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Valeria Cuatecatl

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“Ni tecnocracia ni populismo en la reconstrucción”: Ricardo Becerra (entrevista)

Aquí volverá a temblar (Grijalbo, 2018) “es una especie de testamento que procura documentar una experiencia inédita y dramática, la cual probablemente sólo se vive una vez en una generación”, dijo a etcétera Ricardo Becerra, excomisionado para la Reconstrucción de la Ciudad de México, quien, junto a Carlos Flores, excoordinador general del mismo organismo, realizó 154 recorridos durante 110 días con aquellos que perdieron parte o la totalidad de su patrimonio, así como a seres queridos.

“La condición emocional de esos momentos era muy compleja, muy densa, y teníamos que escuchar a los damnificados”, explicó Becerra tras reiterar que el acercamiento era una obligación que demostraba que “tu gobierno está aquí”, por lo que era muy importante nunca prometer lo que no iban a poder cumplir.

“Todo el mundo pedía que entráramos a sus casas para atestiguar lo que había pasado, para saber si se trataba de una grieta, si se había inclinado o desplazado su edificio, o si el de junto se le había venido encima. La ciudadanía exigía que sus autoridades los acompañaran, que estuvieran mano a mano con ellos para reconocer sus emociones y necesidades”, destacó Flores.

Ricardo Becerra

Parte del trabajo de la Comisión para la Reconstrucción es hacer ver los límites que tiene el gobierno: “Ni tecnocracia ni populismo; es decir, no solamente había una solución o tipo de apoyo, y tampoco todo iba a salir gratis”, puntualizó el también colaborador del diario La Crónica de Hoy.

El objetivo, añadió, era que los damnificados accedieran de la mejor forma a los diferentes programas del gobierno. Por ejemplo, un habitante de Xochimilco con un sueldo menor a 6 mil pesos mensuales y dependientes económicos, podría tener un apoyo mayor o total para recuperar su vivienda, a diferencia de alguien con mejores ingresos y daños de menor impacto en su hogar.

Entonces la reconstrucción debería girar en torno a la flexibilidad y criterios universales para apoyar a las personas, comentó Becerra tras destacar que, pese a que no se escatimaron recursos, en Ciudad de México ésta ha sido caótica debido a la ausencia de estos principios.

Carlos Flores

Por ejemplo, hoy lo primordial debería ser la demolición de los edificios que representan un riesgo; sin embargo, se ha declarado que ya no hay dinero. “¿Qué caso tenía estar en la Comisión si alguien más iba a decidir donde irían los recursos sin un diagnóstico previo?”, cuestionó Flores, quien actualmente es director general del Consejo para el Desarrollo de la Ciudad de México.

“La ley habilitó un fondo para las prioridades; es decir, la atención de las urgencias quedó presupuestada y predeterminada. El burocratismo y el no saber actuar de manera extraordinaria ante una situación extraordinaria es una de las mayores fallas de las instituciones en México”, resaltó Becerra.

Atender a los damnificados en los puntos más críticos tras la catástrofe y coordinarse con el gabinete, las secretarías locales y la Asamblea Legislativa, fueron las consignas que el entonces mandatario capitalino, Miguel Ángel Mancera, le dio a Becerra como titular de la Comisión para la Reconstrucción, quien comentó que “el frente más difícil fue el de la coordinación institucional”.

“Hoy vivimos en un sistema democrático que exige transparencia y rendición de cuentas, ya que tenemos una sociedad que viene del sismo del 85 y que está atenta en relación con el manejo de los recursos”, expuso Flores, tras recalcar la necesidad de implementar instrumentos que transparenten el proceso reconstructivo como un fideicomiso público.

“Sabemos dónde quedó 5% de los recursos, pero no lo demás. Si ese es el parámetro de medición, estamos muy lejos de una reconstrucción democrática”, explicó tras señalar que las campañas electorales ensombrecieron el proceso reconstructivo: “Un día había un ley y al siguiente otro decreto… Serán los gobiernos saliente y entrante quienes hagan ese balance”.

Reunión con damnificados

Cédula

Otro error en el proceso de reconstrucción, de acuerdo con los autores del libro, es la falta de un censo de inmuebles dañados: escuelas, hospitales, áreas estratégicas de gobierno y edificios públicos. “Del 85 a la fecha no tenemos ese censo de estructuras lastimadas, las cuales recientemente se dañaron, ya que sólo las habían reforzado”.

