Verónica Díaz

Reportera

Si no estudia uno, cada día es menos periodista: Granados Chapa

Este texto fue publicado originalmente el 1 de agosto de 2006, lo abrimos de manera temporal dada su relevancia periodística.


Usted estudió derecho y periodismo al mismo tiempo; la primera carrera para no contrariar a su madre y la segunda para no renunciar a sus propias inquietudes, ¿es cierto?

Así es, en la UNAM las dos carreras.

Si no se hubiese dedicado al periodismo, ¿a qué se hubiese dedicado?

Al periodismo.

¿No contempló otra posibilidad?

No.

¿En qué momento decidió estudiar periodismo?

Al terminar el bachillerato. Quería trabajar como periodista pero no sabía que existía la carrera, hasta que mi profesor de sociología, de la preparatoria en Pachuca, me hizo el favor de prestarme o regalarme una guía de carreras de la universidad. Habíamos conversado sobre mis intereses y con mucho tino me dijo que eso, seguramente, era lo que andaba buscando.

¿Qué había motivado esa gana?

No podría decirlo con precisión, pero tenía desde siempre mucho interés por las noticias. Oía un noticiero radiofónico, El Noticiero Cartablanca que leía un locutor, Luis Ignacio Santibáñez, al cuarto para las siete de la noche; leía, también, periódicos que compraba un hermano de mi madre, mi tío Gilberto Chapa, y mi padre, con quien no vivíamos pero al que veíamos periódicamente era lector de La Prensa y me hacía leer una columna que se llamaba “De política y políticos”. De modo que me fui entrenando en la lectura en los periódicos, y eso despertó mi interés por la información.

De su generación, ¿quién continúa ejerciendo el periodismo?

De la generación escolar nadie. Era una generación muy breve porque en aquellos tiempos no había mucho interés por estudiar periodismo.

Mi generación de abogados fue de 60, de los dos mil que ingresamos, en cambio, en el mismo año y en el mismo momento éramos 200 al ingresar a Ciencias Políticas, pero sólo cinco egresamos de periodismo. De éstos, lamentablemente nadie se dedicó a la carrera, eventualmente Carolina Peña, una compañera también nacida en Pachuca, hace trabajo periodístico, pero nadie profesó en el sentido estricto de la expresión.

¿Y de su generación al ingresar a los medios?

Tampoco. De mis compañeros reporteros en Crucero, que fue mi primer trabajo, uno murió, Salvador… (no me acuerdo de su apellido), y luego otro, Alberto Ortiz Paniagua, es más bien un poeta que se dedicaba al periodismo por necesidad.

Entonces, ¿sería usted el periodista más veterano en ejercicio?

Sí… por lo menos uno de los más. La columna que escribo es la más antigua si se descuenta la de Pancho Cárdenas Cruz en El Universal… “La Plaza Pública” actual comenzó en 1977 y la de Cárdenas Cruz comenzó en el Diario de México en 1976, por unos meses es más vieja esa columna. En cuanto edad, me cuento entre los de mayor edad.

¿Y los años lo han hecho mejor periodista?

Espero que sí. Hay un decálogo escrito por un jurista uruguayo, Eduardo Couture, que se llama Mandamientos del abogado; uno de ellos dice estudia, si no lo haces, cada día serás menos abogado. Eso se aplica a todos los oficios; si no estudia uno, cada día es menos periodista, menos ingeniero, menos médico. De modo que yo espero sí, ser mejor que hace 40 y tantos años que comencé porque hequerido serlo, a lo mejor el resultado… No, sin duda sí.

George Gurdjieff, filósofo oriental, decía que los comunicadores debían ser como en Babilonia, reconocidos por sus méritos y su vida honrada, e incluso estar obligados a prestar juramento para ejercer este oficio, ¿comparte esta idea?

Sería deseable que todas esas características y esa práctica ocurrieran ahora. Hay mucha banalidad, mucha improvisación impuesta por la maquinaria industrial que es la hechura de la información y la reflexión. Tendríamos que volver atrás y tener esa calma, que, por otro lado, si la ejerciéramos seríamos expulsados del mercado.

¿Por dónde empezar a replantear el periodismo mexicano?

Por el rigor informativo. Todos los días, desde errores en las fechas, ya no digamos la ortografía y el modo de expresar las cosas. En una sola nota breve se pueden encontrar contradicciones, nombres diferentes; hay mucha flojedad en la presentación de la información. Creo que deberíamos ser muy rigurosos, muy cuidadosos para ofrecer información puntual.

¿Cuánto tiempo y qué le ha costado construir la credibilidad?

