una víctima de amenazas debe demostrar estar muy afectada para que proceda su denuncia, aun cuando existan pruebas que demuestren el delito. Cabe señalar que si Ana resultó “sin afectación” en el peritaje psicológico, es debido a que de tiempo atrás era atendida tanto por un psicoterapeuta como por un psiquiatra.

Pero sobra decir que una víctima no debe demostrar estar destrozada para que se le haga justicia.

Dice Gómez Vives que Ana vivió numerosas irregularidades, como “las veces que el personal del MP insistió que la culpa era suya por no presentar en seguida la denuncia” o “que saliendo del peritaje psicológico, se dio cuenta que habían citado a su agresor el mismo día, a la misma hora”, provocándole un ataque de pánico que requirió medicación.

Luego de expuesto su caso en algunos medios y redes sociales, la FGJCDMX intentó hacer control de daños y, hace unos meses, buscó por medio de Twitter a Ana para “revisar su caso”.

Actualmente, el proceso sigue abierto y a más de un año, no ha ocurrido nada significativo para que Ana obtenga justicia.

En tanto, la jefa de gobierno presume sus cifras.


Muchas gracias a todas las personas que accedieron a ser entrevistadas para este reportaje. 

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