Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Walt Disney: entre el cielo y el infierno

Este artículo fue publicado originalmente el 23 de mayo de 2014, lo abrimos de manera temporal dada su relevancia periodística.


El poder suave tiene en la industria del entretenimiento a un aliado fundamental

La industria del entretenimiento es de las más importantes en la economía mundial, tanto en tiempos de crisis como de prosperidad. A través de ella se puede influir en las sociedades al actuar sobre sus sentimientos e ideas. En este sentido contribuye a delinear estilos de vida, valores y conductas. También tutela la formación de la opinión pública, en particular en sectores influyentes de la población, al impulsar interpretaciones y paradigmas que “explican” lo que sucede.

Poder suave

Esta industria dominada por un puñado de grandes corporaciones, tiene la capacidad de ganar las mentes y los corazones de millones de seres humanos hasta en los rincones más remotos del planeta, en gran medida, gracias a la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Por eso es uno de los aliados más socorridos del llamado poder suave.

A grandes rasgos, el poder suave se caracteriza por el ejercicio del poder a través de canales diplomáticos, ideológicos y culturales a fin de lograr que los demás hagan lo que quien lo ejerce desea. Joseph S. Nye Jr. señala que “hace más de cuatro siglos, Nicolás Maquiavelo advirtió a los príncipes en Italia, que era más importante ser temido que ser amado. Pero en el mundo de hoy, es mejor ambas cosas.

“Siempre ha sido importante ganar los corazones y las mentes, pero es inclusive más importante en la era de la información global. La información es poder, y las tecnologías modernas (…) están divulgando la información más ampliamente que nunca antes en la historia”.1 Así, el poder suave se diferencia del poder duro, que es más tangible e incluso punitivo, como el económico y militar. Con todo, el éxito de un país en las relaciones internacionales se puede lograr combinando ambos poderes, para generar lo que ha dado en llamarse poder inteligente.

Autores como Nye,2 Ted Galen Carpenter,3 Christian Whiton y Paula Dobriansky4 destacan al poder inteligente como la forma más “prudente” para prevalecer y dominar. A propósito de Estados Unidos, es claro que la promoción de sus intereses en el mundo durante la administración de Barack Obama, reposa en una combinación del poder duro y del poder suave, a diferencia de la administración Bush que se caracterizó por un ejercicio más punitivo e impositivo de los intereses de la Unión Americana en el planeta, en particular tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

En contraste, sin que Obama haya renunciado al empleo del poder duro, se observa una estrategia distinta del manejo de su imagen amparada sobre todo en el poder suave, por ejemplo cuando la llamada primera dama de ese país apareció en la 85ª entrega de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood en 2013 para anunciar el galardón a la mejor película –que resultó ser “Argo”, una historia sobre la crisis de los rehenes que se produjo entre Estados Unidos e Irán en 1979– y que buscaba enviar el mensaje de que, para el gobierno actual, Teherán es (o lo era al menos en 2013 antes de que se agudizara la crisis en Siria) una prioridad en la política exterior estadounidense.5

El poder suave, por tanto, tiene en la industria del entretenimiento a un aliado fundamental. Las 30 principales empresas que dominaron el sector a nivel mundial en 2013 fueron en su mayoría estadounidenses, y solo dos de ellas corresponden a los llamados países emergentes –Globo, de Brasil y Grupo Televisa de México–. La lista la encabeza Google seguido por The DirectTV Group, News Corporation y The Walt Disney Company –Globo y Grupo Televisa se ubican en la 17ª y 18ª posiciones, respectivamente–. Ninguna corporación china entró a esa lista. Siendo dominada la industria del entretenimiento por empresas estadounidenses, es entendible que los valores, estilos de vida y conductas de millones de espectadores en el mundo sean influenciados por ese país.

Prueba de ello, y para citar un hecho reciente, es la 86ª entrega de los premios Óscar del pasado 2 de marzo. La conductora Ellen DeGeneres, en plena transmisión, usó su teléfono inteligente Samsung para tomar una fotografía de ella misma –selfie– con diversas celebridades, imagen que subió a Twitter y que rompió el récord mundial de retuits en cuestión de horas.

