Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

La complicidad de Claudia Sheinbaum en la criminal gestión de la pandemia

México tiene 253 mil 155 muertos confirmados por COVID-19[1]. A decir de la doctora Laurie Ann Ximénez Fyvie[2], más de 90% de éstas eran “muertes prevenibles”, lo que significa que han sido producto de una estrategia equivocada, pero no por desconocimiento, sino por negligencia criminal. Y la gobernante de la capital, Claudia Sheinbaum, ha sido cómplice de ello.

Fotografía: Orquídea Fong

La manera en que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador determinó enfrentar la crisis sanitaria ha sido de las peores del mundo y es en la Ciudad de México donde más claramente quedan de manifiesto los peores defectos de tal gestión.

A lo largo de toda la pandemia, la CDMX se ha mantenido en primer lugar de contagios y muertes en todo el país.

No es nuevo afirmar, pero es bueno repetirlo, que el abordamiento de la emergencia tuvo poco de científico y casi todo de político. Supuestamente, la faceta científica la aportaría el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, que hizo de la pandemia su escenario para brillar, como si de un rockstar se tratara.

Pero el enfoque político, provisto por AMLO, doblegó cualquier otra consideración e hizo que la muy inepta actuación de Gatell se volviera aún peor por el deseo de agradar al presidente. Al tiempo, el epidemiólogo fingió ante el presidente y el país entero una capacidad y un conocimiento que no tiene. La mezcla fue fatal.

Por su parte, la gobernante de la capital del país, Claudia Sheinbaum, actuó durante más de un año de manera relativamente autónoma y con algunos aciertos, pero en realidad, fue voluntaria cómplice de diversas atrocidades cometidas por AMLO y Gatell.

Y, ya al principio de la tercera ola, perdió todo recato. Dejó de fingir independencia y autonomía y se empezó a comportar como si fuera miembro del gabinete federal. La primera señal ominosa que dio en este sentido fue negar, el 25 de junio de 2021, que la CDMX estuviera en una tercera ola. Otra más: dar su apoyo al regreso a clases presenciales.

Breve recuento del silencio, la anuencia y la omisión cómplice

Como jefa de gobierno, es decir, gobernadora de un estado dentro de una República Federal, Sheinbaum no le debería dar cuentas al presidente de la República.

Tiene la facultad y la obligación legal de implementar sus propias acciones y oponerse a cualquier política federal que considere inadecuada o lesiva para sus gobernados.

Pero en los hechos, su política es una con la de AMLO. Habla de “nuestros adversarios”, se refiere con frecuencia al “señor presidente” y acude con frecuencia a Palacio Nacional para recibir directrices.

Y, como dijimos arriba, aunque en relación con la pandemia tomó algunas decisiones a contracorriente del gobierno federal, lo cierto es que mayormente actuó como caja de resonancia de la narrativa creada e impulsada por el gobierno federal y, mediante abierta anuencia u omisión, se hizo cómplice de la criminal gestión de la pandemia.

Recordemos algunos momentos clave:

1.- El gobierno de AMLO se dijo informado de la crisis por COVID a finales de enero de 2020, pero lo desestimó, como todos sabemos. Y fue hasta el 27 de febrero, en un video, que Sheinbaum abordó de manera mediática el tema. Dijo que se habían estado emitiendo informes técnicos diarios y aseguró a la población que “en coordinación con el gobierno federal y la comunidad científica internacional”, se encontraban monitoreando todos los posibles casos sospechosos, al aplicar protocolos sanitarios a las personas que llegaban del extranjero. Dichos protocolos constaban, dijo, de observar a las personas que presentaran síntomas para descartar contagios.

Numerosos ciudadanos aseguraron que eso era falso, que en los aeropuertos capitalinos no había tales controles. En esa fecha, aún no había ningún contagio en la capital.

Ese mismo día, AMLO dijo que su gobierno no podía impedir la entrada de turistas por miedo a la COVID, que hacer eso sería “inhumano”. Además, que a nivel mundial había apenas 2 mil 500 muertes, por lo que no había que “exagerar”. Sheinbaum guardó silencio ante esta afirmación.