Demos por hecho que eso existe, que gozo de credibilidad; desde que comencé a trabajar como periodista en 1964, he ejercido la voluntad de hacer un trabajo creíble, deliberadamente, es decir, a sabiendas, proponiéndomelo.

Creo que me hice creíble en los años de Excélsior. El periodismo era muy plano entonces y en Excélsior procuramos hacer más incisivo, más reflexivo; no sólo comentar lo que se nos ocurriera sino documentarlo. Yo aplicaba ese propósito general a mi propio trabajo y creo que eso le dio esa característica.

¿A qué periodista mexicano admira?

Bueno, desde luego la figura cimera del periodismo en general es Francisco Zarco, más contemporáneamente don Francisco Martínez de la Vega, y más inmediatamente Julio Scherer.

¿Cuál es el principio ético más elemental que le legaría a un periodista novato?

No mentir a sabiendas.

¿Y el consejo?

Las personas ni estamos en capacidad de dar consejos ni de recibirlos. Yo haría comentarios, observaciones pero no daría un consejo.

¿Cuál es o ha sido su equivocación más grave como periodista?

A lo mejor hay otras, pero hay una que recuerdo muy vivamente. Era subdirector de La Jornada y atentaron contra la vida de Indira Gandhi, la primera ministra hindú; no murió inmediatamente, entonces era previsible que muriera en el momento en que estábamos haciendo el periódico. Yo era encargado de hacer la primera plana y como no había muerto todavía preparé la información conforme al momento en que estábamos cerrando la edición: “Atentado contra Indira Gandhi”. Luego sufrí una alteración, en que confundí mi propio conocimiento de las cosas con lo que el público supiera, entonces preparé una información por si acaso se muriera entre el momento en que cerrábamos la edición y el momento en que pudiéramos imprimirla con un encabezado que decía: “Murió Indira Gandhi”, como secuela de la primera: “Atentado contra Indira Gandhi”; aquélla sustituiría ésta en caso de que aconteciera su muerte.

Efectivamente murió, pero el público no tenía el antecedente del atentado, de modo que salir con una cabeza como “Murió Indira Gandhi”, fue una enorme tontería porque no murió, la asesinaron y en su caso eso era lo significativo, no que hubiera perdido la vida. Entonces salimos diciendo “Murió Indira Gandhi” como si se hubiera muerto en su cama, dulcemente.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción?

Hubo una época en que el autoritarismo era muy grave, y cuando denunciábamos, denuncié varias veces la aprehensión ilegal de una persona, y cuando quedaba en libertad me producía satisfacción.

¿Qué prefiere: primicia o profundidad?

Profundizar. Tengo, además, la ventaja de que la naturaleza de mi trabajo de hoy no me exige dar la primicia. Pero cuando he sido director –fui en una época director de La Jornada–, les he dicho a mis compañeros reporteros: prefiero perder noticias que ganar desmentidos.

¿Cuáles considera que han sido el peor error y el mayor acierto de este gobierno?

Los peores errores: la continuidad de la política económica y el combate a la inseguridad porque son prolongación de las políticas priistas.

¿Algún acierto?

Sí, claro. Mantener las variables económicas. Paradójicamente es un error, pero es también un acierto porque no propicia el desarrollo, pero tampoco precipita al desastre.

¿Qué papel jugaron los medios en las elecciones?

Muy relevante, centralísimo desde todo punto de vista. El mayor gasto de los partidos, que se benefician de un altísimo financiamiento público, va a dar a los medios electrónicos, particularmente la televisión. Luego, en cuanto a la docencia política que está implícita en todo proceso electoral, los spots son el principal instrumento de educación política; o sea, se ha abaratado y comprimido la propuesta política porque se reduce a spots. Además, los canales principales de televisión, el 2 y el 13 y sus adyacencias el 7 y el 4, se convirtieron en los espacios de discusión más importantes –ocurrió también en una media docena de diarios y revistas–, pero el espacio de discusión por excelencia llegaron a ser los canales de televisión.

¿Esto explica que los noticiarios televisivos le reclamen insistentemente a Andrés Manuel López Obrador que no acepte el triunfo de Calderón?

López Obrador dijo siempre que reconocería los triunfos lícitos y todo contendiente, sin tener que decirlo, dice esas dos cosas: voy a reconocer el triunfo si es lícito. Nadie puede comprometerse a reconocer el triunfo a secas, sin puntualizar que se trata del triunfo lícito. López Obrador está en eso, todavía.

La pregunta enfoca un asunto secundario.