Al margen de que Samsung no figura en la lista de las 30 principales empresas de la industria del entretenimiento y de que el consorcio surcoreano pagó 18 millones de dólares a la cadena de televisión ABC para promocionarse durante el evento,6 la selfie de DeGeneres rápidamente fue imitada, parodiada y generó una avalancha de imágenes a manera de réplicas que han subido a las redes cientos de personas de los ámbitos político, económico y demás de todo el mundo. Aquí fue tan importante el medio –un teléfono Samsung– como el mensaje, que propició un patrón de conducta en los espectadores, dado que los selfies se pusieron de moda y no faltará quien busque batir el registro impuesto por DeGeneres.

Las 30 principales empresas de la industria del entretenimiento en 2013

La industria del entretenimiento

Esta industria se nutre de espectadores y usuarios de las TIC. Así, existe una amplia gama de productos dirigidos a diversas audiencias en función de su edad, poder adquisitivo, raza, preferencias sexuales y hábitos. Abraham Lincoln lo decía bien: “se le puede mentir a algunas personas todo el tiempo, y a todas las personas parte del tiempo, pero no se le puede mentir a todas las personas todo el tiempo”. De ahí la importancia de los segmentos del mercado del sector.

En las sociedades modernas la industria del entretenimiento “procura llenar el vacío interno del hombre de hoy, generando vehículos sustitutos que le permitan a éste escapar de la gris cotidianidad para acceder a un mundo feliz de experiencias virtuales proyectadas sobre la pantalla electrónica. Se utilizan técnicas sobre la población que activan y manipulan las necesidades más profundas de la psiquis, logrando así formar –y deformar– su estructura. Al actuar sobre el inconsciente colectivo, genera altos niveles de permeabilidad a nuevas sugestiones”.7

A propósito de ello, Estados Unidos es un país temido y admirado a la vez. A través de sus industrias del entretenimiento es imitado y además aprovecha para generar patrones de consumo y estilos de vida que conllevan una aceptación, por parte de las sociedades del mundo, de su liderazgo. Así, quienes critican a la sociedad de consumo estadounidense irónicamente se ven seducidos por el éxito de quienes han creado esa estructura. El “sueño americano” es un estereotipo de larga data. La imagen del self-made man o bien de la persona que construyó su poder económico y político por sí misma alimenta la admiración y la envidia respecto a Estados Unidos. Todo esto, por supuesto, tiene una lógica política y económica.

En el terreno político, la cultura anglosajona privilegia el individualismo, el trabajo cada quien: si se hace bien hay una recompensa, y si no, la culpa no es más que de la persona en cuestión. El Estado, entonces, no es una entidad responsable de procurar el bienestar social, sino el individual. Ello no niega que en Estados Unidos las autoridades históricamente se esmeraron por edificar importantes obras de infraestructura, o bien promover el desarrollo de capacidades productivas y consolidar el mercado interno, impulsando al mismo tiempo la educación y la capacitación de los recursos humanos, los que no solo garantizan el desenvolvimiento económico, sino el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Eso ha sido así para potenciar a los individuos, cuyo desempeño coadyuva al bienestar social, aunque no de manera directa ni automática. Estados Unidos, presenta una desigual distribución de la riqueza, posiblemente no tan mala como la de países latinoamericanos, pero sí es notable.

La lista de los hombres y mujeres más ricos del planeta en 2013 la encabezaban, según Forbes, William Gates en segundo lugar y Warren Buffett en tercero, además de Larry Ellison en quinto lugar, Christy Walton en sexto, Jim Walton en séptimo, Alice Walton en octavo, Robson Walton en noveno y Sheldon Adelson en décimo, todos ellos estadounidenses. La imagen de éxito que proyectan estos personajes forma parte de ese poder suave con el que Estados Unidos se propone liderar al mundo.

Uno de los estadounidenses self-made más admirados y reconocidos es, por supuesto, Walt Disney. Este personaje construyó uno de los emporios más importantes del mundo en la industria del entretenimiento, y su historia personal, poco conocida, no deja de ser fascinante, no solo por su capacidad para hacer negocios, sino porque efectivamente corrobora la percepción de que Estados Unidos es el país de las oportunidades. Con todo, el ascenso meteórico de Disney se explica por situaciones y contextos específicos de una historia que vale la pena contar.

¿Quién fue Walt Disney?

“Soy un líder, soy un pionero, soy uno de los grandes hombres de mi época. Soy un mito. Mi nombre está en boca de más personas que el de Jesucristo”.