2.- El 7 de marzo de 2020, Hugo López-Gatell dijo que en México aún no se aplicaban medidas de mitigación ni contención porque aún había muy pocos casos. Sheinbaum no se pronunció críticamente en contra de tal irresponsabilidad.

3.- El 19 de marzo de 2020, con 31 casos en la CDMX y un fallecimiento, dijo estar en contra de las “medidas drásticas anticipadas” para combatir la pandemia, es decir, el cierre de negocios y de oficinas, por temor al impacto económico. Pero, al igual que el gobierno federal, jamás implementó una estrategia de rescate de empresas ni un programa de Ingreso Mínimo Vital, en previsión de lo que vendría.

Tampoco realizó un seguimiento de cada persona contagiada para cortar la cadena de contagios y cuando habló de la persona fallecida, hizo mucho énfasis en que se trataba de alguien con “enfermedades previas”. Además, al hablar de los casos activos, señaló que eran personas llegadas del extranjero.

3.- Es decir, desde el fallecimiento número uno, Sheinbaum se hizo eco de la narrativa en la que desde un principio se escudó López-Gatell: sembrar la percepción de que la COVID no era tan grave y que quienes podrían morir serían personas con enfermedades previas. Gatell también insistió durante algún tiempo en la procedencia extranjera de los contagiados e incluso llegó a afirmar que la enfermedad la habían traído personas con alto poder adquisitivo.

Se recordará que Gatell afirmó que la enfermedad por COVID era menos peligrosa que una influenza y que el gobierno de México publicó una infografía señalando que la enfermedad “no era grave”. AMLO a su vez dijo que “no pasa nada”, que no había que asustarse.

La obligación de Sheinbaum era desmentir abiertamente las mentiras de Gatell y del presidente. No lo hizo jamás.

4.- En este sentido, la jefa de gobierno también guardó silencio cuando AMLO hizo el gran ridículo de afirmar (el 18 de marzo de 2020) que se encontraba protegido contra la COVID gracias a un amuleto. Tampoco cuando continuó con sus giras en todo el país o cuando, escándalo mayúsculo, se lo fotografió mordiendo la mejilla de una niña. Ni el 5 de junio de 2020, cuando dijo que para no contagiarse de COVID ayudaba mucho el “no robar, no mentir, no traicionar”.

No fue un asunto menor: las declaraciones del presidente tuvieron el terrible efecto de desbaratar el intenso trabajo informativo que la propia Secretaría de Salud federal y capitalina realizaban, promoviendo la sana distancia, el uso de cubrebocas, el lavado de manos y el quedarse en casa.

Así, mientras innumerables trabajadores de la administración pública y del sistema de salud luchaban por detener los contagios y atender a los enfermos, las cabezas visibles del gobierno federal y capitalino contrarrestaban el esfuerzo.

Fotografía: Cuartoscuro

5.- Sheinbaum también calló el 12 de febrero, el 29 de abril y el 2 de diciembre de 2020 (por citar solo tres fechas) en que AMLO despreció el uso de cubrebocas. En febrero se burló (pues usar cubrebocas le recordaba a Felipe Calderón durante la epidemia de influenza), el 29 de abril dijo que no se ponía cubrebocas porque “no lo recomienda Hugo” y el 2 de diciembre dijo que el que quiera usarlo “puede hacerlo, yo no lo impido”.

5.- El 12 de agosto, a 6 meses de la pandemia, terminada la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia y decretado el regreso a la “nueva normalidad”, con 53 mil 929 muertos a nivel nacional y 9 mil 598 en la CDMX, Sheinbaum se “unió al presidente” en un absurdo homenaje a los fallecidos y un reconocimiento al personal de salud consistente en un minuto de silencio y un minuto de aplausos, respectivamente.

Para esa fecha, la capital ya ostentaba el primer lugar nacional en contagios y en muertes.

Esto, luego de 6 meses de omisiones, gravísima escasez de insumos para el personal de salud, el ya mencionado desprecio del presidente al uso de cubrebocas y una “estrategia” basada en el Modelo Centinela y no en la interrupción de la cadena de contagios.