Sí. Los medios eran, no neutros porque no hay medios neutros, pero procuraban no ser tan sesgados en favor de Felipe Calderón, no obstante que cuando Calderón aprobó que sus senadores y diputados –los senadores sobre todo– aprobaran la Ley Televisa se notó, sobre todo, un favoritismo más acentuado. Pero no era un favoritismo excluyente, López Obrador tuvo mucho acceso a los medios; pero en esta etapa ya no, ahora es una actitud excluyente por eso es esta agresividad, porque los medios, las televisoras se han convertido, antes que el TRIFE, en el árbitro de la contienda.

¿Los medios pueden o deben tener una militancia política?

No digo que deben, pero no está excluido que la tengan explícita, sin embargo debe subrayarse en sus espacios de opinión y no en el manejo de la información. La información, que tampoco puede ser neutra, que tampoco es objetiva pues la objetividad no existe en mi opinión, debe no estar sesgada a sabiendas, pero es lícito que los periódicos tengan una opinión editorial en favor o en contra de una causa.

¿Tendríamos que reconsiderar aquella idea del cuarto poder?

Sí, incluso habría que correrlo de lugar, a lo mejor es el segundo o el tercero, particularmente la televisión. La expresión ya muy manida, la telecracia, es un hecho, y en consecuencia forma parte del poder, con ventajas sobre el Poder Legislativo, por lo menos.

En su análisis existen sólo dos votos por casilla de diferencia entre López Obrador y Calderón, ¿qué evidencia ello, según su opinión, fallas en el conteo, en las elecciones o en el resultado?

Puede ser cualquiera de las tres cosas, eso los sabremos cuando el tribunal haga su trabajo, pero hay indicaciones de que hubo gran cantidad de errores, sin calificar si son surgidos de una intención o resultado de una operación mecánica. Es muy indicativo que las dos mil 800 casillas cuyos paquetes se abrieron conforme a la ley el 5 y el 6 de julio en el cómputo distrital, todas tenían errores; dos mil 800 tenían errores y la corrección incrementó la votación en favor de López Obrador, también en favor de Calderón, pero la proporción en que creció la votación para el primero es mucho mayor que el monto en que creció para el segundo.

¿Cree usted la teoría matemática como fundamento del fraude?

No lo sé, y no le concedo importancia, porque el PREP es desechable. La noche del lunes siguiente a la votación ya no sirve para nada, salvo como ocurrió ahora, para generar un efecto público que consistió en decir mucho antes de que se haga la declaratoria formal, que Felipe Calderón era el ganador.

Pero con el PREP, y con el conteo casilla por casilla que vimos el 5 y el 6 de julio, esos instrumentos informáticos, no se puede cometer fraude. Supongo que se le pueden meter mecanismos que hagan que las cifras resultaran tan parejas en favor de Calderón en el PREP, y tan parejas en favor de López Obrador en el conteo de casilla por casilla. Supongo que ahí se puede manipular, pero lo que se haga con esos mecanismos no tiene trascendencia, ahí no se hace el fraude si no como dice López Obrador, se hace a la antigüita, con los papeles, ahí sí hay que tener cuidado ahora que se haga el recuento.

¿Qué escenarios ve a corto plazo?

A cortísimo, antes de que empiece a trabajar el tribunal una crispación creciente. Hoy (18 de julio) aparece en Milenioun desplegado muy agresivo contra López Obrador; además cuatro señoras se enfrentaron contra Felipe Calderón, aunque no les hizo caso y se subió a su vehículo, alguna de ellas o uno de sus acompañantes hizo ese gesto torpe, porque finalmente el que lo practica es el que resulta perjudicado, de darle un puntapié a la llanta del vehículo o un manazo al vehículo. Eso nos puede ir llevando a una exacerbación de los ánimos en el corto plazo.

Cuando el tribunal entre de lleno al asunto y ordene, como supongo que hará, la apertura de un número significativo de paquetes, las cosas van a amainar.

¿Qué crítica le haría a AMLO?

Su irreductibilidad respecto de sus adversarios; no les concede una buena actitud, no les concede ninguna buena fe en ningún momento ni en ningún aspecto. Puede ser muy desdeñoso y le cuesta, lo de la chachalaca fue… Su estilo, su agresividad verbal no me gusta, la ligereza con la que a veces se expresa porque además no corresponde a su modo más profundo de ser, él es hombre reflexivo, es un hombre que cavila. Es también un hombre instintivo y los impulsos más primarios son los que prevalecen.

¿Es cierto que sus periódicos de cabecera son Reforma y El País?