Ciudades como San Francisco, Tokio y Los Ángeles, que también tienen una certeza sísmica, se toman el tiempo para elaborar la documentación que les permita enfrentar el siguiente sismo.

“No podemos olvidar nuestra tragedia o no aprender de ella. El Estado debería planificar los riesgos y vulnerabilidades para enfrentar la siguiente catástrofe de la mejor manera”, explicó Becerra.

Los dos autores han propuesto incluso que, además de las escrituras, se entregue una especie de cédula sísmica, en la que se señale cuándo se construyó el inmueble y bajo qué técnicas y normas regulatorias, cuántos y cuáles sismos ha sufrido, qué mantenimiento se le ha dado y cuántas modificaciones se le han hecho, de manera que los propietarios puedan acudir ante la justicia con dichos elementos.

Al respecto, destacaron que “las irregularidades han salido a la luz gracias a contados casos del ejercicio periodístico”, más aún que en esta ocasión no se determinó una zona cero. Es decir, en 1985 se planteaba al centro de la ciudad como el área exclusiva de riesgo; sin embargo, el 19 de septiembre de 2017 se trazó una gran media luna que partió desde Xochimilco, Tláhuac e Iztapalapa, cruzó por el centro a través de Tlalpan, Coyoacán, Benito Juárez y Cuauhtémoc, y llegó hasta el norte, a Lindavista, en Coquimbo 911.

Hubo zonas frágiles y poco vistas que emergieron a partir de la sobreexplotación de los mantos acuíferos, lo que ha ocasionado que se generen socavones y grietas en el suelo, los cuales, al cabo del tiempo, mostraron la fragilidad de barrios o colonias, como Nativitas, en Xochimilco, o la Del Mar, en Tláhuac, donde si bien no hubo un daño expuesto, quedaron casas levitando en un subsuelo lleno de vacíos y oquedades, y familias que no se sabían vulnerables.

Reunión con Miguel Ángel Mancera Foto: Galo Cañas

Nuevos planes

A sus seis años y luego de que el terremoto del 19S la sorprendiera en casa junto a su hermano mayor, Claudia sigue despertándose en las madrugadas para ponerse sus zapatos. “Pese a que su madre la ha llenado caricias y le quita el calzado una vez que ha concebido el sueño, esta pequeña habitante de Tláhuac se despierta para ponérselo de nuevo y correr cuando vuelva a temblar”, relató Becerra.

La reconstrucción ha sido especialmente patrimonial y se ha olvidado de la recuperación emocional. “Se trata de una necesidad y deberíamos repensar ese asunto”, indicó Flores. En los albergues hubo psicólogos, médicos y trabajadores sociales que apoyaron la causa, pero hoy los refugios no están, y quienes pudieron volvieron a sus hogares; no obstante, hay quienes rentan o continúan con vecinos o familiares en calidad de damnificados.

“La casa de una actriz, en la colonia Condesa, se golpeteó con el edificio de junto, y hoy, al platicar con ella, me doy cuenta de que su sufrimiento continúa, ya que el sismo no solamente le quitó su patrimonio, en el que además daba clases de actuación. Tras sufrir lesiones en la cadera, le ha costado más encontrar empleo”, dice Flores.

Septiembre de 2017 fue el mes que, justo por el ánimo solidario de la gente, registró el mejor humor social desde hace muchos años. Sin embargo, un gran problema es que la curva de la solidaridad se agotó pronto: “Mientras en los primeros días todo el mundo estuvo dispuesto a buscar personas, recuperar cuerpos, prestar sus domicilios o poner agua caliente, el ánimo solidario desapareció rápidamente; pasada la etapa crítica de la emergencia, a veces quienes apoyaron, fueron los mismos que comenzaron a protestar contra sus propios vecinos y las autoridades”.

Flores aseguró que es necesario vencer la burocracia y los protocolos precarios que no nos dejan pensar más allá de la protección civil, para pasar a un concepto más grande de prevención, cultura de desastre y un sistema de seguridad humana propios de una ciudad con alta actividad sísmica.

De acuerdo con la Plataforma CDMX, de la Comisión para la Reconstrucción, el 19S dejó 7 mil 21 inmuebles dañados, clasificados en: colapso total, alto riesgo de colapso, riesgo alto, medio y bajo. “Reconstruir la Ciudad de México implica más que recuperar el patrimonio de las personas damnificadas: requiere el trazo de nuevos planes urbanos”, concluyeron los autores.

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