Esas palabras no son de John Lennon. Las dijo Walt Disney hacia finales de los años 40, cuando su prestigio, imagen y éxito lo convirtieron en el hombre más famoso del mundo y en el cineasta más querido, tanto o más que su contemporáneo Charles Chaplin.8 Pero, ¿quién era realmente Walt Disney? Walter Elías Disney prácticamente le dio la bienvenida al siglo XX cuando nació un día 5 de diciembre de 1901 en Chicago. Se piensa que era hijo adoptivo, cosa que no se ha podido comprobar, pero formalmente era hijo de Elías Disney –de origen irlandés-canadiense– y Flora Call Disney –con raíces germanas y británicas–. Walt tenía un hermano, Roy Oliver Disney, ocho años mayor que él, quien, a la postre, sería su socio en la gran empresa del entretenimiento que creó aquél. También tenía otros dos hermanos, Herbert y Robert, y una hermana, Ruth.

La familia de Walt padeció muchas privaciones. El padre era agricultor y carpintero, y aunque siempre buscó el éxito económico, no lo logró. La relación de Walt con su padre fue, en términos generales, mala, lo que explica por qué Walt era más cercano a su madre. Se cuenta que Elías propinaba fuertes golpizas al pequeño Walt aparentemente sin motivo –tema abordado con timidez en la película de John Lee Hancock, “Saving Mr. Banks” (2013), estrenada recientemente en México con el nombre de “El sueño de Walt Disney”–. Aun cuando Walt asistió a la escuela, no era un buen estudiante. Parte de la explicación estriba en que para apoyar la economía familiar, debía trabajar y se quedaba dormido en las clases. Se cuenta también que solía hacer dibujitos y garabatos y que a los 16 años abandonó definitivamente los estudios.

En 1919, Walt se mudó a Kansas y empezó a trabajar como caricaturista político en un diario. Sin embargo no lograba un trabajo permanente y entonces su hermano Roy, quien trabajaba en un banco, le consiguió un empleo como publicista de diarios, cines y revistas. En ese tiempo conoció a un caricaturista, Ubbe Iwerks, con quien emprendió la creación de una empresacomercial. Para muchos, Iwerks era el mejor amigo de Walt. Tras varios altibajos ambos lograron asentarse en Los Ángeles, donde Disney empezó a conocer sus primeros éxitos de la mano de los dibujos de Iwerks. De hecho Iwerks fue el creador del ratón Mickey y si bien trabajó arduamente en el desarrollo de este emblemático personaje bajo las órdenes de Walt, Iwerks sentía que Disney no reconocía su trabajo debidamente, razón por la que abandonó a Walt y, al lado de Pat Powers –uno de los grandes rivales de Disney–, creó su propio estudio de animación.9

Cabe señalar que si bien Iwerks creó una gran cantidad de dibujos animados y aún cuando recibió numerosos reconocimientos por su trabajo, jamás logró rivalizar con el éxito de Walt puesto que éste suplió a Iwerks con jóvenes caricaturistas que nutrieron los diversos personajes animados de la empresa en los siguientes años.10 Y es que Walt tenía una enorme capacidad para hacer negocios y una fórmula para el éxito que consistió en conectar a los niños con los adultos, lo que le garantizó un mercado casi inagotable que sigue consolidando al día de hoy –y que se mantendrá, a menos, claro, que la demografía del mundo cambie al punto de que haya cada vez menos nacimientos y más adultos y ancianos, pero incluso en aquel escenario, Disney creó, seguramente podrá reinventarse a sí misma.

Tintes y colores

En 1925, Walt contrató a Lillian Bounds, una joven que se haría cargo de poner tintes y colores al celuloide y con quien contrajo nupcias. Se cuenta que si bien Iwerks fue el creador del famoso ratón Mickey, fue Bounds quien le dio nombre en 1928. Walt y Lillian tuvieron dos hijas. Aparentemente Bounds tenía problemas para embarazarse y fue por eso que la segunda hija fue adoptiva.