Sí, son con los que llego a mi primera tarea cotidiana que es un programa que hago en Radio UNAM a las ocho y media de la mañana. Con esos periódicos llego a la estación, luego ahí veo otros.

¿Qué prefiere: radio o prensa?

Prensa.

¿Se informa a través de la televisión?

Sí veo noticiarios, programas de debate todos los días, pero no es mi principal fuente de información.

¿Qué revista le gusta leer?

Veo con regularidad Proceso que también es mi casa, veo con frecuencia Time o Newsweek o ambos, y luego las revistas mensuales: Voz y votoLetras LibresNexos, esta última ahora que la dirige José Woldenberg… y etcétera, claro.

¿Lee Excélsior?

Lo reviso todos los días, sí, aun en sus peores momentos lo he hecho.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de Scherer?

Durante la etapa inmediatamente posterior al golpe de Pinochet, México no rompió relaciones con Pinochet inmediatamente, pasaron varios meses después de septiembre del 73, quizá hasta mayo siguiente, 74. Un día el canciller Emilio Rabasa fue a Chile, regresó a México y desde el aeropuerto le telefoneó a Julio Scherer pidiéndole el apoyo de Excélsior.

En aquel tiempo Excélsior era muy sobresaliente del resto de los periódicos, su presencia era muy influyente, entonces el canciller Rabasa le pidió apoyo para una postura; había hablado con Pinochet y éste le planteó, digamos, un canje, otorgaría los salvoconductos a los chilenos refugiados en la embajada mexicana en Chile a cambio de una declaración de Rabasa en que dijera que había comprobado las condiciones de los presos políticos chilenos y que estaba seguro de que tendrían el debido juicio.

Yo era responsable de las páginas editoriales y don Julio subió a mi oficina a contarme lo que le había pedido el canciller y a pedirme que lo hiciéramos, que apoyáramos en esa posición del gobierno mexicano. Yo le dije que me parecía impropio; conversamos el tema y la conversación se fue agriando porque me parecía que Pinochet le había tomado el pelo al canciller, y que con una cosa así un régimen tan brutal y bárbaro como el suyo ganaba legitimidad ante la opinión internacional. Era un precio que pagaba de más el gobierno mexicano.

Don Julio estaba en la posición contraria, lo había convencido Rabasa. Además, quizá en ese momento había otros ingredientes, siempre teníamos puntos de vista discordantes respecto de la vida interna del periódico. El caso es que de ese tema se encendió una agria discusión, a la que él le puso punto final diciendo “pues no se olvide usted que yo soy el director del periódico”. Tenía razón, entonces yo le dije, “pues encuentre usted quien escriba el editorial”. Salió de mi oficina, y yo decidido a renunciar, porque no estaba dispuesto a escribir un editorial así, redacté una renuncia, empaqué algunas cosas y, unos minutos más tarde, bajé a buscarlo para entregarle la renuncia.

Su secretaria, la inolvidable Elena Guerra, una mujer eficacísima y dulce que murió años después, me dijo que no me podía recibir. Pasó media hora y me llamó Scherer. Su oficina era enorme, él vino desde el fondo con un papel en la mano y yo con el mío, nos los entregamos. La cuartilla que él me dio, al principio no la entendía, era el editorial que yo proponía escribir.

En el curso de la conversación, a pesar de que nos enojamos, se dio cuenta de que yo tenía razón, entonces él escribió el editorial con los términos, con la orientación que yo proponía. Fue un rasgo de nobleza enormísimo, de compañerismo, de inteligencia periodística y de humildad.

¿Alguna vez fue amigo de Regino Díaz Redondo?

No, nunca. Dios me libre (risas).

¿Es usted rencoroso?

Fíjese usted, respecto de Regino Díaz Redondo, sí. En general no lo soy, pero en este caso sí porque engañó a Scherer. Scherer lo inventó, era un hombre muy torpe… es un hombre muy torpe, muy perezoso, muy entregado a la bartola, como se dice. Scherer lo quería mucho, una de sus hijas se llama Regina por él, le dio innumerables oportunidades de toda suerte, le prohijaba corruptelas, le dispensó todos los errores, todas las tropelías que cometía, y éste le dio una puñalada por la espalda.

Es decir, no soy rencoroso por un daño que me haya hecho a mí, pero fui testigo presencial del trato que le dispensaba Scherer y del modo como le respondió este canalla.

Colecciona algo?

No… discos, libros, pero no sé si a eso se le pueda llamar coleccionar. Tengo un buen número de discos y un buen número de libros, en cierto sentido forman una colección, pero otros objetos no.