Recordemos que el Modelo Centinela es un sistema de observancia de casos y de comportamiento de la llamada “curva”. López-Gatell fue duramente criticado por imponer este enfoque, que se preocupaba más por evitar la saturación de los hospitales que en lograr la meta de cero contagios.

Así, se ordenaron varias semanas de confinamiento general y se implementaron las clases en casa, no para que nadie se contagiara, sino para que los casos no fueran tantos que colapsaran el sistema. Ciertamente, un enfoque lamentable y criminal.

Según la Dra. Ximénez-Fyvie y muchos expertos más, el gobierno federal y todos los estatales debieron buscar cortar la cadena de contagios. Esto se realiza al detectar casos activos y ubicar al círculo cercano de la persona contagiada, rastrear a quienes hayan estado en contacto con él o ella en las dos semanas previas para hacerles pruebas y a su vez, aislar a los positivos.

Además, realizar pruebas en cantidades millonarias, para detectar a los asintomáticos y proceder también al aislamiento. Pero al gobierno federal le dolía demasiado el gasto como para emprender tales acciones.

Y por supuesto, Sheinbaum no se opuso a ello. Aplicó pruebas, sí, pero no a cada habitante de la capital, lo que a la larga hubiera resultado en cortar radicalmente los contagios, reducir las muertes y evitar el colapso económico.

No solo eso: Sheinbaum y el gobierno federal privilegiaron la aplicación de pruebas de antígenos, que son muy confiables cuando arrojan positivos, pero tienen el grave problema de que arrojan falsos negativos. Según la experta que entrevistamos, de esta manera ambos niveles de gobierno podrían presumir elevados números de casos negativos.

6.- El 9 de febrero de 2021, Sheinbaum se hizo cómplice de la necedad del presidente de no usar cubrebocas. Un día antes, tras haber padecido él mismo la enfermedad, AMLO declaró que seguiría sin usar esta protección porque ya no era contagioso.

Interrogada al respecto, Sheinbaum dijo que el presidente “tiene sus razones” para no usar cubrebocas y que, aunque su gobierno lo impulsaba, ella respetaba tal decisión.

Justo es decir que el no uso de cubrebocas no es una decisión subjetiva, que era y sigue siendo obligación de AMLO el usarlo y que al señalar que él “tiene sus razones”, Sheinbaum nuevamente se hizo cómplice de una medida de hondo impacto en la sociedad, puesto que el mal ejemplo de AMLO fue determinante para que muchas personas se negaran a usar mascarilla e incluso, negaran la propia existencia del virus.

7.- Durante los 17 meses de la pandemia, Hugo López-Gatell ha informado sobre las muertes por COVID en todo el territorio nacional. Pero su cifra es parcial y él mismo lo ha reconocido, ya que la cantidad que informa cada día no incluye el exceso de mortalidad. Gatell solo da a conocer las muertes registradas en hospitales, pero no contabiliza las ocurridas en domicilios particulares ni mucho menos en la calle. Sobre este subconteo, que a nadie engaña ya, puesto que el propio INEGI divulga las cifras, también ha callado Sheinbaum.

8.- La jefa de gobierno se alió al gobierno federal para realizar el acto público más irresponsable de toda la pandemia: la fiesta de los 500 años de “resistencia indígena” en el Zócalo. Con la presencia del presidente y de su esposa Beatriz Gutiérrez, Sheinbaum inauguró una maqueta gigante del Templo Mayor y organizó un fastuoso espectáculo de luz y sonido en la noche del viernes 13 de agosto. Miles de personas acudieron, corrieron, se empujaron y aglomeraron ahí. En pleno fragor de la tercera ola.

Fotografía: Reuters

“No hay tercera ola”

El 25 de marzo, Gatell había dicho que el riesgo de una tercera ola “está vigente”.

El 22 de junio, declaró que había un ligero repunte, que “podría o no” convertirse en una tendencia a la alza.

El 21 de junio, la CDMX regresó al semáforo amarillo, y a pesar de ello, el 25 de junio, la jefa de gobierno declaró que “no hay una tercera ola” de contagios en la Ciudad de México sino solo un ligero aumento de casos.