Previo a la gran depresión capitalista, Disney introdujo el sonido a sus personajes animados, gracias a lo cual obtuvo un enorme éxito. En una de sus producciones más celebradas, que data de 1928 y se titula “Willie en el barco de vapor”, el propio Walt hizo las voces de Mickey y Minnie, y la película fue muy bien recibida por el público y la crítica. Sin embargo, el más importante logro de este visionario empresario sería un largometraje animado, el primero en su tipo: la adaptación, para la pantalla grande, del famoso cuento de los hermanos Grimm, Blanca Nieves y los siete enanos, que se estrenó en vísperas de la Segunda Guerra Mundial (1937) y que fue motivo de toda clase de galardones y elogios. Inclusive el célebre cineasta ruso Sergei Eisenstein llegó a afirmar que “Blanca Nieves” era una obra maestra y la mejor película jamás realizada.11

Tras “Blanca Nieves”, Disney estaba en los cuernos de la luna. Gracias a ello, él y su hermano Roy compraron una casa para sus padres en Hollywood, muy cerca del lugar en que tendrían su sede los estudios que fundaría en 1940, en Burbank, California. Casi de inmediato, Flora, su madre, se empezó a quejar de una fuga de gas permanente en su nuevo hogar. Walt y Ron mandaron reparar la fuga, sin embargo el problema persistió. Fue así que Flora murió a consecuencia de una intoxicación provocada por el gas en diciembre de 1938. Este hecho marcó para siempre a Walt, dada la cercanía que desde su infancia había tenido con su progenitora, y ello explica igualmente la temática de una buena parte de los largometrajes producidos por su empresa, como se verá más adelante.

En 1940 vio la luz uno de los proyectos más ambiciosos de Walt: “Fantasía”, una costosísima producción de más de dos millones de dólares de aquellos años, que en su momento no tuvo el éxito comercial esperado y le provocó enormes pérdidas a la empresa. Otro tanto sucedió con “Pinocho”, también estrenado ese año y que no resultó tan redituable. Fue por ello que en 1941 los estudios de Walt dieron a conocer “Dumbo”, una cinta mucho más barata que pretendía una recuperación financiera del consorcio.

Un hecho a destacar es que, pese a que bajo las órdenes de Walt había una legión de animadores y caricaturistas de primer orden, Disney nunca les permitió firmar sus trabajos. Todos aparecían bajo la autoría del consorcio, cosa que implicaba un menosprecio del empresario por la obra de sus empleados. Justo en 1941 se produjo una huelga de los trabajadores de la animación de The Walt Disney Company, la cual se prolongó de cinco semanas. La huelga se originó en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, que a Disney le implicó la pérdida de importantes mercados internacionales, en particular el de Europa. Además Disney no era un patrón generoso, y desde el estreno de “Blanca Nieves” había introducido normas salariales muy austeras, pese a su éxito, lo que generaba un mayor descontento entre sus trabajadores. La gota que derramó el vaso fue el despido del líder del sindicato, Arthur Babitsky, mejor conocido como Art Babbit, creador del personaje de Tribilín. Tras la huelga, Walt recontrató a Babbit, pero la enemistad entre ellos se mantuvo y el segundo abandonó la empresa poco después. Esta huelga le generó un enorme disgusto a Walt, quien se mostró abiertamente anti comunista. En ese año, por cierto, falleció Elías, padre de Walt.

Algunos de sus biógrafos sostienen que el anticomunismo de Disney era parte de una estrategia para ganar el apoyo de las autoridades a favor de la expansión de su enorme imperio del entretenimiento.12 Para otros fue el contexto anticomunista imperante tras la Segunda Guerra Mundial el que forzó a Disney a colaborar con la Oficina Federal de Investigación (FBI) y con el tristemente célebre Comité de Actividades Anti-Norteamericanas presidido por el senador republicano Wisconsin, Joseph McCarthy, en la identificación de presuntos comunistas en Hollywood.13

Disney fue una especie de “soplón” al servicio de la FBI –al punto de que algunos biógrafos refieren que era verdaderamente un agente encubierto de esa corporación en Hollywood–14 y del Comité de McCarthy, denunciando a colegas, productores, actores, animadores, guionistas e, inclusive, al mismísimo Charles Chaplin. En la mayoría, si no es que en todos los casos, las acusaciones contra estas personas eran infundadas, pero es evidente que a través de ellas Disney se ganaba el aprecio de las autoridades, aún cuando él sabía que la “cacería de brujas” destruía las vidas de aquellos a quienes acusaba.

Es posible que cuando Disney enfermó gravemente de cáncer pulmonar –era un fumador empedernido– sintiera remordimientos, puesto que poco antes de su deceso, escribió una carta que envió a Suiza, lugar en que se exilió Chaplin para escapar de la persecución anticomunista imperante en Estados Unidos. En la carta, Walt señaló lo siguiente: “Querido Chaplin: le debo una disculpa desde hace catorce años, desde que usted abandonó Estados Unidos. Lo que hice y dije no se puede reparar. No va a poder usted perdonarme, lo sé. Tan solo quería hacerle saber lo mucho que usted ha significado para mí. Sin su ejemplo nunca habría existido el ratón Mickey. Sin su inspiración, no habrían existido ‘Blanca Nieves’ ni ‘Pinocho’, ni casi ninguna de mis películas. Usted fue mi maestro y mi modelo. Sin usted, nunca habría existido Walt Disney”.15 Walt Disney falleció el 15 de diciembre de 1966, a la edad de 65 años.