¿Prefiere algún género?

No, de todo.

¿Qué prefiere: whisky, tequila o vino tinto?

Tequila.

¿Angelina Jolie o Nicole Kidman?

Nicole Kidman.

¿María Félix o Miroslava?

Miroslava, a lo mejor es un extranjerismo, por una cierta exoticidad.

¿Qué le gusta más: teatro o cine?

Mmm, híjole, está difícil… el teatro porque es una creación constante, cotidiana. Uno puede ver dos veces la misma obra, incluso el mismo día, y ver dos obras distintas. Es un ejercicio de creación sobre la marcha, muy vivo.

¿Qué director, género o película es el que busca continuamente en cartelera?

Martin Scorsese en películas estadounidenses; Alejandro González Iñárritu en mexicanas. No es que los busque constantemente, pero siempre que veo que hay algo de uno y otro, lo veo. Agnès Varda, una directora polaco-francesa, también me llama mucho la atención.

¿Qué cinta que aborda el tema de los periodistas le parece imprescindible?

Una reciente que se llama Buenas noches y buena suerte, de un presentador de noticias que combatió al macartismo, fue su víctima pero al final lo venció, y despedía su noticiario diciendo así: buenas noches, buena suerte.

¿Qué pintura le gustaría tener en su casa?

Tengo una que aprecio mucho, un retrato, un esbozo de Ofelia Medina hecha por Alberto Gironella.

¿Cuál es el libro que no ha podido terminar?

Muchos. El más reciente fue uno de Agustín Ramos, ni siquiera recuerdo el título.

¿No le gustó?

No me gustó… no me gustó, para qué buscarle más explicaciones.

¿Cuál es el libro que más anhela leer?

El libro que más veces he leído es El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán.

¿A qué escritor le hubiera gustado entrevistar?

A Sófocles, Eurípides o Esquilo, a los creadores de la caracterología humana, los que encontraron los rasgos de cómo somos los seres humanos.

¿Algún otro personaje histórico?

Charles De Gaulle.

¿Una pregunta en particular?

Sí, si dudó en algún momento de su victoria cuando rescató a Francia del nazismo. Hubo un momento en que todo mundo lo abandonó, no le hacían caso; me hubiera gustado saber qué sintió en ese momento de soledad.

¿Le gusta bailar?

Sí, mucho. No bailo bien, pero me gusta mucho.

¿Danzón, son u otro ritmo?

Danzón, son, boleros, básicamente esos tres.

¿Es usted romántico?

Mmm, en el sentido de que me gustan las canciones, el sentido de la poesía amorosa, en ese sentido soy romántico, sí.

¿Es cursi?

También, sí. Lo mejor es que lo soy a sabiendas, me divierto, satisfago mi cursilería y me divierto por admitirla.

¿El privilegio de mandar lo tiene Televisa?

Sí, Televisa ejerce el privilegio de mandar.

¿Por qué Televisa tiene siempre el mal gusto de ganarnos, sólo porque es maléfica o porque quienes nos oponemos debemos ser autocríticos también?

Sí, pero ésa no es la respuesta. Efectivamente quienes nos oponemos a lo que hace Televisa debemos ser autocríticos, pero aun con la mejor autocrítica Televisa nos seguirá ganando aun si afinamos nuestros instrumentos.

Televisa nos seguirá ganando porque nació desde el poder. El presidente Miguel Alemán otorgó las primeras concesiones de televisión hacia 1950 y se concedió una a sí mismo, el canal 4, a través de un prestanombres, Rómulo O’Farril. Entonces así como el PRI nació del PNR, desde el poder, la televisión comercial nació desde el poder. De modo que ha sido un instrumento del poder; más o menos fue posible destruir el poder del PRI y del Presidente, pero Televisa adquirió una dinámica que en vez de hacerle perder y ver que declina, su poder se ha acrecentado.

No ha traicionado su origen…

No lo ha traicionado, es fiel a su origen y ha agrandado su espacio de poder.

¿De qué se arrepiente?

De varias cosas, una en particular: de haber sido candidato a gobernador en Hidalgo, porque yo dije, en esa coyuntura y me dije a mí mismo, que sólo sería candidato de una coalición entre el PAN y el PRD. Era posible esa coalición y sólo de ese modo se hubiera podido derrotar al PRI en Hidalgo, entonces yo veía con mucha claridad las cosas, y dije y me dije, que sólo si había esa coalición sería candidato. No hubo esa coalición y fui candidato, no debiendo serlo.

¿Lo volvería a intentar?

No.

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