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Cómo alcanzar nuestras metas en la era de la inmediatez

Karla Enriqueta López Martínez

En el acelerado mundo que hoy vivimos pareciera casi imposible llegar a las metas personales o profesionales que nos trazamos. Tantas responsabilidades y actividades que tenemos, con las que debemos cumplir, parecieran volverse impedimentos para la satisfacción de nuestros objetivos más anhelados. Máxime, en un siglo caracterizado por la inmediatez, en donde a todo el mundo le urge todo.

Cierto es que en muchas ocasiones la mente nos suele “jugar chueco” debido a los hábitos que hemos desarrollado o hemos decidido tener. Hábitos como el de crearnos excusas a las cuales les damos un peso mayúsculo. Nos autosaboteamos “vendiéndonos” supuestas verdades que nos sientan bien pero para seguir en una peligrosa zona de confort, en lugar de salir de ella y potenciar nuestro crecimiento.

Alcanzar las metas no debería ser tan difícil como muchas veces nos hacemos creer. Al fijárnoslas, en primera instancia, le damos un rumbo y significado al propósito de nuestro trabajo y de nuestra vida misma. Lo primero que habría que pensar es en cuáles son los relatos que nos hacemos y cuyas bases en la realidad son escasas (o incluso inexistentes) y que solamente nos impiden avanzar. Tras ello hay que preguntarnos si inventamos excusas para convencernos de que “no pasa nada” al renunciar a la vida que deseamos.

Todos en algún momento nos hemos dicho “mañana comienzo” o “mejor el próximo mes”, “ya será el próximo año”. Posponemos por flojera o por miedo a enfrentarnos a las diferentes situaciones que se van a presentar cuando nos pongamos en acción. La verdad es que debajo de este comportamiento hay un hábito más profundo y detrás de ese hábito, una creencia aún mayor que nos limita.

Dentro de las creencias limitantes que frecuentemente muchos tienen o tenemos, está la de que el éxito requiere de acciones grandiosas. Ya sea emprender un negocio, escribir esa tesis para poder titularse o tener una vida más saludable. Solemos presionarnos para lograr una mejora de impacto inmediato, de la que todos a nuestro alrededor se sientan orgullosos. Sin embargo, nadie nos dice que cualquier movimiento es progreso y que las metas se alcanzan paso a paso y con una serie de pequeños objetivos alcanzables.

A menudo despreciamos los pequeños pasos porque no parecen importar mucho en el momento. Si vamos al gimnasio tres días seguidos, todavía estamos fuera de forma. Si comemos saludablemente dos días, aún no se aprecian mejorías. Si comenzamos a trazar una ruta para un nuevo negocio, muy seguramente no lo tendremos listo al siguiente día. Nos animamos a movernos pero llegamos a decepcionarnos al ver que los resultados no llegan de inmediato. Por lo tanto, regresamos a lo de antes y renunciamos a los nuevos hábitos que nos empezábamos a crear y así abandonamos los pasos dados.

Sin embargo, accionar un ligero cambio en los hábitos diarios, “paso a pasito”, puede llevar nuestra vida a un destino muy diferente. Los grandes cambios provienen de pequeños comienzos, recodémoslo.

Para ponernos en acción y lograr nuestras metas, además de hacer conciencia sobre lo que nos decimos y las justificaciones que nos damos, se debe saber ¿qué es lo que se quiere? y ¿para qué se quiere? Una vez que hayamos encontrado las respuestas a estas preguntas, es importante preguntarnos ¿cómo, cuándo y dónde se van a lograr las metas?, ¿cómo nos sentiríamos al alcanzarlas?, ¿con qué se puede comenzar?, ¿de qué recursos se disponen?, ¿qué es lo peor que podría pasar? y ¿qué es lo mejor que podría suceder? Seguramente pasarían cosas fabulosas si se perservera.

Las preguntas anteriores nos ayudan a establecer objetivos claros y a guiarnos sobre lo que queremos lograr. Recordemos que las metas siempre deben ser específicas; por ejemplo, “voy aumentar el 25% de las ventas”, “voy a bajar 5 kilos de peso” o “voy a bajar un 20% mi consumo de redes sociales”. También deben ser medibles; por ejemplo, “voy aumentar el 25% de las ventas en 3 meses”. Tienen que ser asequibles pero no por ello irrelevantes.

Lo anteriormente descrito se denomina metodología SMART y conlleva procesos usados en todo tipo de negocios e instituciones que habitualmente cumplen con sus metas exitosamente. Eso mismo lo podemos llevar al plano personal.

Sumando a lo previamente dicho, otro tip que nos ayuda en el cumplimiento de nuestras metas, sobre todo si en algún momento nos sentimos perdidos, es el escribir todo lo que se tiene en mente, lo que se quiere lograr, con sus pros y contras. Ello nos ayuda a tener claridad inmediata. No debe dejarse en la mente, escribirlo ayuda a pasar de la parte abstracta a la física.

Es también importante tener en consideración que habrá contratiempos y éstos no debemos verlos como un fracaso definitivo, sino como resistencia que nos puede fortalecer. Si con un tropiezo se renuncia, entonces no nos podremos dar cuenta de los alcances de nuestras capacidades.

Para llegar a una meta también es fundamental aprender a manejar el tiempo organizadamente, a crear una agenda y darle el espacio debido a los pasos contemplados, con días y tiempos determinados. Si no fijamos fechas y horas, será menos probable que las cosas sucedan. Comprometámonos con nosotros mismos.

Un último consejo: empecemos ya y creamos en nosotros mismos, sin darle mayores vueltas. Si las dudas no se dejan atrás, no se tendrán recompensas. Controlar los miedos y las emociones, hacer una lista de todo eso que somos, redescubrir todos los talentos propios nos ayudará a movernos y lograr esas metas que siempre hemos perseguido.

¡A tomar acción! Alcanzar una meta es solo un cambio momentáneo y después de esta vendrán más.


Karla Enriqueta López Martínez, es Directora Académica de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tec de Monterrey Campus San Luis Potosí y Coach Ejecutiva Certificada.

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