Su deceso no impidió, sin embargo, la consolidación de la empresa que creó. Hoy The Walt Disney Company, fundada el 16 de octubre de 1923, es la cuarta corporación más importante de entretenimiento en el mundo. Opera y es licenciataria de parques temáticos y diversos canales de televisión abierta y por cable. Posee una división para producciones cinematográficas que incluye a Walt Disney Studios Motion Pictures Group, Walt Disney Pictures, Walt Disney Animation Studios, DisneyToon Studios, Pixar Animation Studios, Disneynature, Touchstone Pictures, Disney’s Adult Entertainment, Hollywood Pictures, Disney Anime Studios, Miramax Films, Disney Teletoon, Marvel, Disney Music Group, Walt Disney Theatrical y Marvel Comic entre otros. Asimismo, su division para la televisión incluye a ABC, ABC News, ABC Family, ESPN, Disney Channel, SOAPNet, Disney Girls, Disney Adults, Disney Teens, Disney Anime, Playhouse Disney, Disney News, Disney XD, Radio Disney y METV Channel (también operado por MTV).

El porqué de la filmografía de Disney

Una característica de las películas más exitosas de Walt Disney, es que en muchas de ellas fallece alguno de los padres de los protagonistas –en ciertos casos ambos progenitores mueren o están ausentes–. La lista es larga, pero se pueden citar: “El rey león” (1994), donde Mufasa, el padre de Simba, muere bajo una estampida; “Bambi“ (1942), donde la mamá del venadito es victimada a tiros por un cazador; “Cenicienta” (1950), huérfana de madre, cuyo acaudalado padre muere tras casarse con Lady Tremaine, la odiosa madrastra; “Buscando a Nemo” (2003), donde la madre de Nemo es asesinada por una barracuda; “Blanca Nieves y los siete enanos” (1937), donde se cuenta la historia de la princesa Blanca Nieves, que vive con su madrastra, quien presumiblemente asumió el trono tras la muerte de los padres de la protagonista; “El zorro y el sabueso” (1981), donde la madre del zorrito es asesinada; “El planeta del tesoro” (2002), donde el padre del protagonista desaparece, etcétera. Es importante destacar que en la mayoría de las producciones de Disney, la madre de los protagonistas es quien preferentemente está ausente. Hasta 2010, de los 27 protagonistas de las películas de esta empresa, solo ocho cuentan con madres que no mueren en el transcurso de la historia.

Es así que psicólogos y especialistas en la conducta humana se preguntan a qué obedece esa suerte de “patrón”. No falta quien argumente que se trata de una estrategia de mercadotecnia para generar simpatía en torno a los protagonistas. Otros más acusan que se trata de una manipulación deliberada del público infantil –y adulto– que al provocar un trauma en los espectadores, garantiza la simpatía de las audiencias y la virtual transformación de los huérfanos protagonistas en héroes.

Si bien buena parte de las producciones referidas han visto la luz tras la muerte del icónico empresario (1966), el patrón se ha mantenido. Desde un punto de vista estrictamente comercial, los protagonistas de las películas de Disney son personajes que deben luchar para enfrentar la adversidad. Si no cuentan con la guía materna –o paterna, o ambas–, es más meritorio que Simba, Dumbo o Bambi salgan adelante. Eso vende bien. Sin embargo, más allá del éxito comercial, las cosas suelen tener un sello distintivo de sus creadores. Existen evidencias, por ejemplo, de las actitudes misóginas de Disney, quien contrataba mujeres para la empresa a quienes les encargaba labores secundarias, nunca la creación de dibujos animados, aún cuando muchas de ellas tenían las capacidades para hacerlo. Este hecho fue denunciado recientemente por la actriz Meryl Streep.16

Al lado oscuro de Disney se puede sumar la infidelidad que tuvo con su masajista, Hazel George, su antisemitismo y su racismo contra los afrodescendientes. Todo ello podría dar lugar a una película biográfica que sin duda sería polémica y que encontraría dificultades serias de financiamiento, considerando la imagen icónica de que goza Disney en Hollywood y en el mundo del espectáculo. De hecho prácticamente nadie ha encarnado a Walt Disney en la pantalla grande. El único caso es el de Tom Hanks, en la ya citada producción de John Lee Hancock, en la que se cuenta la historia de cómo Disney convenció a la autora de Mary Poppins, Pamela Travers, de cederle los derechos para llevar esa historia al cine –y por cierto, la autora, una vez que vio la película, se quejó por el resto de sus días, del autoritarismo de Walt, quien, al decir de ella, “hizo lo que quiso con su historia”.