Pero el 13 de julio, López-Gatell admitió que el país sí vivía una tercera ola y además, dijo que la misma ¡ya tenía 4 semanas! Fijó su inició el 7 de junio, justamente un día después de las elecciones federales y, coincidentemente, el día en que la CDMX, por decisión de Sheinbaum, llegó por primera vez en toda la pandemia a semáforo verde.

Un semáforo amarillo que es verde y un naranja que es amarillo

Sheinbaum no solamente negó la tercera ola cuando ésta ya llevaba tres semanas. También se negó a aplicar las medidas correspondientes a los colores de los semáforos de riesgo.

Al decretar el regreso al semáforo amarillo, el 21 de junio, Sheinbaum dijo que eso no implicaría regresar a medidas de restricción.

En los hechos, la capital siguió funcionando como si estuviera en verde. Como si no hubiera tercera ola y como si los hospitales no empezaran a poblarse de contagiados.

El 26 de julio, la CDMX entró en semáforo naranja. Nuevamente, este cambio de color no significó nada en términos prácticos. No se regresó al confinamiento, no se redujeron los aforos en sitios públicos. Solo se seguiría “vacunando, vacunando, vacunando”, según dijo Sheinbaum.

AMLO dijo que ya había sido bastante, que la gente ya debería saberse cuidar y además, se estaba vacunando. Sheinbaum adoptó exactamente el mismo discurso.

En obediencia a AMLO, Gatell habló de “nuevos parámetros” para el semáforo, ya que era otra etapa, gracias a las vacunas. No importando que el porcentaje de esquemas completos sea muy reducido y que cada día hubiera nuevos contagios y nuevas muertes.

Y así, los colores de riesgo perdieron todo sentido como medida de contención, si es que alguna vez lo tuvieron.

Los semáforos y la confrontación

El 9 de junio, de manera sorpresiva, el subsecretario Hugo López-Gatell anunció que se terminaban las conferencias vespertinas. Esas que tantos reflectores le habían dado. Según él, tal decisión se debía a que la epidemia llevaba “cinco meses a la baja” y la contingencia “se ha estabilizado”.

El presidente había dejado de confiar en él debido a los desastrosos resultados, los cientos de miles de muertes, el tremendo costo político y la retórica vacía con la que intentaba adornar su incompetencia. “Me tienes cansado”, le dijo AMLO a Gatell, según reveló El Universal el 29 de julio.[3]

A partir de entonces, AMLO permitió que Gatell siguiera siendo el rostro público, pero le quitó todo el poder. El doctor dejó de ser el encomiado experto y científico en que el presidente confiaba para enfrentar la pandemia. Se convirtió en un vocero más y ahora las decisiones las empezó a tomar el presidente.

Y Sheinbaum también cambió. El 6 de agosto, luego de que la Secretaría de Salud federal decretara que la CDMX pasaba a semáforo rojo por el elevado número de contagios se confrontó abiertamente con Gatell al declarar a la prensa que no, que “para nosotros, estamos en naranja”.

Al día siguiente, 10 de junio, AMLO la apoyó: “corresponde al gobierno de la Ciudad que se tiene semáforo naranja, y eso es lo que se está llevando a cabo, lo importante es que no hay tantas restricciones, porque lo cierto es que ya es momento de que nos cuidemos, de que nosotros mismos nos cuidemos”.

Así, quedó claro que el gobierno federal y el capitalino, los dos más relevantes en el país, estaban de acuerdo en bajar los brazos, abdicar de su responsabilidad y dejar a su suerte a los mexicanos. Ese “que nosotros mismos nos cuidemos” ha sido la cantinela de AMLO y de Sheinbaum durante toda la tercera ola, la cual registra casi cada día nuevos récords de contagios.

Llueve truene o relampaguee

La tercera ola se ha distinguido porque ha registrado un elevado número de contagios en niños y adolescentes, comparada con la primera y segunda olas.

De acuerdo con tres expertos consultados para este reportaje (la doctora Ximénez, el doctor Héctor Rosette y el analista de datos Christian Villanueva) lo que reportan los medios de comunicación sobre los contagios en niños es real: los casos se han incrementado.