¿Ángel o demonio?

Walt Disney fue un personaje controvertido, con claroscuros, a quien se le debe mirar no solo a través de su obra sino de las complejidades del contexto en que vivió y del ser humano. Se le atribuye la siguiente frase: “sin mí, todo se vendría abajo”. Sin embargo, a 48 años de su muerte, sigue presente, y no solo por lo que representa como un hombre self-made, sino sobre todo porque The Walt Disney Company es, posiblemente, el mejor aliado con que cuenta Estados Unidos para aferrarse, en estos momentos de debacle económica y política, al liderazgo en el mundo.


Notas:

1 Joseph S. Nye Jr. (2005), Soft Power. The Means to Success in World Politics, New York, Public Affairs, p. 1.

Joseph S. Nye (2011), The Future of Power, New York, Public Affairs.

3 Ted Gale Carpenter (2008), Smart Power: Towrad a Prudent Foreign Policy for America, Washington D. C., Cato Institute.

4 Christian Whiton y Paula Dobriansky (2013), Smart Power: Between Diplomacy and War, Washington D. C., Potomac Books.

5 María Cristina Rosas (25 de febrero, 2013), “Michelle Obama, poder suave y el Oscar”, en etcétera, disponible en http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=17696

6 CNN Expansión (4 de marzo de 2014), “El dinero tras la ‘selfie’ en los Oscar”, disponible en http://www.cnnexpansion.com/negocios/2014/03/04/el-dinero-detras-del-selfie-en-los-oscar

7 Adrián Salbuchi (2005), Bienvenido a la jungla: dominio y poder en el siglo XXI, Córdoba, Editorial Anábasis, p. 2.

8 Susana Gaviña (10/12/2012), “Walt Disney, el americano (im) perfecto”, en ABC, disponible en http://www.abc.es/cultura/musica/20121208/abci-biografia-novelada-walt-disney-201212051844.html

9 En una de las pocas biografías no autorizadas de Walt Disney escrita por Marc Eliot, se detallam diversos aspectos de la vida de Disney, incluyendo por supuesto, la relación entre Walt e Iwerks, al igual que la polémica en torno al caracter del ratón Mickey. Véase Marc Eliot (1993), Walt Disney: Hollywood’s Dark Prince, New York, Birch Lane Press. Otra de las biografías no autorizadas de Disney –y que da un trato muy condescendiente a este personaje- es la que escribió Whitney Stewart (2009), Who Was Walt Disney?, New York, Grosset & Dunlap.

10 John Kenworthy (2001), The Hand behind the Mouse: An Animated Biography of Ub Iwerks, Los Angeles, Disney Editions.

11 Chicago Sun Times (October 23, 2009), “The great Russian filmmaker Eisenstein, on seeing ‘Snow White’, called it the greatest film ever made.”

12 Marc Eliot, Ibid.

13 La célebre escritora Lillian Hellman, al contrario de Walt Disney, fue llamada a comparecer ante el citado Comité de McCarthy y se negó a denunciar a sus colegas por presuntas actividades comunistas o subversivas, por lo que fue castigada tanto en sus bienes como en su fuente de trabajo. En 1972 escribió Scoundrei Time –que el Fondo de Cultura Económica publicó con el título Tiempo de canallas- en que detalla los excesos del macartismo y denuncia, por supuesto, la colaboración de personajes como Disney con el Comité y la FBI. Véase Lillian Hellman (1972) Scoundrei Time, New York, Back Bay Books.

14 Marc Eliot, Ibid.

15 Susana Gaviña, Ibid.

16 Pulzo (5 de marzo de 2014), “Machista, racista y antisemita: un retrato diferente de Disney”, disponible en http://www.pulzo.com/entretenimiento/machista-antisemita-y-racista-un-retrato-diferente-de-walt-disney-94801

 

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