Sin embargo, el discurso conjunto de AMLO, Sheinbaum y Gatell ha girado en torno a lo que el ingeniero Villanueva denomina la “relativización” del fenómeno. Es decir, debido a que por comparación con los casos en adultos, los contagios y muertes en menores siguen siendo muy pocos, el gobierno sostiene el discurso de que no hay riesgo.

Y, con eso en mano, el presidente, con el apoyo cómplice de la gobernadora capitalina, sentenció el pasado 24 de julio que a pesar de todo, “llueve, truene o relampaguee”, los niños regresarán a clases en todo el país el próximo 30 de agosto.

En diversas declaraciones, Sheinbaum ha externado su obediencia a tal medida. Ello, a pesar de que la Secretaría de Educación Pública ha admitido que apenas se encuentra desarrollando los protocolos correspondientes, cuando tuvo 15 meses para hacerlo.

Incluso, la gobernadora se burló de quienes se oponen a regresar a clases. Dijo que tal oposición es meramente política y viene de parte de “los adversarios”. Según ella, en realidad no hay un interés genuino por proteger a los niños y, como ha hecho el presidente, ha menospreciado los riesgos de contagios en este grupo de edad.

Los niños mueren menos

La faceta de los contagios en menores es la que desnudó en toda su crudeza la miseria de ambos niveles de gobierno en materia de la gestión sanitaria.

Para López-Gatell, lo importante fue dejar en claro, una y otra vez, que los menores se contagian muy poco.

Para el presidente, que debido a que se contagian poco y se mueren “menos”, no necesitan vacunarse y por ese motivo, su gobierno no seguirá enriqueciendo a las farmacéuticas al comprar vacunas para menores de edad.

Para Claudia, negar que los contagios en menores han crecido en la capital, a pesar de que datos oficiales de la Secretaría de Salud indican que el Instituto Nacional de Pediatría, el Hospital Pediátrico La Villa y el área de pediatría del Hospital La Raza, así como el Hospital Infantil Federico Gómez, reportan elevada ocupación de camas COVID, en algunos casos del 100%.

A manera de conclusión

De manera inteligente, Sheinbaum se las arregló durante muchos meses para comunicar una imagen de responsabilidad y cuidado en la gestión de la pandemia. Jugó a su favor el que es “científica” y también, la sobriedad de sus conferencias de prensa, que contrastaron radicalmente con el desbocado histrionismo de Gatell y la vergonzosa necedad del presidente.

También le ayudaron diversas acciones que, aunque bien concebidas, resultaron insuficientes por sí mismas, tanto por su reducido alcance, como porque no se ejecutaron de manera apropiada.

Por ejemplo, la línea telefónica de seguimiento a casos, la app para usuarios de transporte público, los kioskos para aplicar pruebas y la velocidad que alcanzó en algunos periodos el programa de vacunación.

¿Pero eso qué peso puede tener si no se logró el objetivo de evitar muertes y contagios?

¿Qué importancia puede tener una hermosa campaña en medios de comunicación si la gente llena los hospitales?

Es más, ¿no es devastador que un gobierno presuma (aunque fue mentira) que a ningún enfermo “le faltó una cama” en lugar de reducir los casos?

¿De qué sirve que la jefa de gobierno promueva el cubrebocas si al tiempo dice “respetar” a un presidente que se mofa de una medida tan importante?

Que nadie se llame a engaño: la Ciudad de México es la representación clara y exacta de la tragedia sanitaria nacional.

Por la cobardía de contrariar a AMLO y deslumbrada por el espejismo de convertirse en presidenta de la República, Sheinbaum renunció a su deber de proteger la salud de los capitalinos.

Debe responder ante la justicia. Su complicidad, aunada a la tragedia del 3 de mayo, le será cobrada en las urnas, si es por azar llega a convertirse en candidata por Morena a la presidencia de la República.


[1] Cifra al 22 de agosto de 2021, mientras se redactan estas líneas.
[2] Doctora en Ciencias Médicas, autora del libro Un daño irreparable. La criminal gestión de la pandemia en México, de Editorial Planeta. Declaraciones realizadas en entrevista con etcétera.
[3]https://www.eluniversal.com.mx/opinion/alejandro-aguirre-guerrero/la-secreta-junta-en-que-amlo-increpo-lopez-gatell

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